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“Volver a las Islas con nuestros viejos es un sueño pendiente”

Tienen 32 y 24 años. Son hijos de Veteranos de Malvinas y desde chicos acompañan a sus padres en cada hazaña. Asumen que su rol no es fácil y apuntan contra el Estado por la indiferencia con la causa

Durante la mayor parte de su vida, Eduardo Ezequiel González, hijo de José María, y Franco Gabriel Garay, hijo de Walter Eduardo, veteranos de la Guerra de Malvinas, estuvieron rodeados de cuadros, medallas, actos, desfiles, episodios de tristeza y de alegría en cada aniversario de la gesta de Malvinas. 

¿Cómo se vive esta época del año en sus casas?

Franco: Empieza a haber nostalgia. Llega marzo y nuestro padre empieza a recordar cosas y lugares. Fuimos hasta la punta de la montaña en Merlo y era un lugar muy parecido a Malvinas. Incluso acá en Punilla, cuando está muy seco se parece. Mi papá se sentó arriba de una piedra y quedó mirando con la mirada perdida el horizonte.Yo lo dejé tranquilo.

Eduardo: En mi casa también se vive con mucha nostalgia: En estos últimos años mi papá se emociona bastante. Antes no, o yo lo veía más fuerte cuando era chico. Llega esta fecha y recuerda a excompañeros con los que estaban en Malvinas. 

¿Cómo se vive siendo hijo de un veterano?

Franco: No es fácil ser un hijo de veterano de guerra. Hay que lidiar con muchas cosas. Después de la posguerra tuvieron muchos problemas, la exclusión de la gente, de la sociedad.

Eduardo: Hay mucha indiferencia de la gente hacia los héroes que tenemos acá.

¿En qué tipo de actitudes notan esa indiferencia?

E: Mirá el tema de la vigilia. Hicimos nosotros unos folletos (que esperan apilados sobre la mesa) para invitar a la actividad porque el año pasado fue muy poca gente.

F: El 2 de abril, los que acompañan al veterano al acto, a rendir homenaje a los caídos, son los familiares. Es triste ver que nadie va a rendir homenaje a los 649 caídos. Son nuestros héroes, así como van a llevarle ofrendas a San Martín, acá son nuestros héroes vivientes, les podés preguntar cosas, conversar con ellos. La gente no lo valora. Acá están las puertas abiertas. Vienen los colegios. Vamos a dar charlas. 

¿Conocen Malvinas? 

E: No, con mi viejo me gustaría ir. Pero es muy caro, el viaje cuesta como $ 70.000 por persona.

F: Es algo pendiente. Es muy caro ir a las Islas. Volver a las Islas con nuestros viejos es un sueño pendiente. 

¿Cómo se fueron enterando de lo que sucedió en la guerra?

E: Me acuerdo  cuando éramos chicos que mi papá nos hablaba que estuvo en Malvinas, aparte por los cuadros que hay colgados en casa, que nos preguntábamos de qué eran, o cuando íbamos a los actos queríamos saber por qué. Mis papás nos explicaban y a medida que éramos más grandes fuimos cayendo.

F: Ya de chicos nos van inculcando, explicando cosas. En la época en que yo iba a la escuela mi papá hablaba muy poco. Ahora se habla mucho acá (en la Agrupación). Juntarse con otro veterano de guerra es hacer terapia para ellos.

¿Cuándo empezaron a venir a la Agrupación?

F: Desde chicos. La primera agrupación estaba en la calle Alvear. El grupo se fue formando después de los actos, los desfiles. Siempre estuvimos con nuestros padres acompañando en los actos y los desfiles.

¿Qué relación mantienen con otros hijos de veteranos?

E: Hay un vínculo bastante grande.

F: Venimos todos los viernes acá. Se hace un asado y se juntan todos los veteranos. Y ahí nos fuimos conociendo, y en los actos. Somos entre 10 y 15  que nos juntamos siempre. Nos sabemos juntar afuera, a comer asados, jugar al fútbol, charlar sobre Malvinas.

Cara a cara con Seineldín 

Cuando se cumplieron 25 años de la Guerra de Malvinas, un grupo de veteranos viajó al Regimiento de Infantería 25 en Chubut. Eduardo y su papá formaron parte de la comitiva. Franco no fue, pero su hermana menor sí pudo acompañar a su papá.

“En comparación con antes, que era obligatorio, esta vez había sólo 60 personas. Estaba la cuadra, que era donde dormían ellos, había cuchetas, era inmenso. Recorrimos los lugares por donde estuvo mi viejo, los baños, los lugares donde comían”, recuerda Eduardo. 

