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Murió después de una cirugía estética: imputan al médico

Karina Saldaño tenía 43 años. Se realizó una liposucción abdominal, se desmayó y falleció al llegar a su casa. El especialista Guillermo Cienfuegos fue acusado de homicidio culposo.

El caso de Karina Saldaño tuvo fuerte repercusión. El 23 de marzo del año pasado, la mujer ingresó al Instituto Médico para hacerse una cirugía estética; al día siguiente fue dada de alta a pesar de que se sentía mal y de haber sido atendida en la guardia por varios desmayos. Al llegar a su casa falleció. Tenía 43 años. Ahora, después de recolectar pruebas y de recibir el informe de la junta médica, la Justicia imputó al cirujano Guillermo Cienfuegos por homicidio culposo.

Enrique Zabala, abogado de la familia de la víctima, indicó que la actitud del médico fue abiertamente negligente. Pero agregó que, además, se está investigando si el médico intentó deshacerse rápidamente de su paciente para evitar los costos que le hubiera significado continuar con la internación. Si así fuera, señaló el abogado, no le correspondería una imputación por homicidio culposo sino por homicidio simple.

“Karina Saldaño contrató a Cienfuegos, que dicho sea de paso no sabemos todavía si es médico especialista en cirugía estética, para una operación de lipoabdominoplastía. Como ella tenía determinadas características físicas y como había pasado por una operación de cinco horas, más ciertos síntomas que se presentaron, el médico debía tomar ciertas acciones de buena práctica de su profesión que él no siguió. Hubo síntomas diferenciales y presuntivos de que se podía estar en presencia de un tromboembolismo pulmonar agudo. Y Cienfuegos, ignorando, siendo indiferente a la situación, omitiendo cualquier práctica médica, le dio de alta a pesar de que su paciente se había descompensado tres veces dentro del mismo Instituto. A tal punto que la última descompensación se produjo en el shock-room. Allí la atendió el médico de guardia, que se comunicó con Cienfuegos y recomendó una internación corta. A pesar de eso el médico que la operó le volvió a dar el alta; Saldaño llegó a su departamento y murió”, relató Zabala.

El abogado agregó que la junta médica fue categórica en el sentido de que la mujer, por sus características, requería una profilaxis farmacológica previa, que no se hizo y que hubiera evitado cualquier consecuencia posteriormente irreversible. “Debía aplicar un anticoagulante pero el médico simplemente le vendó las piernas y le colocó un analgésico. En el fondo, lo que hizo fue deshacerse rápidamente de su paciente porque, más allá de no cumplir con la profilaxis previa, lo que hizo fue no atender a ninguno de los síntomas que indicaban la presencia de una trombosis que terminó siendo irreversible”, planteó Zabala.

Y agregó: “Le aplicó suero y oxígeno, lo que terminó disimulando el cuadro que sufría la paciente. Reemplazó la atención de los síntomas por un diagnóstico timba y tuvo una deliberada conducta de externalizar a la paciente, presumiblemente por causas económicas. Privó a Saldaño de un tratamiento adecuado”.

Según Zabala, la situación superó lo que podría considerarse una negligencia porque, presumiblemente, el apuro del médico pudo deberse a que debía desalojar el quirófano y la sala a una hora determinada y que cualquier permanencia que excediera ese límite implicaba un costo adicional a su cargo.