El presidente del Centro de la Industria Lechera (CIL), Miguel Paulón, estuvo en Villa María participando del Congreso Nacional de Tecnología de Quesos organizado por la Escuela Superior Integral de Lechería (ESIL). En su paso por la ciudad el titular de la central empresaria que agrupa a las principales industrias lácteas del país dejó conceptos sobre el momento que vive el sector, que está recuperándose de una de las crisis más prolongadas de su historia.
En primer lugar, Paulón se pronunció a favor de recuperar los mercados perdidos por la combinación de bajos precios y caída del volumen de leche, pero subrayó la necesidad de trabajar para conseguir destinos que permitan eludir la venta de commodities. Indicó además que en la actualidad la situación de las industrias es muy dispar, con algunas que muestran recuperación (fundamentalmente desde el punto de vista financiero), mientras que otras requieren aportes de capital para poder continuar. Sobre Sancor, sostuvo que paga “los platos rotos”, pero que otras empresas se fortalecieron por el incremento en el recibo de leche que liberó la cooperativa.
“Hacia adelante estamos viendo que el problema de los espacios que hemos dejado en los mercados hay que recuperarlos con mucha inteligencia y propuestas realmente innovadoras. Si bien siempre va a haber un mercado de commodities, como leche en polvo, manteca y quesos -más allá de lo que está pasando ahora con la manteca-, en el análisis nos estamos enfocando cada vez más hacia la segmentación del mercado porque ahí hay factores o variables de consumo que se definen claramente según el poder adquisitivo, conocimiento y preferencia. Básicamente se relacionan con el conocimiento del mundo de los alimentos, de lo que aportan cada uno a la nutrición humana, así que creo que tenemos que estar muy atentos a esas tendencias para poder insertarnos”, comenzó diciendo Paulón.
El directivo graficó lo dicho anteriormente afirmando que “China tiene un mercado de 400 millones de habitantes que consumen notablemente, más si se trata de productos importados. Y dentro de ese número hay 100 millones que son muy ricos y que compran realmente lo que quieren. A ese segmento no se le puede llevar un producto con una presentación simple. Se trata de un grupo ilustrado, que investiga, y a esas características hay que tenerlas presentes.
- ¿Ese es el desafío que debe plantearse el sector?
- Sí, explorar todos los mercados. Incluso en el propio país tenemos algunos muy diferenciados. Por ejemplo, en la región del noreste se consumen lácteos, pero la gente no es tan exigente como en el área metropolitana. Se producen brechas y las personas a medida que mejoran su poder adquisitivo van tratando de disponer de mejores cosas. En ese sentido hay que estar alertas a esa dinámica del mercado, que es definida por el mundo del conocimiento.
- Habla de recuperar mercados. ¿Están dadas las condiciones, pensando en la competitividad industrial, para lograr eso?
- A nosotros nos falta terminar de ajustar costos porque los precios internacionales no son malos. Hace 20 años USD 3000 la tonelada hubiera sido algo fantástico. Ahora los costos argentinos se definieron con otras variables. Se está haciendo el esfuerzo. A algunos evidentemente les va a costar más que a otros porque toda la población tiene que acompañar ese proceso y la economía también. Pero pienso que estamos en el buen camino. Hoy el factor más relevante para el acceso al mercado, por lo menos en materia de commodities, es la competitividad en costos. En calidad estamos bien, en el otro tema tenemos dificultades todavía.
- Y es lo más difícil de solucionar.
- Sí, por eso digo que si vamos hacia una especialización mayor de nuestras presentaciones lácteas va a ser más fácil superar este tema que su continuamos anclados al commoditie. Pero hay espacios en todos los mercados. Vemos a países como Australia, que está comprando 110 mil toneladas de quesos por año. Es una enormidad, más o menos el 20 por ciento de la producción nacional de quesos. Corea también tiene una fuerte demanda, que supera las 100 mil toneladas anuales. Hay mercados en todas partes. Y por supuesto también tenemos el mercado interno; sigue siendo una gran base para el consumo de quesos, que es el producto que transformado en litros más leche absorbe.
- Se está saliendo de un momento muy crítico de toda la cadena. ¿Cómo queda parada la industria?
- No es uniforme. Algunas empresas van a sanearse bastante; eso significa haber absorbido el endeudamiento que fueron adquiriendo y poniendo las empresas más o menos en condiciones. Otras lamentablemente van a continuar demandando aportes o capitalización propia o de terceros para poder recuperarse. Hay algunas situaciones muy complejas. No son tantas, pero sí ciertos casos emblemáticos que duelen mucho.
- Sin dudas que el más representativo es Sancor. ¿Cómo impacta la situación de la cooperativa en el resto del sector?
- A mi juicio las dificultades de Sancor han tocado profundamente la estructura de la lechería argentina. El volumen de leche que Sancor lamentablemente perdió ha sido absorbido por otras empresas, que hoy están fortalecidas por ese mayor volumen. Se trata de algo necesario para algunas compañías, que no lo podían alcanzar a industrializar un volumen mayor por la evolución de la producción. Lamentablemente los platos rotos los paga Sancor, pero otras empresas lo han capitalizado.
- Cuando se formuló el Plan Estratégico Lechero (PEL 2020) se proponía producir 18 mil millones de litros de leche. Faltan pocos años y ese objetivo es una utopía.
- Se está insistiendo en tener un nuevo plan. Nosotros compartimos la idea de contar con un plan estratégico ya que sirve como guía u orientación. Pero no podemos cometer siempre el mismo error, pensando en un plan estratégico desde la producción. Tenemos que mirarlo desde el otro lado, desde el mercado. En caso contrario cometeremos la misma torpeza de lanzar al productor a que genere litros de leche sin saber después qué podrá hacer con ese volumen. Primero hay que tener la certeza de donde colocar la producción. En la propia argentina, mientras el promedio de consumo es de 200 litros por año, hay regiones que consumen 300 y otras 100. Esa también es una estrategia para plantear. El nuevo plan estratégico debe estar realizado desde la demanda porque cuando ésta existe, cuando se prepararon todos los mercados a abordar, la producción fluye sola. Si hay negocio alcanza para todos.

