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El año en que la grieta no morirá

La campaña está encaminándose nuevamente hacia la polarización. El principio de fuga de Sergio Massa vació a Alternativa Federal, que no encuentra rumbo ni candidato. La incógnita es qué hará Schiaretti después de sus vacaciones. Por Marcos Jure
Sergio Massa se está yendo por partes. Parece preocupado por las formas cuando se trata de acercarse al kirchnerismo pero es notoriamente menos cuidadoso para abandonar Alternativa Federal. Se abrazó a Juan Schiaretti y a lo que queda del peronismo alternativo frente al Panal pero apenas 48 horas después anunció que en realidad empezaría a negociar una gran coalición opositora para terminar con el macrismo.

Fue casi un certificado de defunción para Alternativa Federal o, como mínimo, quedó en condiciones de recibir la extremaunción. Los pasos que han dado algunos de sus miembros son un indicio inequívoco de que, definitivamente, el poder no pasará por allí. Massa ha elegido emigrar y tratar de integrar un armado competitivo, mientras el gobernador Schiaretti prefirió tomarse unas vacaciones que llegarán hasta el límite mismo de la inscripción de las alianzas. Y antes de emprender su viaje avisó que la reunión que el martes armó en el Panal y que tal vez haya mostrado por última vez juntos y sonrientes a los cuatro integrantes originales de Alternativa Federal era el esfuerzo final que estaba dispuesto a hacer para mantener viva la llamita de esa tercera vía que nunca terminó de armarse ni de convencer. 

Ese peronismo por fuera que intentó construirse desde las provincias para llegar finalmente al poder nacional no sólo se quedó sin ese componente federal del que alardea en el nombre -hoy apenas dos gobernadores lo integran- sino que tampoco consiguió trascender y sumar a otras fuerzas. En vez de leudar y adquirir volumen, fue desinflándose. Sin identidad pero sobre todo sin candidatos competitivos, en la vertiginosa semana que pasó terminó de constituirse una característica definitoria por su negatividad: lo persigue el descreimiento. No tanto hacia afuera -en ese terreno nunca despegó- sino fundamentalmente hacia adentro. Ni para sus miembros es una opción verosímil. La doble fuga -una hacia el kirchnerismo, otra hacia Brasil- no puede presagiar un futuro promisorio.

Alternativa Federal llegó a su apogeo y a su ocaso en un lapso de apenas seis días: los que transcurrieron entre el arrasador triunfo de Schiaretti y el anuncio de la fórmula Fernández-Fernández. En privado, los operadores del gobernador reconocen que la movida kirchnerista los desconcertó, los privó de pensar los próximos pasos porque cuando el cordobés empezó a pergeñarlos, Cristina ya había actuado.

De supuesto armador de un ancho espacio del medio, Schiaretti pasó a convertirse en observador atónito de una implosión. 

La incógnita principal es qué hará de ahora más. Entre los dirigentes, intendentes y militantes se hace cada vez más evidente la disconformidad con la resistencia a desconectar definitivamente a Alternativa Federal. Más que nada por dos razones. Una es que, si sigue así, el peronismo cordobés terminará yendo con una lista largamente perdedora, que los privará de bancas y de cargos en un posible gobierno nacional. Pero, además, porque consideran que Macri está agotado y que el justicialismo provincial debe evitar ser funcional a cualquier posibilidad de supervivencia de Cambiemos en la Casa Rosada. 

Cuando vio que Massa estaba por dar el salto y que la tercera vía se deshacía en el aire, Schiaretti declaró que se dedicará a gobernar Córdoba y que no le corresponde andar haciendo campaña en el escenario nacional, en una señal fehaciente de que intentará escaparle a las consecuencias de Alternativa Federal. Sin embargo, a la vez obtura cualquier canal de diálogo con el kirchnerismo y el PJ nacional, un paso que le reclama más de uno en Córdoba.

En el justicialismo explican que la renuencia a dar ese paso final se fundamenta en varias razones. Primero, en la desconfianza mutua y en las facturas que se pasan el schiarettismo y el kirchnerismo desde el 2007 en adelante. Segundo, por la intransigencia que suele ejercer el gobernador. Tercero, porque así como la Nación no movió un dedo para evitar el quiebre de Cambiemos en Córdoba, Schiaretti estaría cumpliendo su parte para sostener hasta donde pueda la división del peronismo nacional.

Sin embargo, ¿hasta dónde mantendrá su compromiso, si es que existe? Esa es la gran pregunta que ronda el PJ cordobés. ¿Y qué hará en el caso de que Alternativa Federeal ya ni siquiera presente un candidato? ¿Podrá sumarse a una gran coalición opositora, encabezada por el kirchnerismo? ¿Irá con una lista que no le garantizará los diputados que necesita para conservar peso legislativo nacional? Juan Manuel Urtubey fue tajante al decir que su camino no es Macri ni Cristina; Schiaretti jamás pronunció esas palabras. Nadie aventura qué camino tomará.

Los alineamientos se aceleraron desde que Cristina subió su video a YouTube y, a partir de allí, los escenarios que contemplaban una tercera opción, tanto con Roberto Lavagna como con Alternativa Federal, pasaron de parecer viables en la teoría a toparse contra una realidad: la elección presidencial va encaminándose, con el paso de los días, nuevamente hacia la polarización. El 2019 no asoma como el año en que vaya a desterrarse la grieta. Todo lo contrario. Cualquier armado que prescinda de esa lógica parece encaminado a convertirse en una expresión minoritaria.

Los dos polos arrastran sus propios lastres. El kirchnerismo sigue generando una fuerte resistencia en un amplio sector de la sociedad, convencido de que sus gestiones fueron rapaces y de que cualquier penuria, incluso la propia, es un mal menor ante la posibilidad de un retorno.

El macrismo carga con su fracaso, sus promesas incumplidas y el agotamiento de las expectativas. Lo aqueja el presente y, sobre todo, la imposibilidad de pensarlo como un dador de futuro. La gestión de Cambiemos, lejos de la revolución de la alegría, ha tenido el efecto de devolver a una enorme cantidad de personas a un estado de precivilización, ocupadas casi exclusivamente en satisfacer la necesidad de comer, como si entre ese rudimento y la actualidad no hubiera ocurrido nada. 



Marcos Jure.  Redacción Puntal