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La incertidumbre de otro peronismo

Fernández lanzó una serie de dardos contra el PJ cordobés que pueden presagiar cómo será la relación. El schiarettismo sondea canales de diálogo y ofrece señales en el Congreso. Por Marcos Jure
La frase de Alberto Fernández, a horas de calzarse el traje de presidente, retumbó fuerte en Córdoba. Exteriorizó un estado de ánimo. Con la provincia y con quienes la gobiernan desde 1999. “No creen en el peronismo”, dijo con respecto a los cordobeses. Pero, más corrosivo aún, estuvo a milímetros de negarles la condición de peronistas a Juan Schiaretti y a quienes están en el poder desde hace 20 años. Les reprochó hacerse llamar “cordobesismo” y aseguró que, si son peronistas, lo disimulan bastante.

Pero esa definición no se limita a ser una categorización teórica sobre lo que es y lo que no es peronismo. Si se tratara sólo de eso, sería un capítulo más de una discusión eterna. En realidad, lo que permite vislumbrar la frase de Fernández es que el enojo con Schiaretti por su “prescindencia” durante la elección continúa intacto y que puede condicionar la relación con la administración cordobesa al menos durante los primeros tiempos. ¿Volverá esa tirantez que fue tan propia de la etapa cristinista?     

En el albertismo señalan que el malestar con el gobernador tiene su origen en la elección pero que se afianzó cuando Schiaretti salió a advertir públicamente que es necesario cuidar al campo. Como si fuera una advertencia. Lo repitió en los últimos días, cuando volvieron a sonar con fuerza los rumores de un aumento en las retenciones; se mostró junto a dirigentes rurales y lanzó a la vez una campaña de difusión en la que el eje es “Córdoba progresa con el campo”. 

Es decir que, ante la llegada del nuevo gobierno, Schiaretti prefiere reafirmar y reforzar la alianza ya histórica que mantiene con los sectores de la producción agropecuaria antes que disimular esa bandera por un tiempo. El electorado que se identifica con esa postura fue el que le dio el 58% en mayo y el que, a la vez, le otorgó a Macri el 61% en octubre. 

Al schiarettismo no le gustó nada que Alberto le negara su condición de variante del peronismo. Señalan que la visión del nuevo presidente no alcanza a comprender que el PJ cordobés leyó la sociedad en la que está inmerso y adaptó su discurso y su acción a esa realidad sin resignar su componente de peronismo. “Pero además somos progresistas: porque comprendemos los procesos productivos y, a la vez, tenemos una política social que está alejada del clientelismo que se observa a nivel nacional”, se defienden.

Aseguran que hay un sector del Frente de Todos que ha alcanzado a entender el razonamiento político y estratégico del schiarettismo y remarcan que, por curioso que parezca, no es el albertismo sino La Cámpora. En Córdoba sostienen que esa agrupación, que se ha quedado con porciones enormes de poder de cara a la gestión que arrancará el martes y que es la más desprestigiada del kirchnerismo, piensa en una alianza más pragmática con el peronismo cordobés, que contemplaría abandonar los ensayos que se dieron, por ejemplo, con la candidatura de Eduardo Accastello y reemplazarlos por acuerdos de conveniencia con el Panal.

¿El schiarettismo terminará entonces teniendo mejor diálogo con La Cámpora de Máximo Kirchner que con Alberto? En el gobierno provincial no quieren dejar de lado ninguna vía de contacto con la Casa Rosada. Están dispuestos a sostenerse en sus posicionamientos pero tampoco pretenden fogonear un enfrentamiento. 

Habrá conversaciones con miembros del gabinete de Fernández y hay, a la vez, una estrategia eminentemente legislativa. Allí, el rol principal quedó en manos del riocuartense Carlos Gutiérrez, jefe del bloque que contiene a los cuatro diputados del gobernador.

El schiarettismo, a la vez que exteriorizó una defensa del campo a cuenta, le envió señales al próximo gobierno. Conformó en Diputados un interbloque que está por fuera del Frente de Todos, por supuesto, pero que se asienta en el lavagnismo, un sector que puede considerarse aliado de Alberto. El exministro de Economía impuso a su hijo Marco como titular del Indec y él mismo podría dirigir el Consejo Económico y Social. 

Es de esperar que las posturas del lavagnismo sean afines al gobierno en el Congreso. Y allí estaría también el PJ cordobés.

Schiaretti pretende acuerdos puntuales y no permanentes con Alberto. Porque está convencido, por un razonamiento basado en el ejercicio del poder y el principio de territorialidad, que el próximo presidente destinará el grueso de los limitados recursos a Buenos Aires, el principal distrito para el país y el Frente de Todos. 

Por lo tanto, razona Schiaretti, los gobernadores deberán usar todas las herramientas que tengan a su alcance para conseguir recursos. Una de esas herramientas son los legisladores. Cada proyecto clave, cada ley relevante en estudio, podría ser una oportunidad para que el PJ de Córdoba encare una negociación por sus votos. Así podría obtener fondos, recursos para la Caja, autorizaciones para tomar deuda. 

La complicación que aparece en el horizonte es que el Frente de Todos está a sólo un voto del quórum propio y, por lo tanto, de la mayoría. En ese contexto, los votos del peronismo cordobés se devalúan. Sin embargo, se esperanzan con que cada vez más gobernadores, empujados por sus necesidades financieras, se asocien para aceitar esa modalidad de intercambiar votos en el Congreso por desembolsos.

Mientras tanto, en su propio pago, Schiaretti consiguió despejar los nubarrones que amenazaban con menguar su abrumadora mayoría en la Unicameral. Allí, tuvo una contribución involuntaria del kirchnerismo. El destrato público que padeció Carlos Caserio, al que le ofrecieron primero un ministerio para bajarlo con un tuit poco después y enviarlo a una comisión al Senado, lo dejó sin resto para arriesgarse a un enfrentamiento con el gobernador. Por lo tanto, los 11 legisladores que le responden olvidaron por ahora la amenaza de conformar un bloque propio y se quedaron nomás en Hacemos por Córdoba para integrar una aplastante mayoría de 51 miembros sobre 70.

Del otro lado, la exigua oposición de radicales y macristas, que unida habría llegado a apenas 15 miembros, se subdividió en tres después de canibalizarse. Así, lo que sería Cambiemos, que llevó a Mario Negri como candidato a gobernador, se quedó con 9 legisladores como resultado de haber perdido a la representante de la Coalición Cívica pero de haberle arrebatado a la vez al radicalismo a dos de los suyos. Por eso, la UCR, que había obtenido siete legisladores en la elección, se redujo a cinco, y podría resignar en los próximos días alguno más.

La oposición cordobesa cayó en la insignificancia y la atomización.  Schiaretti no consiguió ese escenario únicamente por méritos propios sino también por acción de Macri. Ese presidente que ahora se va se entendió a la perfección con un gobernador cordobés que lo sobrevive y que mira a la Casa Rosada con la incertidumbre que le genera otro peronismo.