Opinión | martin-llaryora | Javier Milei |

Volver a la fuente, jugar al desgaste

Milei necesita relegitimar a su gobierno, ahora que flaquea la economía y la transparencia. ¿Llaryora negociará la reforma electoral? El gobernador manda a los intendentes a la primera línea

A veces, Javier Milei aplica un enfoque clásico de la política. O básico, según cómo se lo mire. Porque no hay una movida más de manual que la que el Presidente encaró a la vuelta de su gira político-artística por Israel: con una economía que se retrajo el 2,6% en febrero y sufrió la peor caída desde 2023, con un gabinete que padece el desgaste del escándalo Adorni, el gobierno optó por enviar la reforma electoral al Congreso con un doble propósito: recuperar la iniciativa y desviar la atención de los temas que hoy lo complican.

Milei llegó al poder asentado en dos grandes expectativas: a la economía iba a racionalizarla y modernizarla y a la política iba a limpiarla. Hoy, esos dos ejes aparecen, como mínimo, opacados ante los datos de la realidad. Las cifras positivas que surgen de la economía actual están demasiado alejados de la vida diaria de la gente, golpeada por la caída de la actividad y del consumo, y el supuesto diferencial de Milei, que era su cruzada por erradicar de la política la corrupción y el enriquecimiento personal de los dirigentes, viene siendo menoscabado por revelaciones como las de Libra o las del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, pero también por un discurso que baja desde la Casa Rosada y que relativiza ahora la centralidad de la ética libertaria: “No mataron a nadie” o “el kirchnerismo era peor”, suelen ser los argumentos con los que responde el mileísmo cuando le reprochan los departamentos y los viajes de Adorni o cuando sus funcionarios se benefician con los generosos créditos del Banco Nación.

Por más que el gobierno se defienda, o que lo relativice, o aunque el Presidente tuitee furibundo y noctámbulo contra la realidad, lo cierto es que dos de sus grandes activos ya no lo son tanto. Su pericia económica está en duda, así como su compulsión por la pureza política. En esos casos suele buscarse una vía de escape, que el gobierno parece querer encontrar en la reforma electoral. Los datos económicos son los que son pero el mileísmo sí puede tratar de gravitar sobre la construcción política.

Milei, o su gobierno, necesitan relegitimarse, recuperar al menos en parte algo de su discurso y de su papel de renovador de la práctica política. En la reforma electoral puede encontrarse una combinación de fundamentos electorales y políticos. La Libertad Avanza pretende eliminar las Paso, un mecanismo que terminó resultando odioso en medio del acentuado desprestigio de la política, sobre todo por cálculo electoral:¿para qué mantendría una instancia que a la gente no le gusta y que, encima, le ordenaría la interna a esa bolsa de gatos que hoy es el peronismo nacional?

Pero, además, a través de la reforma el gobierno pretende autodevolverse el papel de desactivador de curros: apunta a erradicar los aportes del Estado a los partidos y eleva generosamente los límites de las “donaciones” privadas. A un sector ese cambio puede resultarle simpático aunque la consecuencia sea que se profundiza la desigualdad electoral: ¿qué empresario va a poner plata en candidatos que no sean competitivos? Algunas fuerzas quedarían confinadas casi a la invisibilidad.

Y el gobierno también vuelve a la carga con Ficha Limpia para marcar nuevamente el contraste con el kirchnerismo: mientras la oposición tiene a algunas de sus figuras con condena firme, entre ellas el ícono es Cristina Kirchner, La Libertad Avanza no tiene ese problema. Al menos por ahora porque las causas contra Adorni, por ejemplo, son aún incipientes.

Pero ante el proceso político de deterioro que sufre el gobierno nacional es válido plantear una pregunta:¿el oficialismo estará realmente interesado en que se apruebe la reforma electoral?¿O tal vez sea más redituable que fracase al menos en parte? Si el Congreso la rechaza, Milei podrá volver a decir que, una vez más, el sistema político está evitando su depuración, que prefiere mantener sus privilegios y el status quo para que nada cambie.

