Las tragedias suelen dividirse en dos grandes bloques temporales. Uno se inicia con la tragedia en sí y los estados emocionales que desencadena: conmoción, confusión, dolor, desorientación. De la duración de esa primera etapa depende la aparición de la segunda: el acomodamiento y la adaptación a la nueva situación.
La política no suele disponer de la chance de sostener duelos extensos. Necesita acortar la primera etapa, sacudirse de encima el desconcierto y seguir andando. En eso está el peronismo cordobés, que de un momento para otro se encontró sin José Manuel de la Sota, su líder más gravitante y la figura que construyó en 1999 su retorno al poder.
Después de los días de duelo y homenaje a quien fue gobernador en tres períodos, el actual mandatario, Juan Schiaretti, el otro miembro fundamental de una sociedad que fue alternándose en el ejercicio del poder y le clausuró las posibilidades de acceso a la oposición, convocó a la mesa chica del PJ al Panal y anunció su voluntad de contenerlos a todos.
Si bien coexistieron, fueron socios políticos y ganaron cinco elecciones para gobernador, entre De la Sota y Schiaretti siempre existió tensión. Porque, por supuesto, cada uno resguardaba su liderazgo, su relevancia en el partido y en el poder y, por lo tanto, le ponía condicionamientos al otro. Siempre amenazaban con romper, aunque finalmente ninguno detonaba la bomba.
De esos dos polos, ahora sólo queda uno. Schiaretti, en el encuentro en el Panal, habló de que su objetivo a partir de ahora es unir al peronismo; es decir, encolumnarlo detrás de su liderazgo y su candidatura por la reelección.
Destacó que, después de la muerte de De la Sota, muchos dirigentes manifestaron su intención de sumarse. Esto es, terminar con el juego de los tironeos e integrarse al oficialismo.
En la reunión, los representantes del delasotismo también señalaron que es tiempo de acabar con las tensiones, con las presiones públicas y entender que, en 2019, el peronismo como una entidad única se juega el poder.
Se encontraron con un Schiaretti receptivo. Sin embargo, tienen alguna reserva con respecto a la posibilidad de que esa definición del gobernador por contener a los delasotistas se concrete efectivamente. Desconfían principalmente de algunos colaboradores.
Porque lo que se discute, en realidad, cuando se habla de “integrar al delasotismo”, es de espacios concretos, de cargos, de áreas de gobierno, de lugares en las listas de candidatos. No es sólo un concepto; es una frase que requiere incorporación.
De todos modos, el delasotismo quedó con cierta expectativa porque Schiaretti deslizó que las decisiones sobre los espacios políticos y gubernamentales no serán tratadas en soledad sino en el marco de la mesa chica del peronismo, la misma que el jueves se reunió en el Panal y que conforman dirigentes, intendentes y representantes de las distintas líneas internas.
“Fue una reunión muy sincera. Los gestos fueron buenos; hay que ver qué pasa de ahora en más”, concluyó un dirigente que estuvo en la reunión.
¿Qué puede pasar en el caso de que Schiaretti no genere más espacios para conformarlos a todos? El delasotismo se encuentra, en los hechos, en estado de vulnerabilidad. Como todos los armados políticos que se asientan en una figura extemadamente dominante, fuerte, verticalista y excluyente, cuando el líder desaparece deja a quienes quedan en un estado de absoluta orfandad.
En el delasotismo -en parte por el estilo del exgobernador- no militan dirigentes con peso propio o con un caudal de votos que pueda constituir una amenaza.
La tensión que existía entre los dos actores protagónicos de Unión por Córdoba se basaba en la potencial capacidad de daño. Hasta días antes de la muerte de su mentor, el delasotismo blandía la advertencia de que si no había acuerdo, si no existía acompañamiento a la candidatura nacional que el exgobernador se encontraba preparando, no se descartaba que De la Sota fuera por un cuarto período en la gobernación.
¿Quién puede sostener hoy esa advertencia? No hay una sola figura en el delasotismo en condiciones de cumplir ese rol. Tal vez sólo Daniel Passerini tenga potencial, pero recién para 2023.
En ese sentido, a Schiaretti se le facilita el desafío. De todos modos, después de las últimas elecciones legislativas, en las que Unión por Córdoba fue arrasado, y del episodio de Marcos Juárez, donde el macrismo demostró que aún tiene vida, el oficialismo debe escapar de las fisuras. Necesita no generar disidentes porque, si bien no suman demasiado por sí mismos, en algo pueden contribuir a restar.
En ese marco, también el kirchnerismo cordobés dio señales de acercamiento. En la sesión especial en homenaje a De la Sota, el legislador Martín Fresneda habló de la necesidad de terminar con las diferencias.
Al propio Schiaretti, hasta ahora absolutamente refractario al kirchnerismo, se lo vio con otra actitud. Hay allí una novedad. No sólo porque esté dispuesto a sumar a quienes hoy integran Córdoba Podemos sino porque, en la reunión en el Panal, Schiaretti deslizó, por primera vez, que hay que dejar de buscar diferencias en el peronismo nacional.
Quienes estuvieron lo entendieron como un cambio de posición. Incluso, el gobernador habló del desplome electoral de Mauricio Macri y mencionó que ya hay encuestas que lo dan perdedor en segunda vuelta hasta con Cristina.
El gobernador fue crudamente crítico con el líder del Pro y su gobierno. Pronosticó un escenario económico y social desastroso para los próximos meses y, por eso, en los últimos días anunció un refuerzo del 38% en las partidas sociales.
