Las dos visitas que hilvanó Mauricio Macri a Río Cuarto no alcanzaron para frenar su caída. En el duelo entre su presencia y la crisis pareció ganar la crisis. Al menos, así se desprende de la encuesta que Gustavo Córdoba & Asociados realizó entre el 8 y el 9 de noviembre y que reveló que en esta tierra, donde el líder de Cambiemos supo alzarse con más del 70% de los votos contra Daniel Scioli, ya son casi 60 de cada 100 los riocuartenses que desaprueban la gestión nacional, surcada por el derrumbe económico, la inflación y la consecuente pérdida de poder adquisitivo.
La imagen de Macri se sigue horadando, tanto en términos de gestión como personales. Y lo hace en una ciudad de corte conservador en la que Cambiemos viene de obtener triunfos arrasadores tanto en las elecciones nacionales como en las provinciales. Si las visitas del Presidente apuntaban a retomar la iniciativa política y el camino de la reconstrucción desde un territorio que, tal como lo dijo, considera propio, los resultados no fueron, evidentemente, los esperados. Porque la encuestadora salió a recolectar los datos después de que el jefe de Estado estuviera en la Rural y en el Centro Cívico, en una conferencia de prensa, en el salón de un peluquero de Baigorria y en las calles del pueblo para recibir el saludo de la gente.
En Río Cuarto, Macri ya cuenta con más detractores que defensores -el 48,8% lo critica mientras que el 45,6% tiene una buena imagen- y su gestión tuvo un desplome digno de la crisis que padece el país y la falta de horizonte para los próximos meses. La desaprobación saltó del 50,8 al 58,7% en cinco meses y de manera directa la aprobación cayó siete puntos.
El gobierno de Cambiemos ha ensayado maneras de sacar del centro de la escena la recesión y la falta de plata; se vio en Río Cuarto: los ejes temáticos fueron la inseguridad, la política inmigratoria y la proclama libertaria a la norteamericana de la ministra Patricia Bullrich, que rezaba “quien quiera andar armado que ande armado”. Pero, según muestran los datos de las encuestas, no lo ha conseguido. No del todo, al menos. Porque, monotemáticos al fin, los riocuartenses han sufrido a la par una caída del 9,74% en las ventas, y la perspectiva para el 68% de los comerciantes es que la realidad inmediata siga siendo tan dura como hasta ahora o, incluso, peor.
Ese es el panorama si el análisis se centra en Macri y el desastre que se autoinflige por los resultados de su gestión. Sin embargo, en política siempre es necesario un antagonista, un adversario que capitalice las flaquezas y pueda convertirse en opción. El gobierno nacional, que no es ingenuo ni mucho menos en ese punto, dedica sus esfuerzos a sostener a Cristina Fernández como opción para evitar que surja otro emergente en el peronismo capaz de rearmar lo que hoy está explotado.
Por supuesto, Río Cuarto no expresa por completo al país. Pero hay un dato sintomático, que puede extrapolarse. Efectivamente, aquí Cristina cosecha una altísima imagen negativa, con el 62,5% de rechazo pero, a la vez, ningún otro dirigente justicialista aparece como alternativa. Para tener una pauta, Sergio Massa, que deambula sin encontrar su lugar en el mundo, es casi tan vapuleado como Cristina: el 62,2% no lo tiene en alta estima al cultor de la ancha avenida del medio.
Sin emergentes opositores, nada garantiza que la era Macri se termine en 2019.
Juan Schiaretti, que a veces coquetea con un proyecto presidencial y que acaba de convocar a un Pacto de la Moncloa para salvar al país pero que ha elegido a socios minoritarios para semejante empresa, sí conserva índices envidiables, pero su objetivo primordial -con José Manuel de la Sota desaparecido- pasa por conservar la provincia para Unión por Córdoba.
El gobernador cultiva una relación cercana, funcional con Macri, a pesar de sus críticas en los medios, porque es un vehículo para garantizarse los fondos que necesita para terminar sus obras y conservar la aprobación que podría alfombrarle la reelección y el cuarto de siglo de hegemonía política al peronismo cordobés.
Para cimentar su triunfo, Schiaretti apunta a no desatender ningún flanco. Busca evitar dispersiones y fisuras en el PJ, contener al delasotismo huérfano y que también los intendentes contribuyan a traccionar votos para él. Juan Manuel Llamosas es el jefe comunal de más peso de Unión por Córdoba. La encuesta de Gustavo Córdoba & Asociados en Río Cuarto confirma que la imagen del intendente sigue siendo elevada cuando ya han pasado dos años y medio de gestión. El 60,6 por ciento aprueba su gobierno y el 65,3 por ciento tiene una imagen positiva del jefe comunal.
Esa división no es inusual en política. En los últimos años, un ejemplo de ese fenómeno en Río Cuarto fue Juan Jure, que mantenía considerables índices positivos en su imagen personal mientras que la gestión siempre estaba por debajo. Hasta que uno y otro coincidieron, con los resultados negativos que esa conjunción implicó para el entonces oficialismo.
Sin embargo, hay un dato que debería generar atención en el intendente. Tanto su imagen personal como la de su gestión han tenido una pérdida de cuatro puntos desde junio a esta parte.