Giuliano da Empoli, en su conocido libro El Mago del Kremlin, le hace decir a uno de sus personajes que las guerras hoy se libran principalmente en la mente de las personas y que lo importante es exacerbar el odio. Algo de esa frase parece resonar en la estrategia que Milei desarrolla, en este caso enfocada en la clase política.

El mileísmo, que ya no parece interesado en mostrarse como transparente sino como el menos opaco en la compulsa con el kirchnerismo, está decidido a pasar a la ofensiva. Algo de eso podría verse el miércoles, cuando Adorni concurra a Diputados a dar su informe. Previsiblemente, será bombardeado por su vertiginoso crecimiento patrimonial aunque la tropa mileísta ha venido amenazando en los pasillos del Congreso con que ellos también tienen carpetazos para desnudar miserias de los legisladores de la oposición. Será cuestión de ver quién sale más embarrado. “Están haciendo terrorismo”, contó un diputado.

Desde el momento en que se anunció, la reforma electoral empezó a ser motivo de negociación. Hay gobernadores que no quieren saber nada con eliminar las Paso porque es un mecanismo que les sirve en su propio territorio. En el caso de Córdoba, todavía no se conoció una postura oficial de Martín Llaryora. El bloque del gobernador ha votado dividido en las últimas leyes importantes pero siempre depositó una ficha funcional al gobierno nacional.

¿Qué hará ahora? Los diputados cordobeses aseguran que todavía no hay una línea definida. Pero podrían votar una eliminación de la obligatoriedad de las internas abiertas y discutir los demás aspectos de la reforma. Un rumor que está instalado en la política provincial es que el gobernador aceptaría aprobar las modificaciones en el marco de un acuerdo más general: pediría que, a cambio, el año próximo La Libertad Avanza no configure un esquema riesgoso para la continuidad del gobernador. “Eso es una ingenuidad”, dijo el diputado Carlos Gutiérrez en declaraciones periodísticas. En política, los pactos suelen ser al contado: sería curioso, más aún cuando Milei no ha cumplido casi ningún acuerdo, que Llaryora acepte entregar hoy los votos y reciba como contraparte una promesa a ejecutarse dentro de un año.

El gobernador, mientras tanto, mantiene su estrategia de exponer las consecuencias del mileísmo en el plano social. En la última semana lo hizo a través de los intendentes, que fueron en masa a golpear la puerta del Pami para que les pague las atenciones y los traslados que deben afrontar con sus presupuestos porque la obra social nacional arrastra deudas que, en algunos casos, llevan nueve meses. Fueron 150 jefes comunales de todo el interior provincial; entre ellos Guillermo De Rivas y Eduardo Accastello. En paralelo, Daniel Passerini, de Córdoba, desgranó en un foro de intendentes de todo el país los daños que está causando en los municipios la decisión nacional de retirarse de la escena en casi todos los planos.

En ese punto, el gobierno provincial se mostró como la contracara: recibió a 230 jefes comunales para decirles que, en un momento tan complicado como el actual, los va a acompañar. Aunque en el discurso hubo una salvedad: la Provincia va a continuar financiando las obras; no expresó que vaya a aportar fondos para afrontar gastos corrientes. No es un detalle menor. Esa es hoy la principal preocupación de los gobiernos locales.

Llaryora necesita que sus intendentes tengan índices elevados de imagen para que traccionen en la elección del año próximo. No es sencillo cuando los presupuestos flaquean. Aunque algunos municipios tienen herramientas para salir del paso. Río Cuarto, por ejemplo, acaba de recurrir al mercado y se encontró con inversores ávidos de instrumentos en pesos. Por eso, la Secretaría de Economía consiguió 6.500 millones en vez de 5.000 millones y a una tasa por debajo de la inflación pero atractiva para quienes buscan rendimientos razonables.

Para De Rivas esa inyección de fondos es un alivio. Al menos, le despeja el frente financiero. En paralelo, está la gestión. El intendente dispuso poner en marcha un plan para reparar las calles, la crítica principal que le aparece en las encuestas. “No se va a lucir nada de lo que hagamos mientras la ciudad esté llena de baches”, dice.

Hoy es, señalan en el Palacio de Mójica, la prioridad número uno, la más urgente. Pretenden cambiar la impresión de abandono de la infraestructura y de quietud de la gestión.