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El manejo del tiempo

Por Marcos Jure
Un componente clave de la política es el tiempo. O, mejor dicho, el manejo del tiempo: la facultad de anticiparse, de elegir el momento preciso, de actuar cuando se debe hacerlo. 

Pero a veces el tiempo se impone y ya no es posible dominarlo sino sólo sobrellevarlo lo mejor posible para que no se vuelva un elemento determinante a favor del adversario.

Suele marcar la diferencia entre ser oficialismo y ser oposición.

Cambiemos, la fuerza política que llevó a Mauricio Macri a la Presidencia y que viene de arrasar en Córdoba desde 2015 a la fecha, se vio obligado a acelerar sus movimientos por un doble condicionamiento: a pesar de sus triunfos sigue siendo oposición en la provincia y, además, tiene demasiados dirigentes anotados para pelear el año próximo por la gobernación.

El miércoles, el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, juntó a los cuatro postulantes en Marcos Juárez y, al abrazarlos para la foto, los bendijo a todos y los mantuvo en la pista. La jugada fue tan estudiada, como suelen serlo las puestas en escena ideadas por el Pro, que los posibles candidatos -Mario Negri, Ramón Mestre, Héctor Baldassi y Luis Juez- vestían la ya clásica camisa celeste, al igual que Frigerio, para expresar que a pesar de sus diferencias y sus aspiraciones contrapuestas juegan en el mismo equipo.

Cada uno por lo tanto continuó con sus estrategias. Los que desde entonces estuvieron más inquietos fueron Mestre, que envió a los intendentes a pelearse con el gobierno provincial por los cambios en la facturación de Epec, y “La Coneja” Baldassi, quien ayer salió a timbrear y a vaticinar que el año próximo los cordobeses “revolucionarán las urnas” y pondrán a Cambiemos en la gobernación.

¿Cómo se resolverá esa multiplicidad de candidatos? Cambiemos apuró los tiempos porque olfatea que Schiaretti adelantará las elecciones y, además, porque si tiene cuatro posibles candidatos es porque, en realidad, no tiene ninguno. Si hubiera uno fuerte, los demás se desdibujarían. Por eso, lo probable es que haya una interna abierta entre ellos, aunque no se descarta que si uno logra despegarse en este tiempo de competencia mutua habilitado por la Casa Rosada, Macri vuelva a la práctica del dedo, como ya lo hizo en la provincia, y haga deponer al resto sus ansias electorales.

En Unión por Córdoba también hubo movimientos. Incipientes, indiciales pero movimientos al fin. Los carteles que aparecieron con el nombre de De la Sota -“Volvé José Manuel”, se vio en Río Cuarto- dispararon la pregunta de si se trataba de una movida impulsada por el exgobernador.

Desde su círculo lo negaron y adjudicaron los carteles a la manifestación espontánea del deseo político de un grupo no identificado. En el schiarettismo descreen de esa explicación y señalan que se asemeja demasiado a una carta clásica que suele jugar José Manuel: esos operativos clamor que después manda a negar.

¿Realmente De la Sota aspira a un cuarto mandato en la gobernación? Ni delasotistas ni schiarettistas consideran que sea una opción posible. Plantean, coincidentemente, que esa reaparición es un aviso del exgobernador de que va a participar, de que no seguirá al costado del camino ni dedicado en exclusiva a su comercio de ropa. Pero nadie lo imagina compitiendo otra vez por desembarcar en el Panal sino hilvanando una estrategia para intentar otra vez alcanzar su esquivo sueño de ser Presidente.

Usa mensajes públicos porque no hay comunicaciones en privado. La última vez que el exgobernador se habló con Schiaretti fue a fin de año; se saludaron por las Fiestas y no mucho más. La decisión de Adriana Nazario de no votar la reforma previsional de Macri y de no integrar el bloque de Córdoba Federal terminó de enrarecer la relación.

Schiaretti y De la Sota tienen visiones diferentes tanto de la realidad nacional como de la estrategia provincial. El gobernador ha aparecido pegado a Macri; su antecesor suele ser muy crítico con el gobierno nacional en público pero fundamentalmente entre sus allegados, a quienes les ha dado la instrucción de que no voten ningún proyecto impopular.

