Las herencias políticas, por ser intangibles, suelen ser diametralmente diferentes de las que contemplan el reparto de bienes materiales. Alguien se queda con una casa, un auto, con dinero, y está sin demoras en condiciones de usar, gastar, vender o regalar esos activos. Pero el legado político y simbólico que fue acumulando una figura pública, si bien puede desatar pasiones y miserias equivalentes, difícilmente sea transferible de manera tan elemental.
El justicialismo cordobés continúa inmerso en un proceso doble: en una reconfiguración interna después de la muerte de José Manuel de la Sota, y en el cierre de un esquema electoral que le permita llegar al 12 de mayo de 2019 con posibilidades ciertas de estirar por otros cuatro años su larga estadía en el poder.
Una de las tareas en las que se embarcó Juan Schiaretti desde el momento mismo en que murió el exgobernador fue contener al delasotismo, integrarlo y hacerlo sentir parte de un proyecto único que contempla, como fin último, sostener la hegemonía.
Pero el delasotismo no es una entidad uniforme ni monolítica. Existe una figura central, sobre la que se posaron las miradas ni bien se le dio a De la Sota el último adiós, que debió tomar protagonismo por su doble condición de hija y de política: Natalia, concejal por Córdoba, que antes de que pasara un mes del accidente ya estaba incorporada a la mesa de conducción del PJ.
Su ámbito de influencia, su territorio en la política, es la ciudad de Córdoba. Su nombre suena, como un jugador polifuncional, ya sea para ser candidata a vicegobernadora, a intendenta de capital o legisladora. Al oficialismo le seduce el capital que puede significar llevar en la boleta el apellido De la Sota. Será una protagonista ineludible en la próxima elección.
Pero Natalia no aglutina a la totalidad de los dirigentes que se referencian en el exgobernador. Existe un segundo nucleamiento, que se presenta como el delasotismo del interior, y que conduce Adriana Nazario, la última pareja pública de De la Sota y actual diputada nacional. Detrás de su figura está La Militante, que el sábado pasado logró convocar en Sinsacate a unos 600 dirigentes, en lo que fue una demostración de fuerza más que nada hacia adentro ahora que comenzarán a discutirse las candidaturas y los posicionamientos.
El schiarettismo puro anunció en ese mismo acto que Nazario, tal como ocurrió con Natalia, pasaba a integrar la mesa chica del peronismo, donde se cocinan las estrategias y se ganan o se pierden lugares. Para sus allegados, fue la legitimación de Nazario y de la estructura que la acompaña. “Tenemos cinco legisladores de departamentos distintos, concejales, tribunos de cuentas, funcionarios. Somos una fuerza de la que no se puede prescindir”, se ufanaban en Sinsacate.
Dicen que no son herederos de De la Sota, ni pretenden serlo, que no podrán competir en ese plano con Natalia, pero que aprendieron de él, que se identifican con su discurso y que han conseguido conformar una agrupación política con presencia territorial.
No plantean una interna frontal con Natalia pero tampoco comparten su espacio ni su estrategia. En ese punto no sólo influirían posiciones diferentes en la política sino además una relación que nunca habría sido óptima entre la hija y Nazario.
Quienes se alinean con la diputada, si bien no cuestionan a la hija del exgobernador, se encargan de remarcar que a su lado se ha ido acomodando la vieja guardia, el primer delasotismo, que cuenta entre sus filas a tres Carlos (Caserio, Presas y Alessandri) y un Herman (Olivero) y que no se identifican con ellos. Junto a Natalia también se anota Daniel Passerini, legislador y figura de recambio para el PJ futuro.
La reacción del oficialismo schiarettista fue darles a esas dos expresiones del delasotismo, no antagónicas pero sí disímiles, un único paraguas. Están adentro, que no es poco, parece decir la conducción. Primer objetivo cumplido. Ya será tiempo de batallar por las candidaturas.
Schiaretti también ha conseguido que Natalia recorra los departamentos en una precampaña en la que se suceden los homenajes a su padre; y, además, también la agrupación que acompaña a Nazario hará campaña por la reelección y defiende con más convencimiento que antes la figura y la gestión del gobernador.
Es decir, el ahora único líder que tiene el peronismo cordobés se ha dedicado a lograr que la herencia de De la Sota, cualquiera sea su dimensión y su gravitación electoral, sumen para él y su intento de reelección.
Tres años
Mañana, Schiaretti cumplirá tres años de su segunda gestión. Pero la fecha lo encuentra menos dedicado a hacer los balances de rigor que concentrado en atar los hilos que aseguren su permanencia.
Mientras apunta a evitar fugas peronistas, se asegura los fondos para continuar con las obras y para sostener su concepto publicitario de que “Córdoba está fuerte” en medio de una crisis nacional que no para de disparar índices negativos en casi todos los ámbitos: empleo, ventas, actividad económica, inflación.
En el tablero de las elecciones, se van moviendo las piezas. O, mejor dicho, hay rumores de los lugares que podría ocupar cada una de ellas. En el peronismo circula cada vez más la sospecha de que Schiaretti podría aspirar también a dar el salto nacional y ser el candidato de una tercera opción entre el macrismo y el kirchnerismo. Si así fuera, pondría a un ultracercano como candidato a vice. A la vez, Martín Llaryora se convertiría en candidato a intendente de Córdoba para tratar de arrebatársela de una vez al radicalismo y Natalia De la Sota iría en el número uno como legisladora de la Capital.
“Si tenés la imagen que tiene Schiaretti podés darte el lujo de arriesgar y de ir por todo”, graficó un funcionario.