Schiaretti sabe que el impacto emocional de la tragedia de De la Sota se irá diluyendo con el paso del tiempo. Y que es preferible que su reelección se defina en plena crisis nacional, con el macrismo aturdido y sin capacidad de reacción. Por eso, con esos dos elementos en la mano, es cada vez más probable, y así lo anticipó en la Casa de Gobierno, que los cordobeses voten para gobernador lo más pronto posible, en alguna fecha del primer semestre de 2019, el año del ajuste.
Después de los días de duelo y homenaje a quien fue gobernador en tres períodos, el actual mandatario, Juan Schiaretti, el otro miembro fundamental de una sociedad que fue alternándose en el ejercicio del poder y le clausuró las posibilidades de acceso a la oposición, convocó a la mesa chica del PJ al Panal y anunció su voluntad de contenerlos a todos.
Si bien coexistieron, fueron socios políticos y ganaron cinco elecciones para gobernador, entre De la Sota y Schiaretti siempre existió tensión. Porque, por supuesto, cada uno resguardaba su liderazgo, su relevancia en el partido y en el poder y, por lo tanto, le ponía condicionamientos al otro. Siempre amenazaban con romper, aunque finalmente ninguno detonaba la bomba.
De esos dos polos, ahora sólo queda uno. Schiaretti, en el encuentro en el Panal, habló de que su objetivo a partir de ahora es unir al peronismo; es decir, encolumnarlo detrás de su liderazgo y su candidatura por la reelección.
Destacó que, después de la muerte de De la Sota, muchos dirigentes manifestaron su intención de sumarse. Esto es, terminar con el juego de los tironeos e integrarse al oficialismo.
En la reunión, los representantes del delasotismo también señalaron que es tiempo de acabar con las tensiones, con las presiones públicas y entender que, en 2019, el peronismo como una entidad única se juega el poder.
Se encontraron con un Schiaretti receptivo. Sin embargo, tienen alguna reserva con respecto a la posibilidad de que esa definición del gobernador por contener a los delasotistas se concrete efectivamente. Desconfían principalmente de algunos colaboradores.
Porque lo que se discute, en realidad, cuando se habla de “integrar al delasotismo”, es de espacios concretos, de cargos, de áreas de gobierno, de lugares en las listas de candidatos. No es sólo un concepto; es una frase que requiere incorporación.
De todos modos, el delasotismo quedó con cierta expectativa porque Schiaretti deslizó que las decisiones sobre los espacios políticos y gubernamentales no serán tratadas en soledad sino en el marco de la mesa chica del peronismo, la misma que el jueves se reunió en el Panal y que conforman dirigentes, intendentes y representantes de las distintas líneas internas.
“Fue una reunión muy sincera. Los gestos fueron buenos; hay que ver qué pasa de ahora en más”, concluyó un dirigente que estuvo en la reunión.
¿Qué puede pasar en el caso de que Schiaretti no genere más espacios para conformarlos a todos? El delasotismo se encuentra, en los hechos, en estado de vulnerabilidad. Como todos los armados políticos que se asientan en una figura extemadamente dominante, fuerte, verticalista y excluyente, cuando el líder desaparece deja a quienes quedan en un estado de absoluta orfandad.
En el delasotismo -en parte por el estilo del exgobernador- no militan dirigentes con peso propio o con un caudal de votos que pueda constituir una amenaza.
La tensión que existía entre los dos actores protagónicos de Unión por Córdoba se basaba en la potencial capacidad de daño. Hasta días antes de la muerte de su mentor, el delasotismo blandía la advertencia de que si no había acuerdo, si no existía acompañamiento a la candidatura nacional que el exgobernador se encontraba preparando, no se descartaba que De la Sota fuera por un cuarto período en la gobernación.
¿Quién puede sostener hoy esa advertencia? No hay una sola figura en el delasotismo en condiciones de cumplir ese rol. Tal vez sólo Daniel Passerini tenga potencial, pero recién para 2023.
En ese sentido, a Schiaretti se le facilita el desafío. De todos modos, después de las últimas elecciones legislativas, en las que Unión por Córdoba fue arrasado, y del episodio de Marcos Juárez, donde el macrismo demostró que aún tiene vida, el oficialismo debe escapar de las fisuras. Necesita no generar disidentes porque, si bien no suman demasiado por sí mismos, en algo pueden contribuir a restar.
En ese marco, también el kirchnerismo cordobés dio señales de acercamiento. En la sesión especial en homenaje a De la Sota, el legislador Martín Fresneda habló de la necesidad de terminar con las diferencias.
Al propio Schiaretti, hasta ahora absolutamente refractario al kirchnerismo, se lo vio con otra actitud. Hay allí una novedad. No sólo porque esté dispuesto a sumar a quienes hoy integran Córdoba Podemos sino porque, en la reunión en el Panal, Schiaretti deslizó, por primera vez, que hay que dejar de buscar diferencias en el peronismo nacional.
Quienes estuvieron lo entendieron como un cambio de posición. Incluso, el gobernador habló del desplome electoral de Mauricio Macri y mencionó que ya hay encuestas que lo dan perdedor en segunda vuelta hasta con Cristina.
El gobernador fue crudamente crítico con el líder del Pro y su gobierno. Pronosticó un escenario económico y social desastroso para los próximos meses y, por eso, en los últimos días anunció un refuerzo del 38% en las partidas sociales.
Schiaretti sabe que el impacto emocional de la tragedia de De la Sota se irá diluyendo con el paso del tiempo. Y que es preferible que su reelección se defina en plena crisis nacional, con el macrismo aturdido y sin capacidad de reacción. Por eso, con esos dos elementos en la mano, es cada vez más probable, y así lo anticipó en la Casa de Gobierno, que los cordobeses voten para gobernador lo más pronto posible, en alguna fecha del primer semestre de 2019, el año del ajuste.

