La presión de Nazario, el encierro de la deuda
La exmujer de De la Sota se enfrenta al desafío de defender por primera vez en soledad su estructura política. El gobierno, condicionado por su propio esquema de financiamiento. Por Marcos Jure
El gobierno de Juan Manuel Llamosas, siempre recostado en la calma del no conflicto, se encontró en los últimos días con dos episodios que lo sacaron de la comodidad. Uno fue político, el otro económico. Y los dos surgieron desde su interior: el primero se originó por una crítica corrosiva lanzada por una socia política; el segundo, empezó a gestarse hace dos años, cuando la Municipalidad salió a tomar deuda en dólares, una decisión que manifestó su costado más nocivo justo ahora que el intendente se apresta a encarar la campaña por su reelección.
Adriana Nazario eligió el día para aparecer. Hizo declaraciones el 9 de diciembre, 24 horas antes de que Juan Schiaretti asumiera por tercera vez como gobernador.
La empresaria y dirigente política lidera un grupo que dispone de un número nada despreciable de cargos tanto en la Provincia como en el Municipio.
Cuando murió José Manuel de la Sota, Schiaretti convocó a las dos vertientes, la nazarista y la que conduce Natalia de la Sota, hija del exgobernador, para contenerlas de cara a las elecciones.
Lo consiguió. Acordó con las dos. Cerca de Nazario aseguran que el compromiso era darle a la exmujer de De la Sota el cargo de ministra de Ambiente. Después de que Schiaretti ganara por un margen histórico, el primer ofrecimiento a la riocuartense mutó de ministerio a secretaría. No sería ministra sino que estaría a las órdenes de un ministro. Respondió que no.
El propio gobernador entonces intentó tentarla con Agricultura, que sí es un ministerio y de los más importantes por la estructura productiva de Córdoba, pero volvió a toparse con una negativa. En el Panal señalan que Nazario alegó motivos personales y emocionales, la necesidad de tomarse un año más para recuperarse de la trágica muerte de su expareja.
En el círculo de Nazario la versión es distinta y sostienen que la motivación es política. Plantean que rehusó integrar el gabinete en respuesta a que no se cumplió el acuerdo original.
La diferencia es relevante porque permite comprender el comportamiento posterior.
Su ausencia en el gabinete provincial acarrea consecuencias. Una de las principales es que el sostenimiento de su estructura se complica. Si Nazario pretendiera abandonar la actividad política, no sería demasiado problema. Pero no ha dado señales en ese sentido; más bien lo contrario. La empresaria reapareció en Río Cuarto, en una entrevista a LV16, no por casualidad sino como una manera de comenzar a resguardar el único territorio de peso que le queda: su ciudad. Y con sus declaraciones no sólo cuestionó al gobierno de Llamosas sino que, a la vez, contrarió la estrategia que el schiarettismo viene desplegando y que contempla resguardar de todo riesgo la reelección del intendente.
Es habitual que, antes de la conformación de las listas, haya dirigentes que presionen públicamente para condicionar la negociación. Es, a todas luces, el caso de Nazario, quien no eligió una crítica cosmética o una diferenciación atenuada con respecto al gobierno de Llamosas sino que prefirió arrancar con un cuestionamiento de fondo: señaló que debe discutirse el proyecto de ciudad, su perfil estratégico y su planificación. Si hay que debatirlo es porque en la actualidad no existe; por lo tanto, no ha sido desarrollado por la gestión peronista. Decirle a un intendente que no tiene un proyecto de ciudad es lo mismo que acusarlo de no tener rumbo y no saber adónde va.
La respuesta de Llamosas apuntó a atenuar la polémica pero, a su estilo, tampoco estuvo exenta de malicia. Señaló que le tiene afecto a Nazario pero, a la vez, recordó que ella y su equipo forman parte del gobierno. Incluso, están en puestos clave: La Militante preside el bloque, el Tribunal de Cuentas y el Emos. Por lo tanto, lo que replicó el intendente fue que si a su gobierno le falta planificación, entonces el equipo de la empresaria es corresponsable. “¿Ahora se dan cuenta de que falta proyecto? ¿Y dónde estuvieron estos cuatro años?”, preguntó un funcionario municipal.
Las declaraciones de Nazario pueden interpretarse casi como una sobreactuación destinada a demostrar que va en serio y a dejar flotando la sensación de que está dispuesta incluso a ir por fuera si no le conservan a ella y a La Militante su status de socios de primera línea.
