En un contexto que alterna el confinamiento con la apertura de las actividades, al evaluar la situación con los contagios de Covid-19 y las medidas posibles para darle frente a las nuevas olas, se retoma el debate sobre el impacto que esta realidad tendrá en el desarrollo de la actividad física de niñas, niños y adolescentes, al igual que en los adultos que practican deportes de manera profesional. Sabiendo que desde mañana volverán a permitirse algunos espacios en los clubes, Puntal dialogó con Marcelo Ducart, docente de la Universidad Nacional de Río Cuarto y responsable de la cátedra de Antropología y Filosofía del Deporte, en relación a los impactos que tienen estos cortes en la actividad.
“Culturalmente somos más rápidos a la hora de definir cierres y cuarentenas, a pensar en la idea de prohibición, incluso con argumentos que invocan principios de justicia, con el concepto de que ser justo es ser igual con todos, una idea que debe ser superada, en principio porque se corresponde a una justicia conmutativa propia de una sociedad liberal que debe ser revisado”, explicó el investigador, quien consideró que esta norma se puede aplicar sólo a sociedades igualitarias, y ejemplificó con la situación de algunos países nórdicos. “No aplica a la gran cantidad de sociedades latinoamericanas, que somos de las más desiguales y asimétricas”, dijo.
En este sentido, señaló que este principio aplicado al cierre de las actividades en cuarentena, “lo que provoca es un mayor daño a las personas que están menos favorecidas social y económicamente, porque se las priva de la ayuda necesaria que tienen para sobrevivir, de la fuente laboral informal, distinto del empleado que está contratado y sigue cobrando su sueldo”, pensó, y señaló que “el Estado debe generar recursos que den contención”. No obstante, aclaró que estas ideas no surgen como una crítica a las acciones gubernamentales ni médicas sobre la pandemia. “Son sólo ideas y sugerencias, en medio de una situación muy complicada y compleja a todo nivel”, dijo el docente, que agregó que no se trata de recetas: “Una cosa es el plano de las ideas y otra el de su implementación práctica, en una cultura como la nuestra marcada por la resistencia a las normas y la autoridad”, sostuvo.
- ¿Cómo se aplica este impacto en el plano deportivo y de las instituciones que trabajan con el deporte social?
- Es un efecto contrario, porque las instituciones están para ayudar al Estado, y cuando se las cierra lo único que se hace es cerrar los canales alternativos que tiene el Estado para hacer llegar la ayuda a la gente que más lo necesita: en actividades deportivas, en la promoción humana, en la contención que puede brindar para que se use bien el barbijo o cuente con un plato de comida. En este sentido, la solución mucho más justa sería que, en lugar de cerrarlos, pusiera a los clubes a disposición las iniciativas deportivas para que trabajen en el fin común que es que la gente se cuide más. Vemos que en los clubes antes de la pandemia los chicos salían menos a la noche porque se debían cuidar por las metas que se planteaban de jugar el fin de semana, que no debían tomar y tenían que tomar bien, que no debían hacer pavadas porque de lo contrario el técnico no los tenía en cuenta, pero cuando se cayeron las prácticas y los torneos, aumentó la salida a las fiestas clandestinas. El efecto que se provocó con las prohibiciones fue peor que la enfermedad.
- Lo primero que se plantea es cómo evitar los contagios en estos espacios donde hay vínculos estrechos, ¿qué alternativas se tiene desde los clubes?
- Ese es el nudo que no se termina de desarmar. El tema de la salud, para nosotros, es algo que depende sólo de los médicos, pero en realidad depende de muchos otros profesionales y es un tema de la agenda pública, no sólo de los médicos. En primer lugar, lo que debería hacerse, no en medio de la tempestad pero sí para disminuir el problema, es que las instituciones no deben ser utilizadas sólo para cobrar impuestos o para propaganda política, sino para ayudar a cumplir sus funciones sociales. Un ejemplo interesante es el de Japón, donde los chicos tienen escuela por la mañana y por la tarde están en clubes, que también forma parte del sistema educativo. No hay solamente clubes deportivos, sino también de arte, de lectura, de ciencias, para todos los intereses. Tienen internalizada la idea del club, que es la institución que ayuda a regular la disciplina social, pero también el modo de visibilizar esa ayuda, porque lo importante no es sólo que vaya el chico a entrenar, sino que allí se conoce cómo están el chico y su familia, si necesitan algo, si están enfermos. En todo caso, el deporte o el juego es una excusa para que aquellas entidades sociales puedan ayudar, más que el Estado, a las personas que lo están necesitando, pero al cerrarlas se deja a la gente que se salve sola.
En esta línea de pensamiento, Ducart consideró que tanto el Estado como las instituciones deben plantearse la posibilidad de un trabajo organizado. “Es más fácil controlar a 70 instituciones de la ciudad que a 200 mil habitantes”, señaló el docente, quien consideró que tampoco es sencillo estar en el lugar de las autoridades municipales, provinciales o nacionales en un momento como el actual, y que todos los aportes que puedan hacerse desde la teoría surgen como propuestas a tener en cuenta.
- ¿Cómo afectan a los niños y a los deportistas estas interrupciones en el desarrollo de la actividad?
- Ya hay muchos estudios del año 2020 que advierten secuelas crónicas de personas que han sido contagiadas con Covid-19 y que no se recuperan rápidamente, que siguen con patologías físicas o neurológicas. En tanto, por el lado de los no contagiados y virtualizados, también hay muchos estudios que muestran que el continuo aislamiento ha generado niveles alarmantes de depresión entre los más jóvenes. El modo habitual de comunicarnos en la virtualidad nos deja más solos, una percepción que sienten en especial los adolescentes, que tienen que crear un mundo por delante. Sienten esa incertidumbre tan grande que afecta al sentimiento de aislamiento crónico.
- ¿Cómo repercute esto en lo físico?
- Cuando se volvió a los entrenamientos en diciembre, se observó que los índices de masa corporal llegaban a un promedio de 36%, considerando que un deportista que entrena más o menos una o dos horas diarias en una liga amateur tiene que tener un índice por arriba del 45%. Es decir, teníamos menos de 10 puntos por debajo de la normalidad. En tanto, el índice de masa grasa, que en un deportista es del 9 o 10%, acá lo teníamos en el 19%, es decir, 10 puntos por encima. El grado de inactividad produce un grado de desentrenamiento y de disfuncionalidad, porque uno se mueve menos: estos chicos que venían con un parate de un año, nos llevó 3 meses y medio para ponerlos en ritmo deportivo, y a las personas más grandes les costó mucho más.