Además, cuenta que ahí conoció por primera vez a Mohamed Alí Seineldín, un militar que luchó en las Islas y quien más tarde se sublevó contra la democracia, fallecido en 2009. “Mi papá vivió el viaje bastante alegre. Y cuando lo vio a Seineldín también se emocionó”, añade González.

“Claro, porque fue el padre de trinchera de ellos”, agrega a su lado Garay. 

La familia, el soporte

¿Cómo viven la historia tus hermanos?

E: Mi hermano no pudo venir por tema de trabajo, pero lo vive como yo. Y a mi hermana le interesa el tema, pero no viene tan frecuentemente. 

F: Yo tengo una hermana más chica, Marianela. Las mujeres están un poco más aparte. Pero ella viajó al regimiento a Chubut con mi mamá y mi papá. Es otro viaje pendiente para mí.

¿Y en el caso de sus madres? ¿Qué rol cumplen en la familia?

F: La mujer del veterano es de gran contención para toda la familia. En el tema de la tristeza, los veteranos tienen una secuela abierta. La familia va ayudando a cerrar esa herida abierta de las Malvinas. 

Como hijos, ¿de qué forma pueden ayudar a cerrar esa herida?

E: Es la contención de padre e hijo. Estando, entendiendo lo que vivió a los 18 años, que no es nada fácil.

F: Nosotros no lo vivimos, pero ellos se hicieron hombres de golpe. Hablamos mucho con mi papá, a ellos  le tocó madurar de golpe. Muchos lo denigraban con la palabra "los chicos de la guerra". Eso no es así: a los 18 eran hombres con el espíritu que tenían. 

E: Lo que yo veo en estos años es que se apoyan mucho en los nietos. Tengo dos hijos, Alejo, de 4, y María Luz, de 3. En los últimos tiempos eso lo ha distraído bastante. Yo lo veo bastante feliz. 

F: Sí. Yo tengo una hija, Pilar, de 9, y un sobrino, Francisco, de 5. Anda por todos lados con él.

Lo que viene

¿Hay algún tema de la actualidad que les preocupe?


F: Esto (En referencia al local de la Agrupación).

E: No están viniendo muchos veteranos este tiempo. Acá vienen 20. Siempre son los mismos. Y a los hijos los veo poco interesados. Hubo un tiempo que quisimos armar una subcomisión de hijos de veteranos. Y no le dieron importancia, tenemos que ser por lo menos 10. 

¿Qué proyectos tienen como herederos?

F: Queremos llevar adelante la Agrupación y seguir malvinizando la causa. Es lo más importante. Cómo se vive como hijo de veterano de guerra, llevar libros, fotos, hacer charlas.

E: Mantener esta causa viva siempre.

¿Qué representa Malvinas en sus vidas?

F: Es como un pedazo de mi corazón.

E: También. Es medio difícil la pregunta, pero es parte del corazón. Las Malvinas son y serán argentinas. 

¿Cómo califican el accionar del Estado con los veteranos?

F: Vivimos la desmalvinización. Se los hizo a un lado, se trató de ocultar un montón de cosas. Empezaron desde Alfonsín en 1984, cuando sacaron el 2 de abril, que fue cuando se produjo el desembarco en las Islas. Desde ahí empezó la desmalvinización y el desguace de las Fuerzas Armadas hasta que no quedó nada. Este país no tiene nada. Hoy viene cualquiera y planta una bandera, y nadie va hacer nada.

Los protagonistas

Franco Gabriel Garay, de 32, es hijo del veterano Walter Eduardo Garay, de 55, perteneciente al Regimiento de Infantería 25. Dejó la escuela en 2do año, cuando empezó a colaborar en la carpintería con su papá. Ahora trabaja en el grabado de autopartes junto a otros dos hijos de veteranos. “Mi viejo trabajó más de 30 años en una carpintería. Ya trabajaba antes de irse a la guerra. Ahora trabaja en el Centro Cívico, en el área de veteranos de guerra”, cuenta Franco.

Eduardo Ezequiel González, de 24, es hijo del veterano de guerra José María González, de 54, quien también participó del Regimiento de Infantería 25. Tiene dos hermanos: una melliza, Cecilia Alejandra, y uno más grande, José. Empezó a trabajar en una distribuidora de alimentos y bebidas. Y ahora está colaborando en el grabado de autopartes.

“Antes de ir a la guerra, mi papá trabajaba en albañilería, y cuando volvió siguió con eso, y después entró a la Municipalidad, hace 30 años”.


Magdalena Bagliardelli