A Juan Manuel Llamosas le pareció una descortesía. Y un mal inicio. No esperaba que los concejales de Cambiemos, a quienes había convocado para inaugurar un proceso de diálogo, salieran de su oficina y se plantaran frente a la prensa a cuestionar el manejo del intendente en dos temas clave: los pagos a Cotreco por la higiene urbana y la toma de deuda en dólares.
En esa conferencia, la oposición acusó al gobierno justicialista de reconocerle indebidamente a la empresa cordobesa intereses por 23 millones de pesos y de embarcar al Estado en un irresponsable endeudamiento en moneda extranjera que ha provocado que en apenas 95 días se acumulara un pasivo extra de 45 millones de pesos por el salto que se ha registrado en la cotización.
“Podrían haber hecho esas críticas otro día. No en la casa del intendente, cuando los llamamos para empezar a ponernos de acuerdo”, dijo Llamosas tras el encuentro. Enojado, envió a su secretario de Economía, Pablo Antonetti, a refutar con sus propios argumentos los del partido opositor.
Entonces, el funcionario rememoró las emisiones constantes del gobierno radical anterior y manifestó que una de las causas del déficit actual es, precisamente, la herencia que dejó la administración que se fue.
Ayer, Cambiemos volvió a la carga y le reclamó al intendente que desactive el crédito en dólares y lo reemplace por otro en pesos porque, de lo contrario, la Municipalidad corre demasiados riesgos.
La polémica no es novedosa. Lo que es nuevo es el contexto. Y, a decir verdad, si algo no aportan los cruces que se han sucedido desde que se produjo la convocatoria al diálogo, hace apenas cuatro días, es expectativa de que, por una vez, un proceso de ese tipo no se agote en una foto y nada más.
Es inusual que un gobierno convoque a la oposición. Y, cuando lo hace, habitualmente lo guía una necesidad coyuntural: para superar una crisis o conseguir la aprobación de un proyecto. Pero no suele ser un proceso ni una metodología permanente basada en una concepción política.
La inexistencia de ejemplos en el país provoca que, casi invariablemente, quienes impulsan un entendimiento con la oposición deban remontarse a otro continente y a otra época: la España de los 70 y el famoso Pacto de la Moncloa. Eso da la pauta de que los diálogos no son habituales, ni recientes. Ni argentinos.
¿Por qué decidió instrumentarlo ahora Llamosas? ¿Qué lo motivó y qué busca? En el ala menos dialoguista del gobierno, la convocatoria a Cambiemos provocó un resquemor, sobre todo por la historia reciente. Porque entienden que el intendente sentó a su mesa a quienes habían sido objeto de una ofensiva política por el bochornoso caso de Urú Curé y quienes, en teoría, deberían haber pagado los costos.
En ese punto, Llamosas dio un mensaje, por si quedaba alguna duda: no habrá guerra sin cuartel con Cambiemos, sino que todo seguirá dentro de los límites de la dinámica habitual de oficialismo y oposición.
Pero además, en el caso de la conexión clandestina de Urú Curé hubo una serie de declaraciones públicas y de movimientos subterráneos que contrariaron la posición que había adoptado Llamosas. El conflicto fue reabierto después de que él buscara cerrarlo a derivaciones políticas; su pretensión desde siempre fue encapsularlo en una decisión técnica del Emos y no tranformarlo en una temática de ataque a la oposición.
Con la convocatoria a Cambiemos, Llamosas apuntó a transmitir que a la línea política del gobierno la define él y nadie más que él y que la conducción está indubitablemente en sus manos.
Al intendente le interesaba especialmente esa foto.
Cuando salieron de la reunión, los concejales de Cambiemos estaban sorprendidos porque el jefe comunal no les había planteado ningún eje temático concreto. No les pidió la votación de un proyecto ni les detalló prioridades. Su interés era otro.
Los dos protagonistas llegaron a la reunión con concepciones diferentes de lo que debía ser. Llamosas quería imponer la imagen de él convocando e inaugurando un proceso de diálogo. Preparó, más que nada, un episodio gestual.
La oposición llegó con otra expectativa; esperaban que el intendente expusiera sus prioridades para el año legislativo y se prepararon para replicar con las propias. Por eso plantearon la deuda y el contrato con Cotreco: eran sus prendas de negociación.
Hubo un hecho que fue llamativo. El gobierno convocó al diálogo pero le cedió a la oposición el protagonismo. Cuando terminó la reunión, la versión que se impuso fue la de Cambiemos, centrada en sus críticas. Una maniobra comunicacional de manual habría sido que, inmediatamente, el gobierno saliera a exponer sus ejes e, incluso, a contrarrestar los cuestionamientos de la oposición. Sin embargo, no lo hizo. En el Palacio señalan que se trató de una decisión exclusiva de Llamosas: consideró que entrar en una polémica en ese momento hubiera desvirtuado el gesto de llamar al diálogo. Además, evaluó que la actitud hostil de la oposición terminaría siendo inocua para el Ejecutivo pero contraproducente para Cambiemos. “A la gente no le va a gustar que critiquen al intendente al lado de su oficina cuando los llamó para ponerse de acuerdo”, evaluó ante los suyos.
