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Otro final demorado

Por Marcos Jure
Pablo Pellegrini no se resistió cuando le pidieron la renuncia. El exjefe policial, que nunca antes había hecho política, entendió al instante lo que a algunos directores les costó más: que esa gestión en el Edecom estaba terminada. El robo de los cheques, que implicó que una y otra vez una empleada pudiera eludir los almaceneros controles del ente, los había vaciado de autoridad. Hacia adentro y hacia afuera. ¿Cómo podía salir a controlar las conductas públicas de los riocuartenses ese directorio al que le robaron 212 mil pesos en la cara? ¿Cómo podía seguir aplicando sanciones en la calle después de que quedara expuesta su desprolijidad administrativa y su negligencia en el manejo de los fondos?

La salida del directorio aparecía como inevitable. 

Pero lo era desde el inicio, desde que estalló el escándalo, hace ya 40 días. Sin embargo, como cada vez que se enfrentó a un episodio similar, por ejemplo el caso de Emilio Simón, el intendente Juan Manuel Llamosas dejó pasar el tiempo. Y el costo fue, otra vez, un desgaste en cuotas.  

“A Juan le cuesta desprenderse de la gente. Además, siempre trata de que no se vayan incendiados sino de encontrarles una salida decorosa”, expresó un funcionario. Tal vez ese haya sido el motivo de la inexplicable secuencia de idas y vueltas, de rumores y desmentidas en los que incurrió el gobierno en los momentos finales de la conducción que se fue: el miércoles lanzó el rumor de que el descabezamiento ya estaba decidido y en marcha porque Llamosas les había pedido a Pellegrini y los suyos que renunciaran debido a que la auditoría interna había advertido inconsistencias injustificables; pero el jueves a la mañana, en el agasajo a los periodistas, el propio intendente lo desmintió. Un día después, la cúpula del Edecom cayó pero con un comunicado oficial que juraba que, en realidad, habían sido los cinco funcionarios los que habían actuado por decisión propia.

Un episodio final que estiró algunas horas más una decisión que ya llevaba semanas de atraso. Y que sólo agregó confusión en vez de aportar señales claras.

Para Llamosas, Pellegrini era una figura de relevancia no menor. Fue una de las incorporaciones extrapartidarias, ajenas a la política, que le permitieron cuando era candidato dar una imagen de apertura hacia expresiones no peronistas. Una vez en el gobierno, el exjefe de la Departamental no sólo tuvo a su cargo el Edecom sino, además, una promesa clave del intendente: la instrumentación de un sistema de vigilancia y monitoreo a través de 200 cámaras diseminadas por la ciudad. 

Pellegrini debió irse sin ver concretado su principal proyecto, que tenía fecha tentativa para agosto.

Ahora, lo reemplaza Javier De Olmos, exjefe de Bomberos, que viene de desempeñar una deslucida y casi irrelevante tarea como subsecretario de Gobierno. La conducción del Edecom lo devuelve a un puesto visible. Llamosas decidió nombrarlo porque conoce las áreas técnicas de control; sin embargo, se lo juzga inexperto en política. Lo secunda Gastón Maldonado, un dirigente joven que hasta hace pocos días era director de Comunicación y que viene del kirchnerismo. Pertenece a La Jauretche, el grupo comandado por el concejal Armando Chiappe y que, medio en broma, se autodenomina “La Jauría”. El posicionamiento que los nombramientos implicaron para esa organización generaron malhumor y reproches en el resto de las líneas internas.

En dos años, Maldonado se convirtió en un funcionario de confianza de Llamosas. Y ahora afronta un desafío nada menor. Casi sin rodaje, se encuentra en sus manos con una brasa caliente como siempre es el Edecom pero que ahora lo es aún más. 

Por encima de ellos -algunos sostienen que temporariamente- aparece Guillermo Natali, secretario de Comunicación y Relaciones Institucionales, que había quedado condenado en el gabinete a una existencia satelital y periférica por su tirante relación con Mauricio Dova, el secretario de Gobierno.