Y lo cierto es que la exministra está defendiendo una sobrerrepresentación. Los espacios clave que ocupa el nazarismo son fruto de otra realidad política, de un escenario en el que De la Sota hizo valer su peso gravitante. Hoy, De la Sota no está y Nazario se enfrenta al desafío de defender, por primera vez, lo suyo en soledad.
En el gobierno municipal señalan que existe diálogo abierto con todos los sectores y que se buscará contenerlos a todos. Sin embargo, no a cualquier precio. Lo razonable sería que el nuevo esquema de poder de Llamosas refleje un cambio sustancial: la hegemonía del schiarettismo en el peronismo cordobés y el alineamiento irrestricto del intendente con el gobernador.
¿Será Nazario candidata si, como se menciona en el Palacio, sus espacios se acotan? Es una de las incógnitas para las próximas semanas. Cerca de la exdiputada sostienen que mide 15 puntos en las encuestas y que está dispuesta a hacerlos valer. Pero implicaría un cambio sustancial en su actitud: siempre fue muy prudente a la hora de las candidaturas e, incluso, declinó la de 2012, cuando junto a De la Sota tenía chances no menores de ganar.
El segundo ruido que alcanzó al gobierno municipal tuvo como génesis una decisión propia, que ya sonó riesgosa desde el momento mismo en que se anunció. El 17 de noviembre de 2017, la gestión Llamosas tomó una deuda de casi 15 millones de dólares. Durante dos años fue pagando los intereses y el mes pasado se enfrentó con la obligación de devolver el 25% del capital: 3,7 millones de dólares o, lo que suena peor, 233,1 millones de pesos.
Ni bien canceló esa cuota, el gobierno sabía que no podría pagar la siguiente -la de mayo de 2020- y menos aún la última, que contempla la devolución del 50% del capital de una sola vez, en noviembre de 2020. Son 7,4 millones de dólares: 466,2 millones de pesos, siempre y cuando la moneda norteamericana siga quieta.
Después de negociar con los tenedores de la deuda, el gobierno cerró un acuerdo para reestructurar esos vencimientos impagables.
Ya no habrá dos fechas fatales sino que la deuda se dividirá en 18 cuotas mensuales a partir de julio de 2020. Es, admiten en el Palacio, un alivio pero no una solución porque el problema retornará en 2021. Para tener una idea comparativa: a valores de hoy, deberá pagar casi 40 millones de pesos por mes, lo que representa casi la mitad de lo que la Municipalidad destina a sueldos.
La refinanciación de la deuda se instaló a nivel nacional de la peor manera posible: Río Cuarto, el primer municipio que cae en default, titularon los medios. En los hechos, la Municipalidad no entró en cesación de pagos, pero avisó que va a hacerlo si los tenedores no avalan en asamblea la reestructuración (un trámite que se da por descontado).
En el Palacio adjudican la repercusión nacional del tema, justo el día en que asumía Alberto Fernández y había noticias para hacer dulce, a una operación política. Aunque evalúan que los ayudó a atenuar el impacto la estrategia del radicalismo, que sacó a Gabriel Abrile a hacer declaraciones y transformó la deuda en un tema de campaña.
Lo cierto es que, despojando a la discusión de su componente electoral, la situación en que se encuentra el Municipio evidencia que la toma de deuda fue una decisión desafortunada. Definida por factores externos, es verdad, como es un dólar que pasó de 17,51 a 63 pero que ya mostraba sus riesgos hace 2 años.
Y de lo que no puede desentenderse el gobierno de Llamosas es de haber aceptado un esquema de cancelación asfixiante. Consiguió dos años de gracia pero después cargó todos los vencimientos a lo largo de un año en vez de extenderlos en el tiempo. Así, desequilibró el presupuesto de 2019 y el de 2020. Río Cuarto puede afrontar 15 millones de dólares; lo que no está en condiciones de hacer es pagarlos todos juntos.
Por lo tanto, la lectura negativa de la reestructuración se la debe, en parte, a sí mismo. Aunque también hay que apuntar que el radicalismo critica a la gestión local como si se hubiera producido en el vacío y no en un contexto de crisis extrema y de hiperdevaluación que provocó el mismo macrismo al que ayudó a llegar al poder y al que hizo todo por sostener.
