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La incógnita Schiaretti

Esta noche las miradas no estarán puestas solamente en los resultados sino, sobre todo, en el mensaje del gobernador y si se inclina por un contenido para influir en el panorama nacional.  Por Marcos Jure

Juan Schiaretti preparó su estrategia electoral para una realidad política que ya no existe. Acondicionó el terreno como si enfrente fuera a tener un adversario de peso, peligroso, perfectamente capaz de arrebatarle el poder después de 20 años ininterrumpidos.

Pero, llegado el momento, descubrió que se había extralimitado en las precauciones. Cambiemos, que arrasó al peronismo cordobés en las legislativas de 2017, no tuvo ni siquiera la capacidad de llegar entero. Va partido en dos: por un lado los radicales, con Ramón Mestre a la cabeza y su tradicional lista 3, y, por otro, Mario Negri y el inédito sello Córdoba Cambia.

Desde que la oposición se fracturó, el panorama se simplificó para Schiaretti. Después de haber adelantado las elecciones, se dio el lujo de perpetrar una campaña anodina, irrelevante, que prescindió de sus rivales y que, como consecuencia, se presentó más como un plebiscito en el que los votantes deberán apoyar o no a Juan que como una compulsa por el poder en la que participan otros 11 candidatos.

En el PJ se jactan de haber instrumentado una campaña sagaz, que no le dio a la oposición ninguna chance de alterar el libreto. Sin embargo, el principal logro del oficialismo no se encuentra en el último mes sino en el proceso previo, en la etapa preparatoria, cuando se prefiguraba un rival que al final no apareció.

Principalmente desde la muerte de José Manuel de la Sota, el schiarettismo se dedicó a no dejar cabos sueltos, a trabajar hacia adentro y hacia afuera. Recorrió cada distrito para integrar hasta al último delasotista en el esquema electoral, modificó las leyes para arañar alguna ventaja, y hasta reinventó su sello no sólo para darle otro nombre sino para dotarlo de un perfil de centroizquierda y diferenciarse del Cambiemos contra el que había competido por el mismo electorado y había perdido. 

Ya sin De la Sota, el armado actual, que se probará hoy en las urnas, es por primera vez enteramente schiarettista.

La elección cordobesa encierra un contrasentido. Fue una campaña desabrida, sin sobresaltos ni sorpresas, que no llamó la atención de casi nadie. Sin embargo, el interés no siempre es indicio de relevancia. Los resultados que surjan hoy tendrán una enorme gravitación, no sólo en la provincia sino, sobre todo, en el escenario nacional, confuso e impredecible como está.

Esta noche, cuando el mapa político cordobés esté afianzado, las miradas se centrarán sobre todo en lo discursivo. ¿Qué dirá Schiaretti? ¿Cómo se posicionará? ¿Su mensaje tendrá alcance nacional, con un peronismo ávido de encontrar un elemento aglutinador y organizador, o sólo se concentrará en resaltar la significación provincial del resultado?

En el schiarettismo aseguran que el gobernador provincializaría su discurso para no alimentar especulaciones sobre una posible candidatura presidencial. Aunque también es verdad que la elección de hoy no requerirá una carga discursiva de nacionalización; se nacionalizará por sí misma. Si los porcentajes son los que se pronostican, si lo que fue Cambiemos obtiene los caudales de votos que se vienen vaticinando, esos datos tendrán un destino nacional y, por lo tanto, dispararán lecturas, movidas y posicionamientos.

Primero, por el capital simbólico y político que Córdoba tuvo para Cambiemos. Cada vez que vino a la provincia, Macri expresó que la sentía como propia porque desde aquí salieron los votos necesarios para instalarlo en la Presidencia. Segundo, porque podría intensificarse la comprobación de la incapacidad política del Gobierno.

El golpe para Cambiemos y en especial para el macrismo podría tener graduaciones. El peor de los mundos incluiría un Negri en tercer lugar y una derrota en Córdoba capital. Si Mestre quedara segundo, los estrategas de la Casa Rosada, con Marcos Peña a la cabeza, serán estigmatizados como los ejecutores de un desastre electoral para un gobierno que, ya de por sí en posición de debilidad, se apresta a intentar la reelección.

Un elemento que hará indisimulable la performance real del macrismo es la inexistencia en Córdoba de un candidato kirchnerista. Los medios nacionales ya no podrán titular haciendo eje en el pobre resultado del cristinismo por el simple hecho de que no está. Todo ha quedado reducido a  un exponente del peronismo alternativo como Schiaretti y a las dos vertientes del oficialismo nacional.

¿Cómo saldrán Cambiemos y el propio radicalismo de lo que hoy podría ocurrir en las urnas? A nivel nacional la dinámica es impredecible y podría terminar hasta con un Macri alejado de la pretensión de ser reelecto. En la provincia, ninguno de los actos previos invita a pensar que la grieta radical se clausurará hoy, 12 de mayo.

En las últimas horas, trascendió que Mario Negri le pedirá a Mestre que renuncie a la presidencia de la UCR por haberla empujado hacia una debacle electoral. Esa actitud permite presagiar que las heridas que dejó la fractura no desaparecerán rápidamente sino que seguirán, como mínimo, hasta la elección nacional. Así, Cambiemos  volvería a ir dividido en octubre, cuando si algo necesita para evitar su salida del poder es aglutinar sus esfuerzos y sus votos.

Pero no sólo a la oposición se le dispara un proceso complejo a partir de mañana. También el peronismo enfrentará sus propios desafíos, aunque de otro tipo.

Desde el momento en que terminen de contarse los votos se empezará a desarrollar en el justicialismo una guerra fría por la sucesión. Y allí estarán anotados varios integrantes del grupo de intendentes y dirigentes con que cuenta hoy el oficialismo: Martín Llaryora, si gana en Córdoba, Manuel Calvo, Juan Manuel Llamosas, Martín Gill, Ignacio García Aresca, Facundo Torres, entre otros. 

La pretensión de Schiaretti es que no haya una desbandada sino que se trate de un proceso civilizado, que siga teniendo como norte principal la preservación del poder y que, sobre todo, sea conducido por él mismo.



Marcos Jure.  Redacción Puntal