Natali vuelve así del ostracismo con un rol de conducción política de un ente profundamente desprestigiado. No es casual que él y Maldonado provengan de la comunicación: en el gabinete consideran que la prioridad deberá pasar por elevar la imagen del Edecom y devolverle autoridad de cara a la sociedad. 

Pero el principal reto será administrativo. La gestión Llamosas, y en especial el ente de control, ya no tiene margen para incurrir nuevamente en un caso como el de los cheques. Por eso, en el gobierno aseguran que la remoción de la cúpula anterior debe entenderse también como una advertencia interna: nadie está a salvo.

Las consecuencias del escándalo de los cheques han sido considerablemente gravosas para el gobierno. Tanto en términos de desgaste político como en número específico de víctimas: ya no están en el gabinete cuatro de los cinco protagonistas. Sólo ha sobrevivido Mauricio Dova, que fue señalado por Carolina Torres, la empleada imputada por el robo, como quien le encomendó que se cobrara una deuda de 2016 con cheques que pudiera sacar del Edecom.  

Dova salió indudablemente golpeado del episodio aunque Llamosas decidió sostenerlo. No sólo le ratificó la confianza en una entrevista con este diario; además, el despido de los directivos del Edecom contiene ese mensaje: hasta este punto llegan las derivaciones, parece decir el intendente.

Pero hay un hecho que debe haber incomodado al secretario: la vuelta de Natali a puestos de exposición. A eso hay que agregarle que el Edecom dejará de aparecer como un ente dentro de su órbita. ¿Se trató de un castigo de su amigo de la infancia? 

Esa es una lectura directa y legítima. Aunque existen otros datos que pueden contribuir a poner en duda esa conclusión, o al menos atenuarla. “La decisión es preservarlo a Mauricio, cuidarlo incluso de sí mismo. Tiene que recuperarse y llegar entero al final del mandato”, indicaron en el oficialismo.

En el día a día, Dova nunca tuvo injerencia en la gestión de Pellegrini. Antes de asumir, el excomisario había puesto como condición innegociable que no tendría a ningún secretario encima y que se reportaría directamente al intendente. Así actuó. La pertenencia del Edecom a la secretaría de Gobierno fue meramente formal, una situación que no variará con el nuevo esquema.

Llamosas entendió que la falta de experiencia política de De Olmos y Maldonado implicaba la necesidad de una supervisión. Y eligió para esa función a Natali, que casi se había quedado sin funciones en el gabinete. 

Dova estaba, por supuesto, inhabilitado para desempeñar ese rol. Primero, porque antes de intentar mejorar la imagen del ente de control debe emprender un proceso de recuperación de sí mismo. Segundo, porque sigue implicado en el caso: la Justicia aún no definió si lo imputa o si archiva la denuncia de Carolina Torres en su contra.

En Cambiemos, mascullan una interpretación que salvaguarda al secretario de Gobierno: dicen que no hay que perder de vista que De Olmos era su subsecretario y que la incorporación de Natali podría ser sólo una pantalla que tendría como finalidad dejar a Dova de ahora en más exento de cualquier polémica que surja del Edecom, un ente siempre propenso a ese tipo de situaciones. 

El gobierno de Llamosas, al que siempre le cuesta desprenderse de sus escándalos, debería hacer un esfuerzo para dejar atrás el del ente de control. Primero, por su propia imagen. Pero, fundamentalmente, porque tiene ante sí una serie de situaciones profundamente más complejas para su presente y su futuro inmediato: a pesar de que ha expresado la voluntad de continuar con las obras en marcha, la realidad está devolviéndole signos de interrogación. Las empresas que hacen el cordón cuneta reclaman 20 millones de pesos y el plan de viviendas está casi paralizado porque Incisa exige un aumento inmediato. La única manera de evitar el parate absoluto sería tomando deuda pero, hasta ahora, los primeros tanteos en el mercado le han demostrado que el país de hace apenas unos meses ya no existe.