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La pelea mediática de los Macarrón

A través de una presencia permanente, los miembros de la familia vienen desplegando una estrategia en los medios que apunta a influir en la gente, a establecer la lectura de que fueron condenados a vivir un calvario que debe ser reparado a través de la destitución de los fiscales. El juicio, en este caso, más que en las audiencias, se juega en la opinión pública

 

La familia Macarrón parece haber entendido que la suerte del jury de enjuiciamiento a los tres fiscales se decide principalmente en la opinión pública. Desde que comenzó el proceso y mientras los abogados se ocupan de la faceta jurídica, Marcelo y Facundo vienen desplegando una estrategia en los medios enfocada en reforzar que fueron y son víctimas de la investigación, que fueron condenados a un calvario que ya dura 20 años y que, mientras tanto, el asesino sigue libre. Y los culpables, en este caso, serían los fiscales Javier Di Santo, Daniel Miralles y Luis Pizarro.

Desde que el jury arrancó en la Legislatura de Córdoba, la familia utilizó los medios casi a diario para no dejar que la agenda fuera disputada por los abogados de los fiscales. En el primer día, se oyó el testimonio de Marcelo, Facundo y Valentina; en el segundo, el hijo convocó a una conferencia de prensa. Ayer los dos dieron una larga y sensible entrevista al periodista Mauro Zeta, que no escatimó en detalles: incluso mostró el parquet que puso en la casa de la familia Roberto Bárzola, quien para los Macarrón es ni más ni menos que el asesino.

En ese punto, Di Santo, Miralles y Pizarro corren con una clara desventaja: mientras los Macarrón hablan de impunidad, mientras Facundo relata lo que debió vivir cuando lo imputaron como supuesto asesino de su madre, mientras Marcelo describe lo difícil que fue vivir todos estos años, es decir mientras la familia busca identificarse con el dolor que sentiría cualquier ser humano, los funcionarios judiciales sólo pueden basar su estrategia en la técnica jurídica, en si actuaron o no correctamente, en la pertinencia o no de la prueba genética.

“Siento odio, no voy a negarlo”, dijo Facundo en una de sus apariciones mediáticas de los últimos días. El hijo de Nora oscila entre un enfoque puramente personal y familiar -el dolor que viven- y un intento de identificación de mayor alcance: “No nos merecemos esto como sociedad”, dijo en un nota. El planteo de la familia es que los fiscales actuaron con negligencia e inoperancia, que incluso cometieron delitos, y que causaron un enorme daño que debe ser reparado a través de su destitución. “Facundo tuvo una etapa en que la pasó muy mal. Le quitaron la juventud. Veo las fotos y pienso: hijos de puta, lo mataron en vida”, dijo el viudo, conmovido, en la entrevista que le hizo Zeta. ¿Quiénes serían los que mataron en vida a Facundo? ¿Los fiscales?. La familia expresa una bronca para la que exigen una respuesta: que los tres funcionarios judiciales sean expulsados de sus cargos.

El despliegue judicial de los Macarrón tiene como objetivo predisponer a la opinión pública a su favor y, como consecuencia, condicionar al jurado. ¿Cuál sería la lectura y la reacción si los tres fiscales fueran absueltos? ¿Es un proceso que puede terminar sin ninguna destitución? La familia sentiría -y volvería a decirlo- que el Estado una vez más la convierte en víctima.