Por eso el oficialismo salió a contestar recién 24 horas después, una estrategia que desde lo comunicacional puede considerarse desacertada porque el gobierno no solamente entregó el escenario sino que, además, adoptó la agenda que llevó la oposición.
De todos modos, en lo político es pertinente el reproche que Llamosas está haciéndole a Cambiemos. La voluntad de que haya un diálogo se expresa en actitudes y no solamente en el discurso. La decisión de los concejales del frente opositor de cuestionar sin concesiones la política económica del oficialismo ni bien salieron del despacho del intendente no contribuyó, precisamente, a generar el clima necesario para un proceso de ese tipo.
Del otro lado, el déficit del oficialismo fue la carencia de agenda, el hecho de conformarse con lo gestual en vez de alimentarlo con contenido.
En ese contexto enrarecido ¿hacia dónde puede ir el diálogo? ¿Murió a poco de nacer? Desde los dos lados aseguran que no, que mantendrán los contactos.
Llamosas está convencido de que la gente ya no quiere una política basada en el conflicto y el enfrentamiento sino que, justamente, reclama acuerdos. A quienes le reprochan que el gobierno debe dejar de centrarse tanto en las obras para enfocarse en la política, les contesta con esa convicción. Sus acciones responden a una forma de ser pero también a la percepción de que está atendiendo a un imperativo de la sociedad.
Desde el inicio, ha sido un intendente de la no disputa, lo que no necesariamente lo transforma en un intendente del diálogo; incluso dentro del oficialismo reclaman que los escuchen más. Si existe o no el convencimiento verdadero de acordar núcleos básicos con la oposición, sólo se observará con el paso del tiempo y las acciones concretas.
Por lo pronto, Llamosas tiene el jueves que abrir el período de sesiones del Concejo. Lo hará habiendo mostrado voluntad de entendimiento con todos los bloques y, por lo tanto, habrá despejado, al menos, un punto que suelen cuestionar las oposiciones.
El intendente se enfocará en la obra pública, expresará su convencimiento de que 2018 será un año de numerosas concreciones, entre los proyectos propios y los que están cofinanciados por la Provincia o la Nación.
El llamado de Llamosas a una oposición encabezada por el radicalismo obedece también a un objetivo y una especulación. Aspira a devolverle a la UCR el rol de actor fundamental en el esquema político riocuartense. Y ocurre justo cuando suena cada vez con más fuerza la versión de que el PRO pretende definir el próximo candidato a intendente y que ya está tentando a un empresario para asumir ese desafío. Esa irrupción podría alterar el escenario y quitarle la previsibilidad que ansía el oficialismo.
“Podrían haber hecho esas críticas otro día. No en la casa del intendente, cuando los llamamos para empezar a ponernos de acuerdo”, dijo Llamosas tras el encuentro. Enojado, envió a su secretario de Economía, Pablo Antonetti, a refutar con sus propios argumentos los del partido opositor.
Entonces, el funcionario rememoró las emisiones constantes del gobierno radical anterior y manifestó que una de las causas del déficit actual es, precisamente, la herencia que dejó la administración que se fue.
Ayer, Cambiemos volvió a la carga y le reclamó al intendente que desactive el crédito en dólares y lo reemplace por otro en pesos porque, de lo contrario, la Municipalidad corre demasiados riesgos.
La polémica no es novedosa. Lo que es nuevo es el contexto. Y, a decir verdad, si algo no aportan los cruces que se han sucedido desde que se produjo la convocatoria al diálogo, hace apenas cuatro días, es expectativa de que, por una vez, un proceso de ese tipo no se agote en una foto y nada más.
Es inusual que un gobierno convoque a la oposición. Y, cuando lo hace, habitualmente lo guía una necesidad coyuntural: para superar una crisis o conseguir la aprobación de un proyecto. Pero no suele ser un proceso ni una metodología permanente basada en una concepción política.
La inexistencia de ejemplos en el país provoca que, casi invariablemente, quienes impulsan un entendimiento con la oposición deban remontarse a otro continente y a otra época: la España de los 70 y el famoso Pacto de la Moncloa. Eso da la pauta de que los diálogos no son habituales, ni recientes. Ni argentinos.
¿Por qué decidió instrumentarlo ahora Llamosas? ¿Qué lo motivó y qué busca? En el ala menos dialoguista del gobierno, la convocatoria a Cambiemos provocó un resquemor, sobre todo por la historia reciente. Porque entienden que el intendente sentó a su mesa a quienes habían sido objeto de una ofensiva política por el bochornoso caso de Urú Curé y quienes, en teoría, deberían haber pagado los costos.