En el gobierno apuntan que ninguno de los dos frentes abiertos en la semana que pasó afectó el escenario electoral. Aseguran que una encuesta reciente de 600 casos sigue reflejando una ventaja amplia para Llamosas. Además, se entusiasman con la renuncia de Miguel Besso al Consejo Económico y Social y su participación en un armado político que llevará a Eduardo Scoppa y, posiblemente, a Humberto Benedetto y que, si sostiene la división opositora, podría serle funcional al oficialismo.
Mientras la dispersión se sostenga, el llamosismo se siente a resguardo.
Adriana Nazario eligió el día para aparecer. Hizo declaraciones el 9 de diciembre, 24 horas antes de que Juan Schiaretti asumiera por tercera vez como gobernador.
La empresaria y dirigente política lidera un grupo que dispone de un número nada despreciable de cargos tanto en la Provincia como en el Municipio.
Cuando murió José Manuel de la Sota, Schiaretti convocó a las dos vertientes, la nazarista y la que conduce Natalia de la Sota, hija del exgobernador, para contenerlas de cara a las elecciones.
Lo consiguió. Acordó con las dos. Cerca de Nazario aseguran que el compromiso era darle a la exmujer de De la Sota el cargo de ministra de Ambiente. Después de que Schiaretti ganara por un margen histórico, el primer ofrecimiento a la riocuartense mutó de ministerio a secretaría. No sería ministra sino que estaría a las órdenes de un ministro. Respondió que no.
El propio gobernador entonces intentó tentarla con Agricultura, que sí es un ministerio y de los más importantes por la estructura productiva de Córdoba, pero volvió a toparse con una negativa. En el Panal señalan que Nazario alegó motivos personales y emocionales, la necesidad de tomarse un año más para recuperarse de la trágica muerte de su expareja.
En el círculo de Nazario la versión es distinta y sostienen que la motivación es política. Plantean que rehusó integrar el gabinete en respuesta a que no se cumplió el acuerdo original.
La diferencia es relevante porque permite comprender el comportamiento posterior.
Su ausencia en el gabinete provincial acarrea consecuencias. Una de las principales es que el sostenimiento de su estructura se complica. Si Nazario pretendiera abandonar la actividad política, no sería demasiado problema. Pero no ha dado señales en ese sentido; más bien lo contrario. La empresaria reapareció en Río Cuarto, en una entrevista a LV16, no por casualidad sino como una manera de comenzar a resguardar el único territorio de peso que le queda: su ciudad. Y con sus declaraciones no sólo cuestionó al gobierno de Llamosas sino que, a la vez, contrarió la estrategia que el schiarettismo viene desplegando y que contempla resguardar de todo riesgo la reelección del intendente.
Es habitual que, antes de la conformación de las listas, haya dirigentes que presionen públicamente para condicionar la negociación. Es, a todas luces, el caso de Nazario, quien no eligió una crítica cosmética o una diferenciación atenuada con respecto al gobierno de Llamosas sino que prefirió arrancar con un cuestionamiento de fondo: señaló que debe discutirse el proyecto de ciudad, su perfil estratégico y su planificación. Si hay que debatirlo es porque en la actualidad no existe; por lo tanto, no ha sido desarrollado por la gestión peronista. Decirle a un intendente que no tiene un proyecto de ciudad es lo mismo que acusarlo de no tener rumbo y no saber adónde va.
La respuesta de Llamosas apuntó a atenuar la polémica pero, a su estilo, tampoco estuvo exenta de malicia. Señaló que le tiene afecto a Nazario pero, a la vez, recordó que ella y su equipo forman parte del gobierno. Incluso, están en puestos clave: La Militante preside el bloque, el Tribunal de Cuentas y el Emos. Por lo tanto, lo que replicó el intendente fue que si a su gobierno le falta planificación, entonces el equipo de la empresaria es corresponsable. “¿Ahora se dan cuenta de que falta proyecto? ¿Y dónde estuvieron estos cuatro años?”, preguntó un funcionario municipal.
Las declaraciones de Nazario pueden interpretarse casi como una sobreactuación destinada a demostrar que va en serio y a dejar flotando la sensación de que está dispuesta incluso a ir por fuera si no le conservan a ella y a La Militante su status de socios de primera línea.
Y lo cierto es que la exministra está defendiendo una sobrerrepresentación. Los espacios clave que ocupa el nazarismo son fruto de otra realidad política, de un escenario en el que De la Sota hizo valer su peso gravitante. Hoy, De la Sota no está y Nazario se enfrenta al desafío de defender, por primera vez, lo suyo en soledad.