Ese deterioro coincide con algunos traspiés fundamentalmente políticos que ha padecido el oficialismo y, también, con situaciones de gestión como, por ejemplo, que los baches han vuelto a ocupar el centro de escena y se transformaron, como en el último tramo de Jure, en el problema que más molesta a los riocuartenses.
Es un dato que implica la constatación de un fracaso: del bache cero prometido al actual panorama que se ve en las calles hay una distancia no menor.
De todos modos, Llamosas disfruta de una posición relativa caracterizada, por ahora, por la comodidad. Tampoco a él le ha aparecido hasta el momento un adversario capaz de aprovechar sus errores y comenzar a crecer.
En Río Cuarto, Macri ya cuenta con más detractores que defensores -el 48,8% lo critica mientras que el 45,6% tiene una buena imagen- y su gestión tuvo un desplome digno de la crisis que padece el país y la falta de horizonte para los próximos meses. La desaprobación saltó del 50,8 al 58,7% en cinco meses y de manera directa la aprobación cayó siete puntos.
El gobierno de Cambiemos ha ensayado maneras de sacar del centro de la escena la recesión y la falta de plata; se vio en Río Cuarto: los ejes temáticos fueron la inseguridad, la política inmigratoria y la proclama libertaria a la norteamericana de la ministra Patricia Bullrich, que rezaba “quien quiera andar armado que ande armado”. Pero, según muestran los datos de las encuestas, no lo ha conseguido. No del todo, al menos. Porque, monotemáticos al fin, los riocuartenses han sufrido a la par una caída del 9,74% en las ventas, y la perspectiva para el 68% de los comerciantes es que la realidad inmediata siga siendo tan dura como hasta ahora o, incluso, peor.
Ese es el panorama si el análisis se centra en Macri y el desastre que se autoinflige por los resultados de su gestión. Sin embargo, en política siempre es necesario un antagonista, un adversario que capitalice las flaquezas y pueda convertirse en opción. El gobierno nacional, que no es ingenuo ni mucho menos en ese punto, dedica sus esfuerzos a sostener a Cristina Fernández como opción para evitar que surja otro emergente en el peronismo capaz de rearmar lo que hoy está explotado.
Por supuesto, Río Cuarto no expresa por completo al país. Pero hay un dato sintomático, que puede extrapolarse. Efectivamente, aquí Cristina cosecha una altísima imagen negativa, con el 62,5% de rechazo pero, a la vez, ningún otro dirigente justicialista aparece como alternativa. Para tener una pauta, Sergio Massa, que deambula sin encontrar su lugar en el mundo, es casi tan vapuleado como Cristina: el 62,2% no lo tiene en alta estima al cultor de la ancha avenida del medio.
Sin emergentes opositores, nada garantiza que la era Macri se termine en 2019.
Juan Schiaretti, que a veces coquetea con un proyecto presidencial y que acaba de convocar a un Pacto de la Moncloa para salvar al país pero que ha elegido a socios minoritarios para semejante empresa, sí conserva índices envidiables, pero su objetivo primordial -con José Manuel de la Sota desaparecido- pasa por conservar la provincia para Unión por Córdoba.
El gobernador cultiva una relación cercana, funcional con Macri, a pesar de sus críticas en los medios, porque es un vehículo para garantizarse los fondos que necesita para terminar sus obras y conservar la aprobación que podría alfombrarle la reelección y el cuarto de siglo de hegemonía política al peronismo cordobés.
Para cimentar su triunfo, Schiaretti apunta a no desatender ningún flanco. Busca evitar dispersiones y fisuras en el PJ, contener al delasotismo huérfano y que también los intendentes contribuyan a traccionar votos para él. Juan Manuel Llamosas es el jefe comunal de más peso de Unión por Córdoba. La encuesta de Gustavo Córdoba & Asociados en Río Cuarto confirma que la imagen del intendente sigue siendo elevada cuando ya han pasado dos años y medio de gestión. El 60,6 por ciento aprueba su gobierno y el 65,3 por ciento tiene una imagen positiva del jefe comunal.
Esa división no es inusual en política. En los últimos años, un ejemplo de ese fenómeno en Río Cuarto fue Juan Jure, que mantenía considerables índices positivos en su imagen personal mientras que la gestión siempre estaba por debajo. Hasta que uno y otro coincidieron, con los resultados negativos que esa conjunción implicó para el entonces oficialismo.
Sin embargo, hay un dato que debería generar atención en el intendente. Tanto su imagen personal como la de su gestión han tenido una pérdida de cuatro puntos desde junio a esta parte.
Ese deterioro coincide con algunos traspiés fundamentalmente políticos que ha padecido el oficialismo y, también, con situaciones de gestión como, por ejemplo, que los baches han vuelto a ocupar el centro de escena y se transformaron, como en el último tramo de Jure, en el problema que más molesta a los riocuartenses.
Es un dato que implica la constatación de un fracaso: del bache cero prometido al actual panorama que se ve en las calles hay una distancia no menor.
De todos modos, Llamosas disfruta de una posición relativa caracterizada, por ahora, por la comodidad. Tampoco a él le ha aparecido hasta el momento un adversario capaz de aprovechar sus errores y comenzar a crecer.