En ese punto, Llamosas dio un mensaje, por si quedaba alguna duda: no habrá guerra sin cuartel con Cambiemos, sino que todo seguirá dentro de los límites de la dinámica habitual de oficialismo y oposición.
Pero además, en el caso de la conexión clandestina de Urú Curé hubo una serie de declaraciones públicas y de movimientos subterráneos que contrariaron la posición que había adoptado Llamosas. El conflicto fue reabierto después de que él buscara cerrarlo a derivaciones políticas; su pretensión desde siempre fue encapsularlo en una decisión técnica del Emos y no tranformarlo en una temática de ataque a la oposición.
Con la convocatoria a Cambiemos, Llamosas apuntó a transmitir que a la línea política del gobierno la define él y nadie más que él y que la conducción está indubitablemente en sus manos.
Al intendente le interesaba especialmente esa foto.
Cuando salieron de la reunión, los concejales de Cambiemos estaban sorprendidos porque el jefe comunal no les había planteado ningún eje temático concreto. No les pidió la votación de un proyecto ni les detalló prioridades. Su interés era otro.
Los dos protagonistas llegaron a la reunión con concepciones diferentes de lo que debía ser. Llamosas quería imponer la imagen de él convocando e inaugurando un proceso de diálogo. Preparó, más que nada, un episodio gestual.
La oposición llegó con otra expectativa; esperaban que el intendente expusiera sus prioridades para el año legislativo y se prepararon para replicar con las propias. Por eso plantearon la deuda y el contrato con Cotreco: eran sus prendas de negociación.
Hubo un hecho que fue llamativo. El gobierno convocó al diálogo pero le cedió a la oposición el protagonismo. Cuando terminó la reunión, la versión que se impuso fue la de Cambiemos, centrada en sus críticas. Una maniobra comunicacional de manual habría sido que, inmediatamente, el gobierno saliera a exponer sus ejes e, incluso, a contrarrestar los cuestionamientos de la oposición. Sin embargo, no lo hizo. En el Palacio señalan que se trató de una decisión exclusiva de Llamosas: consideró que entrar en una polémica en ese momento hubiera desvirtuado el gesto de llamar al diálogo. Además, evaluó que la actitud hostil de la oposición terminaría siendo inocua para el Ejecutivo pero contraproducente para Cambiemos. “A la gente no le va a gustar que critiquen al intendente al lado de su oficina cuando los llamó para ponerse de acuerdo”, evaluó ante los suyos.
Por eso el oficialismo salió a contestar recién 24 horas después, una estrategia que desde lo comunicacional puede considerarse desacertada porque el gobierno no solamente entregó el escenario sino que, además, adoptó la agenda que llevó la oposición.
De todos modos, en lo político es pertinente el reproche que Llamosas está haciéndole a Cambiemos. La voluntad de que haya un diálogo se expresa en actitudes y no solamente en el discurso. La decisión de los concejales del frente opositor de cuestionar sin concesiones la política económica del oficialismo ni bien salieron del despacho del intendente no contribuyó, precisamente, a generar el clima necesario para un proceso de ese tipo.
Del otro lado, el déficit del oficialismo fue la carencia de agenda, el hecho de conformarse con lo gestual en vez de alimentarlo con contenido.
En ese contexto enrarecido ¿hacia dónde puede ir el diálogo? ¿Murió a poco de nacer? Desde los dos lados aseguran que no, que mantendrán los contactos.
Llamosas está convencido de que la gente ya no quiere una política basada en el conflicto y el enfrentamiento sino que, justamente, reclama acuerdos. A quienes le reprochan que el gobierno debe dejar de centrarse tanto en las obras para enfocarse en la política, les contesta con esa convicción. Sus acciones responden a una forma de ser pero también a la percepción de que está atendiendo a un imperativo de la sociedad.
Desde el inicio, ha sido un intendente de la no disputa, lo que no necesariamente lo transforma en un intendente del diálogo; incluso dentro del oficialismo reclaman que los escuchen más. Si existe o no el convencimiento verdadero de acordar núcleos básicos con la oposición, sólo se observará con el paso del tiempo y las acciones concretas.
Por lo pronto, Llamosas tiene el jueves que abrir el período de sesiones del Concejo. Lo hará habiendo mostrado voluntad de entendimiento con todos los bloques y, por lo tanto, habrá despejado, al menos, un punto que suelen cuestionar las oposiciones.
El intendente se enfocará en la obra pública, expresará su convencimiento de que 2018 será un año de numerosas concreciones, entre los proyectos propios y los que están cofinanciados por la Provincia o la Nación.
El llamado de Llamosas a una oposición encabezada por el radicalismo obedece también a un objetivo y una especulación. Aspira a devolverle a la UCR el rol de actor fundamental en el esquema político riocuartense. Y ocurre justo cuando suena cada vez con más fuerza la versión de que el PRO pretende definir el próximo candidato a intendente y que ya está tentando a un empresario para asumir ese desafío. Esa irrupción podría alterar el escenario y quitarle la previsibilidad que ansía el oficialismo.