En la otra vereda, Cambiemos continúa con su desacuerdo de base, que pasa por la manera en que se definirá el candidato para enfrentar al schiarettismo.
Desde la Casa Rosada hacen llegar mensajes contrarios a una interna, el mecanismo que impulsa Ramón Mestre, porque creen que significaría despejarle el camino al peronismo para que se quede con un distrito clave a sólo tres meses de la pelea de fondo.
Una de las tareas en las que se embarcó Juan Schiaretti desde el momento mismo en que murió el exgobernador fue contener al delasotismo, integrarlo y hacerlo sentir parte de un proyecto único que contempla, como fin último, sostener la hegemonía.
Pero el delasotismo no es una entidad uniforme ni monolítica. Existe una figura central, sobre la que se posaron las miradas ni bien se le dio a De la Sota el último adiós, que debió tomar protagonismo por su doble condición de hija y de política: Natalia, concejal por Córdoba, que antes de que pasara un mes del accidente ya estaba incorporada a la mesa de conducción del PJ.
Su ámbito de influencia, su territorio en la política, es la ciudad de Córdoba. Su nombre suena, como un jugador polifuncional, ya sea para ser candidata a vicegobernadora, a intendenta de capital o legisladora. Al oficialismo le seduce el capital que puede significar llevar en la boleta el apellido De la Sota. Será una protagonista ineludible en la próxima elección.
Pero Natalia no aglutina a la totalidad de los dirigentes que se referencian en el exgobernador. Existe un segundo nucleamiento, que se presenta como el delasotismo del interior, y que conduce Adriana Nazario, la última pareja pública de De la Sota y actual diputada nacional. Detrás de su figura está La Militante, que el sábado pasado logró convocar en Sinsacate a unos 600 dirigentes, en lo que fue una demostración de fuerza más que nada hacia adentro ahora que comenzarán a discutirse las candidaturas y los posicionamientos.
El schiarettismo puro anunció en ese mismo acto que Nazario, tal como ocurrió con Natalia, pasaba a integrar la mesa chica del peronismo, donde se cocinan las estrategias y se ganan o se pierden lugares. Para sus allegados, fue la legitimación de Nazario y de la estructura que la acompaña. “Tenemos cinco legisladores de departamentos distintos, concejales, tribunos de cuentas, funcionarios. Somos una fuerza de la que no se puede prescindir”, se ufanaban en Sinsacate.
Dicen que no son herederos de De la Sota, ni pretenden serlo, que no podrán competir en ese plano con Natalia, pero que aprendieron de él, que se identifican con su discurso y que han conseguido conformar una agrupación política con presencia territorial.
No plantean una interna frontal con Natalia pero tampoco comparten su espacio ni su estrategia. En ese punto no sólo influirían posiciones diferentes en la política sino además una relación que nunca habría sido óptima entre la hija y Nazario.
Quienes se alinean con la diputada, si bien no cuestionan a la hija del exgobernador, se encargan de remarcar que a su lado se ha ido acomodando la vieja guardia, el primer delasotismo, que cuenta entre sus filas a tres Carlos (Caserio, Presas y Alessandri) y un Herman (Olivero) y que no se identifican con ellos. Junto a Natalia también se anota Daniel Passerini, legislador y figura de recambio para el PJ futuro.
La reacción del oficialismo schiarettista fue darles a esas dos expresiones del delasotismo, no antagónicas pero sí disímiles, un único paraguas. Están adentro, que no es poco, parece decir la conducción. Primer objetivo cumplido. Ya será tiempo de batallar por las candidaturas.
Schiaretti también ha conseguido que Natalia recorra los departamentos en una precampaña en la que se suceden los homenajes a su padre; y, además, también la agrupación que acompaña a Nazario hará campaña por la reelección y defiende con más convencimiento que antes la figura y la gestión del gobernador.
Es decir, el ahora único líder que tiene el peronismo cordobés se ha dedicado a lograr que la herencia de De la Sota, cualquiera sea su dimensión y su gravitación electoral, sumen para él y su intento de reelección.
Tres años
Mañana, Schiaretti cumplirá tres años de su segunda gestión. Pero la fecha lo encuentra menos dedicado a hacer los balances de rigor que concentrado en atar los hilos que aseguren su permanencia.
Mientras apunta a evitar fugas peronistas, se asegura los fondos para continuar con las obras y para sostener su concepto publicitario de que “Córdoba está fuerte” en medio de una crisis nacional que no para de disparar índices negativos en casi todos los ámbitos: empleo, ventas, actividad económica, inflación.
En el tablero de las elecciones, se van moviendo las piezas. O, mejor dicho, hay rumores de los lugares que podría ocupar cada una de ellas. En el peronismo circula cada vez más la sospecha de que Schiaretti podría aspirar también a dar el salto nacional y ser el candidato de una tercera opción entre el macrismo y el kirchnerismo. Si así fuera, pondría a un ultracercano como candidato a vice. A la vez, Martín Llaryora se convertiría en candidato a intendente de Córdoba para tratar de arrebatársela de una vez al radicalismo y Natalia De la Sota iría en el número uno como legisladora de la Capital.
“Si tenés la imagen que tiene Schiaretti podés darte el lujo de arriesgar y de ir por todo”, graficó un funcionario.
En la otra vereda, Cambiemos continúa con su desacuerdo de base, que pasa por la manera en que se definirá el candidato para enfrentar al schiarettismo.
Desde la Casa Rosada hacen llegar mensajes contrarios a una interna, el mecanismo que impulsa Ramón Mestre, porque creen que significaría despejarle el camino al peronismo para que se quede con un distrito clave a sólo tres meses de la pelea de fondo.