En el gobierno municipal señalan que existe diálogo abierto con todos los sectores y que se buscará contenerlos a todos. Sin embargo, no a cualquier precio. Lo razonable sería que el nuevo esquema de poder de Llamosas refleje un cambio sustancial: la hegemonía del schiarettismo en el peronismo cordobés y el alineamiento irrestricto del intendente con el gobernador.
¿Será Nazario candidata si, como se menciona en el Palacio, sus espacios se acotan? Es una de las incógnitas para las próximas semanas. Cerca de la exdiputada sostienen que mide 15 puntos en las encuestas y que está dispuesta a hacerlos valer. Pero implicaría un cambio sustancial en su actitud: siempre fue muy prudente a la hora de las candidaturas e, incluso, declinó la de 2012, cuando junto a De la Sota tenía chances no menores de ganar.
El segundo ruido que alcanzó al gobierno municipal tuvo como génesis una decisión propia, que ya sonó riesgosa desde el momento mismo en que se anunció. El 17 de noviembre de 2017, la gestión Llamosas tomó una deuda de casi 15 millones de dólares. Durante dos años fue pagando los intereses y el mes pasado se enfrentó con la obligación de devolver el 25% del capital: 3,7 millones de dólares o, lo que suena peor, 233,1 millones de pesos.
Ni bien canceló esa cuota, el gobierno sabía que no podría pagar la siguiente -la de mayo de 2020- y menos aún la última, que contempla la devolución del 50% del capital de una sola vez, en noviembre de 2020. Son 7,4 millones de dólares: 466,2 millones de pesos, siempre y cuando la moneda norteamericana siga quieta.
Después de negociar con los tenedores de la deuda, el gobierno cerró un acuerdo para reestructurar esos vencimientos impagables.
Ya no habrá dos fechas fatales sino que la deuda se dividirá en 18 cuotas mensuales a partir de julio de 2020. Es, admiten en el Palacio, un alivio pero no una solución porque el problema retornará en 2021. Para tener una idea comparativa: a valores de hoy, deberá pagar casi 40 millones de pesos por mes, lo que representa casi la mitad de lo que la Municipalidad destina a sueldos.
La refinanciación de la deuda se instaló a nivel nacional de la peor manera posible: Río Cuarto, el primer municipio que cae en default, titularon los medios. En los hechos, la Municipalidad no entró en cesación de pagos, pero avisó que va a hacerlo si los tenedores no avalan en asamblea la reestructuración (un trámite que se da por descontado).
En el Palacio adjudican la repercusión nacional del tema, justo el día en que asumía Alberto Fernández y había noticias para hacer dulce, a una operación política. Aunque evalúan que los ayudó a atenuar el impacto la estrategia del radicalismo, que sacó a Gabriel Abrile a hacer declaraciones y transformó la deuda en un tema de campaña.
Lo cierto es que, despojando a la discusión de su componente electoral, la situación en que se encuentra el Municipio evidencia que la toma de deuda fue una decisión desafortunada. Definida por factores externos, es verdad, como es un dólar que pasó de 17,51 a 63 pero que ya mostraba sus riesgos hace 2 años.
Y de lo que no puede desentenderse el gobierno de Llamosas es de haber aceptado un esquema de cancelación asfixiante. Consiguió dos años de gracia pero después cargó todos los vencimientos a lo largo de un año en vez de extenderlos en el tiempo. Así, desequilibró el presupuesto de 2019 y el de 2020. Río Cuarto puede afrontar 15 millones de dólares; lo que no está en condiciones de hacer es pagarlos todos juntos.
Por lo tanto, la lectura negativa de la reestructuración se la debe, en parte, a sí mismo. Aunque también hay que apuntar que el radicalismo critica a la gestión local como si se hubiera producido en el vacío y no en un contexto de crisis extrema y de hiperdevaluación que provocó el mismo macrismo al que ayudó a llegar al poder y al que hizo todo por sostener.
En el gobierno apuntan que ninguno de los dos frentes abiertos en la semana que pasó afectó el escenario electoral. Aseguran que una encuesta reciente de 600 casos sigue reflejando una ventaja amplia para Llamosas. Además, se entusiasman con la renuncia de Miguel Besso al Consejo Económico y Social y su participación en un armado político que llevará a Eduardo Scoppa y, posiblemente, a Humberto Benedetto y que, si sostiene la división opositora, podría serle funcional al oficialismo.
Mientras la dispersión se sostenga, el llamosismo se siente a resguardo.