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Mochilas pesadas en el final de la campaña

Mario Negri imaginó un capítulo caracterizado por las denuncias de corrupción contra el gobierno de Schiaretti y terminó dando explicaciones por los exabruptos de Carrió. Además, lo afecta la crisis de Macri. La pelea con Mestre y la estrategia del oficialismo. Por Marcos Jure
Mario Negri había imaginado un final de campaña atravesado por una cruzada moral y ética, en la que el gobierno de Juan Schiaretti se vería interpelado por los supuestos negociados de algunos de sus miembros. Y todo coronado por la llegada de Elisa Carrió, autoerigida como faro denunciador de corrupciones ajenas y justificador de deslices aliados, que debía poner en aprietos con sus acusaciones al oficialismo provincial. 

Pero, como podía prever hasta el más distraído, Carrió se descarrió y le agradeció públicamente a Dios que José Manuel de la Sota haya muerto, lo que se convirtió en un gol en contra que obligó a la propia diputada y a su amigo candidato a gobernador a salir a dar explicaciones y a aclarar que las palabras no iban en el sentido en que se entendió sino en otro diametralmente opuesto. Nadie le creyó a Carrió y quien pagó el costo fue Negri. Algunos abrazos pueden ser devastadores. 

En cuestión de horas ya casi nadie se acordaba de la denuncia del candidato y de Luis Juez, postulante a la intendencia de Córdoba, contra Manuel Calvo, compañero de fórmula de Schiaretti, por supuestos vínculos con una empresa beneficiada por la obra pública. 

Esa acusación, y el pedido a la Justicia de que acelere la investigación, ya adolecía de una debilidad de origen. Aun si la denuncia tuviera asidero, y los direccionamientos de la obra pública fueran reales, la oportunidad de la presentación judicial de Negri y Juez y la puesta en escena afectaban la credibilidad de la movida y, por lo tanto, su impacto. Porque quedaba envuelta en la especulación electoral. El oficialismo podía argumentar, como lo hizo, que se trataba puramente de un intento desesperado por instalar un tema que dañara a Schiaretti y le canalizara votos al candidato de Córdoba Cambia.

El contexto electoral de la denuncia provocó que el PJ usara un argumento temporal para intentar desacreditarla en vez de tener que dar explicaciones sobre el contenido.

Esa movida con la corrupción como eje era esperada por el peronismo, que desde hacía meses sabía que el extinto Cambiemos cordobés, hoy dividido en dos, apostaría por el descrédito oficialista como estrategia. Lo que no esperaban en el Panal era que Carrió les fuera funcional y opacara la estocada principal preparada por Córdoba Cambia.

Una denuncia en época electoral necesita invariablemente un alto impacto inicial porque los tiempos judiciales hacen imposible que haya resultados concretos -por ejemplo imputaciones- que puedan comprometer a los funcionarios. Esa primera condición ha sido afectada por el fuego amigo.

En el peronismo creen que uno de los beneficiados por Carrió fue Ramón Mestre, candidato radical, quien salió a acusar a la diputada de reeditar el infausto cajón de Herminio Iglesias, símbolo nacional de las metidas de pata que, de tan profundas, contribuyen a definir una elección. 

En realidad, en Córdoba casi todo parece definido. La inercia a la que apuesta el oficialismo, la inexistencia de elementos disruptivos y la monotonía son indicios   inequívocos. El interrogante parece centrado en dos elementos secundarios pero no por eso menores: en las distancias y en quién ocupa el segundo lugar.

Así como el oficialismo actúa como si la elección ya hubiera pasado, Negri se esfuerza por instalar  que la disputa es entre él y Schiaretti. Por eso, Carrió -que no está en el radicalismo- le otorgó el sello de único y auténtico radical al diputado y el propio candidato tuitea y retuitea una frase de su autoría que dice que ya sólo quedan dos candidatos -él y Schiaretti- y que la opción está entre quienes se quieren eternizar en el poder y quienes ansían el cambio.

En ese punto, Negri también está complicado. No sólo arrastra con la mochila Carrió, que además de agradecerle al cielo por la muerte de De la Sota le reclamó a la gente que deje de andar quejándose por la suba de precios y la escasez de dinero, sino también con el lastre de ser el candidato de Macri. Una cosa era ser el representante en Córdoba del hombre que había cosechado el 70% de los votos y otra, diametralmente opuesta, es serlo del presidente que acumula el 64% de inflación anual en los alimentos y se muestra por completo incapaz de dominar a los mercados que en otro tiempo tanto ensalzó.

Negri se enfoca en provincializar la campaña pero insiste con el concepto “cambio”. ¿Cuál es ese cambio? ¿Desde dónde lo postula? ¿Desde el ejemplo contemporáneo que surge desde la Casa Rosada? Es menos complejo generar una idea positiva de cambio cuando es indefinida y aparece desprovista de una carnadura para ser comparada que cuando se es representante de un cambio que se produjo, que sigue y causa estragos en la economía del día a día.

Hay, como siempre, encuestas para todos los gustos. Desde las que le auguran el segundo puesto a Negri hasta las que plantean un cabeza a cabeza con Mestre. En el oficialismo interpretan que la llegada de Carrió tuvo como objetivo despegar al diputado del intendente de Córdoba y que lo mismo debía provocar la frustrada visita de María Eugenia Vidal, que suspendió su gira cordobesa por el tembladeral nacional y las especulaciones sobre quién será el candidato a presidente de Cambiemos.

En Hacemos por Córdoba aparecen enfocados en dos escenarios paralelos: el provincial y el nacional. Creen que la dinámica de la crisis económica y la debacle macrista es impredecible y que el escenario está abierto. Especulan con que la reelección de Macri será inviable y abonan la teoría de que una tercera vía tiene más posibilidades que nunca. El problema sigue siendo el mismo: esa tercera vía carece aún de rostro.

La aspiración del schiarettismo es que la elección del 12 de mayo, que hasta ahora no ha despertado pasiones, se transforme en un hecho trascendental que empiece a configurar un escenario nacional dominado por la crisis y la grieta.



Marcos Jure.  Redacción Puntal