Con respecto a Córdoba, Schiaretti se apega a su estrategia de cortar cintas y enfocarse en los gasoductos; De la Sota considera que, a esta altura, ya no alcanza con las obras, que a más tardar a fin de año debe debutar una reconfiguración de Unión por Córdoba, el sello que tantos triunfos les dio y que, según el exmandatario, debería convertirse en una alianza amplia ya no con partidos de centroderecha sino con grupos de interés diversos, con los que la gente se identifica actualmente con más intensidad que con las fuerzas políticas.  

De uno y otro lado aseguran que en algún momento los popes deberán reencontrarse: levantar el teléfono y hablarse o verse cara a cara. Sin embargo, por ahora, concuerdan en que no están dadas las condiciones. “Todo a su debido tiempo”, dicen en el schiarettismo.

Lo cierto es que se encuentran en situaciones objetivas sumamente disímiles. De la Sota trata de forzar un diálogo que derive en un esquema mutuamente conveniente: en ese esquema, Schiaretti iría por la reelección y, a cambio, él obtendría apoyo para su armado nacional.

Cerca del gobernador creen que lo peor que pueden hacer es apurarse. Remarcan que necesitan que pasen los meses para que tengan impacto las obras que están en marcha. 

Estar en el gobierno implica ventajas pero, a la vez, conlleva riesgos. El principal surge de la delicada situación económica y social que vive el país y de la que Córdoba no está ajena. La gestión de Schiaretti percibió algunas señales de alerta en los últimos días y decidió actuar con premura.

El gobierno provincial recibió con preocupación las noticias de que en Río Tercero, James Craik y Colonia Tirolesa hubo manifestaciones por el peso casi inmovilizante que están teniendo las facturas de la luz. En el oficialismo enumeran que los focos de conflicto se produjeron, en realidad, en siete localidades.

Como resultado, el Ente Regulador de los Servicios Públicos (Ersep) ejecutó rápidamente una orden que emanó del propio gobernador. Schiaretti le transmitió a Fabián López, ministro de Agua y Servicios Públicos, que el Ersep debía poner en marcha una medida que venía analizándose pero no se aplicaba: la eliminación de las facturas de Epec de cualquier concepto que no sea energía eléctrica. El impacto se sintió inmediatamente en la mayoría de las intendencias, que cobran sobretasas de entre el 10 y el 20% al consumo, y en las cooperativas, que suelen incluir hasta los servicios de sepelios en la ya de por sí onerosa boleta de la electricidad.

Los jefes comunales y los cooperativistas usan esa vía para garantizarse el cobro: la gente está obligada a pagar las sobretasas o los servicios adicionales porque, de lo contrario, le cortan la luz. “Eso no podía seguir. La Provincia no puede correr el riesgo de una pueblada. Los intendentes se quejan pero ellos elegían la fácil: se aseguraban los ingresos pero el costo político lo pagaba Epec y, por lo tanto, el oficialismo. Se terminó. Que cada uno cobre lo que le corresponde”, indicaron en el gobierno.

El temor a las protestas motivó que la aplicación de la medida fuera perentoria. No se les dio tiempo a los intendentes ni a las cooperativas de idear una opción; tendrán que actuar sobre la urgencia.

Esa resolución del Ersep podrá aliviar en algo la carga temporalmente pero la tarifa eléctrica no es un problema que vaya a solucionarse con tanta facilidad. La cuestión de fondo es que los aumentos sucesivos que venía aplicando Epec más la eliminación de los subsidios nacionales generaron un combo que, en algunos casos, ya se torna impagable. 

En la Provincia han tomado nota de que están soportando un costo político no menor por la empresa estatal. Por eso, en los próximos días el Ersep emitirá una segunda resolución, que limitará los costos operativos que las cooperativas aplican sobre la factura. Ya no podrán llegar al 30% sino que tendrán un tope del 10. Además, el gobierno de Schiaretti adelanta que actuará sobre la propia empresa para eliminar privilegios. “Aspiramos a que las medidas que vamos a tomar impacten en la factura. Cualquier alivio será bienvenido. Además, la gente ya no tolera las injusticias y no quiere pagar por ineficiencia o beneficios inexplicables”, relataron en el oficialismo.

En la capacidad de reacción, en la habilidad para desactivar las situaciones conflictivas que se van desatando, también empieza a jugarse la configuración del mapa político que viene.