Marcelo Brito demostró ayer por qué es uno de los abogados penalistas más reconocidos –y caros- de la provincia de Córdoba. Frente a un tribunal inexperto y un fiscal improvisado, incómodo y dubitativo, su pequeña figura se fue agigantando hasta adueñarse del escenario, reconvertido en un impensado paraninfo en el que los Macarrón –padre e hijos- pudieron representar su tragedia sin interrupciones.

Primero fue Valentina, que logró conmover al jurado al relatar lo vivido cuando tenía 15 años y disfrutaba de un viaje de intercambio del Rotary Club en Estados Unidos. Le siguió Facundo, más cerebral, que mixturó su propio calvario –estuvo cinco años acusado por el fiscal Javier Di Santo de abusar sexualmente y asesinar a su madre- con un relato idílico que apuntó a revertir la imagen de pijotero, autoritario y patriarcal con que la acusación retrató a su padre.

Con voz pausada y el llanto más esporádico que el de su hermana, Facundo habló de un matrimonio esforzado y feliz, ocupado y preocupado por el futuro de sus hijos, equilibrado en lo económico y en lo emocional. “Siempre los vi muy enamorados”, dijo sin inmutarse frente al jurado popular. Sus palabras fueron casi un calco de las pronunciadas minutos antes por su hermana Valentina: “Mis padres eran muy compañeros. Nunca hubo violencia, ni se habló de separación. Siempre nos criaron con muchos valores”.

Al igual que había sucedido el martes con la declaración indagatoria de Marcelo Macarrón, las expectativas previas generadas en el “tribunal mediático” (Brito dixit) se fueron disipando a medida que transcurrían los minutos y se hacía evidente la orfandad probatoria para acusar a Michel Rohrer. Valentina dijo entre sollozos que el “francés” miraba mucho a su mamá, que una vez la tiró a la pileta del campo del empresario (Cacique Bravo) y que “era muy violento”. Contó que su último encuentro con Rohrer -varios años después del crimen- le provocó una crisis de llanto y que Ricardo Araujo -amigo y socio del empresario- también le inspiraba temor. Dijo que le llamó la atención que ambos se fueran de la ciudad después del homicidio de Nora y que el “francés” vendiera su casa en el country San Esteban. Que su “tío Juani” (por Juan Dalmasso) le comentó que una señora le había comentado que el 24 de noviembre de 2006 Rohrer retiró a sus perros de una peluquería canina en la ciudad. “Es un hombre prepotente, horrible”, insistió Valentina. ¿Pruebas? “Es como una sensación. Les tengo mucho miedo”, aclaró la hija del imputado.

Fiscal a la deriva

Llamó la atención la pobre actuación del fiscal Julio Rivero. Además de llegar media hora tarde a la sala de audiencias, no hizo preguntas relevantes a los hijos del único imputado por el crimen. A Facundo no le preguntó por su relación con su “tío” Daniel Lacase –señalado como responsable de la fatídica conferencia de prensa donde su padre “perdonó” a su esposa por las infidelidades que nunca probaron- ni por qué sospecha que su madre quería reunirse con Rhorer si está acreditado que su amante era Guillermo Albarracín. Tampoco indagó sobre la politización del caso que Facundo atribuyó a Lacase –“nos asesoramos mal jurídicamente”, dijo Facundo-, quien “buscó aprovechar el asesinato políticamente” para atacar a Alberto Bertea, por entonces secretario de Seguridad de José Manuel De la Sota. Acusó a Di Santo de haberlo imputado por prejuicios sexuales –“El culpable tenía que ser el gay”, afirmó- y admitió que su familia se enteró de su elección sexual por la prensa. “El “Cholo” –por su abuelo, Félix Macarrón- lo sentó a papá y le explicó que debía aceptar que yo tenía un amigo íntimo”, dijo mientras el viudo lloraba sin consuelo, tomándose el rostro con ambas manos.

Nada preguntó Rivero sobre la estrecha relación que mantuvieron durante mucho tiempo Lacase, Rohrer y Macarrón. Ni sobre sus vínculos económicos. Ni sobre el momento del evidente quiebre de esa tríada, que podría ser la clave para develar el misterio del crimen de Villa Golf.

“(Rohrer) es un hombre prepotente, horrible”, insistió Valentina. ¿Pruebas? “Es como una sensación. Le tengo mucho miedo”, aclaró la hija del imputado al referirse al empresario.

- ¿Cuál es la verdad?-, le preguntó Rivero a Valentina Macarrón cuando la joven llevaba casi una hora sembrando sospechas sobre “el francés”.

- Es lo que ustedes tienen que investigar-, respondió ella con implacable lógica.

- ¿De quién sospechás?-, insistió el fiscal.

- De Michel Rohrer.

Rivero tampoco incomodó a Facundo Macarrón, pese a la evidente estructura guionada de su relato sobre las bondades de su padre –“generoso”, “amplio”, “tolerante”, “bueno”- y la “felicidad” de haber pertenecido a una familia ideal. Ni siquiera profundizó en las evidentes diferencias de criterio mantenidas por ambos jóvenes con su abuela Delia “Nené” Grassi, expresadas en el expediente y en las contadas notas periodísticas que concedió en estos 15 años. Por el relato de Valentina el jurado se enteró que después de sufrir un ACV, “Nené” quedó imposibilitada de hablar, pero está lúcida y se vale por sus propios medios. ¿Por qué renunció a la querella a diez días del inicio del juicio que esperó tres lustros para saber quién mató a su hija? A Rivero no le pareció una cuestión relevante. En cambio, en tono siempre suave, le preguntó a Valentina cuándo fue la última vez que vio a su abuela.

-Cuando llegué de Mendoza, el fin de semana-, contestó la joven.

La condescendencia de Rivero con los familiares del imputado llegó al punto de evitar un contrapunto con Brito por el trato familiar que les dispensó a los testigos, a los que nombraba como hijos. “No lo dije como algo peyorativo. Sinceramente me emocionó el trato que le dio a la testigo”, se disculpó el fiscal. Su intervención permitió que el atildado abogado de los Macarrón sumara también sus lágrimas a una mañana tan cargada de emotividad como huérfana de pruebas.