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Se salvó de milagro y presenció la condena a 18 años para el femicida

Maximiliano Martínez (28) admitió ayer que irrumpió en la casa de una vecina de Sampacho, la golpeó para robarle, abusó de ella y prendió fuego a la cama donde yacía. "Estoy muy arrepentido", dijo frente a la víctima

“Vos te quedás adentro. Hasta acá llegás”, la frase sonó como una sentencia a muerte para Ayelén Magallanes. El que la pronunció era el hombre que minutos antes de las 10 de la mañana del 14 de abril de 2019 se coló en su casa por un paredón que daba al patio, la golpeó salvajemente para robarle y, cuando la víctima se desvaneció, abusó sexualmente de ella.

Semejante acto brutal no concluyó ahí. Maximiliano Sergio Martínez, el intruso que días antes había sido contratado por la mujer para que le hiciera una mudanza, prendió fuego a las frazadas y al colchón de la cama donde yacía Magallanes para deshacerse de ella y así lograr su impunidad.

Martínez no se salió con la suya. Magallanes, malherida y rodeada por las llamas, sólo estaba en compañía de su fiel perra que murió incinerada en la habitación.

Al límite de sus fuerzas, la mujer sampachense, de 34 años, consiguió llamar la atención de sus vecinos y salvó su vida de milagro. Ayer, sentada en la primera fila de la sala de audiencias de la Cámara Primera del Crimen, escuchó cómo condenaban al femicida a la pena de 18 años de cárcel.

Violencia de género

¿Por qué catalogarlo como femicida si la víctima sobrevivió? Porque todo lo que Martínez hizo desde que irrumpió en la vivienda de calle Lavalle 781 de Sampacho se corresponde con la naturaleza de alguien que actúa como tal. Si no logró su objetivo, fue por razones ajenas a él.

Ayer, en el monitor que mostraba su rostro pétreo desde la cárcel de Río Cuarto, reconoció paso por paso el salvaje ataque y pidió perdón. “Estoy muy arrepentido de lo que he hecho”, se limitó a decir, sin rastro de conmoción.

Martínez, un hombre corpulento nacido en Laborde hace 28 años pasará las próximas dos décadas de su vida en la cárcel. A los 18 años que le aplicaron los jueces Daniel Vaudagna, Virginia Emma y Natacha García y los jurados populares, se le computarán otros tres años que tenía pendiente por un homicidio que cometió en la localidad cordobesa de Inriville.

La primera vez que estuvo preso mantuvo buena conducta en el penal y consiguió la libertad condicional. Ahora, por ser considerado reincidente, ya no gozará de ese beneficio. A lo único que puede aspirar es a recobrar la libertad tres meses antes de que se agote la nueva condena.

Martínez fue condenado en esta ocasión por los delitos de robo calificado por escalamiento, abuso sexual agravado y homicidio calificado por violencia de género (femicidio) y criminis causae, en grado de tentativa.

Al veredicto se llegó en un juicio abreviado. La condena a Martínez significó una bocanada para la sobreviviente, una mujer de aspecto frágil que, con entereza, siguió el acto de justicia que esperó desde hace un año y siete meses.

El querellante destacó el rol del Ministerio Público: “Se ocupó todo el tiempo de la víctima”

Benjamín Valverde, el abogado de Ayelén Magallanes, aclaró que como querellante no tenía posibilidad de intervenir ni de oponerse al acuerdo al que arribaron la defensa de Maximiliano Martínez, a cargo del asesor Pablo Demaría, y el fiscal de Cámara Julio Rivero.

“En lo que refiere a la cantidad de años, considero que podría haber sido un poco más alta. Pero no escapa a mi conocimiento que lo que le dieron a Martínez está dentro de los parámetros de lo que habitualmente son los fallos en tribunales”.

Antes de entrar a la sala, Valverde le había adelantado a su representada la posibilidad de que el juicio por jurado se resolviera en un trámite abreviado, es decir, que el acusado confesara los delitos y recibiera una pena atenuada.

En su alegato, Valverde destacó la actitud del Ministerio Público Fiscal. “Estuvieron cerca de la víctima en todo momento, desde la investigación penal preparatoria. En la etapa del juicio, el fiscal de Cámara Julio Rivero, la cuidó, la protegió, le explicó cada paso y se ocupó todo el tiempo de la víctima, algo que no siempre se veía, al menos hasta ahora”.

“Por eso quiero destacar el compromiso del fiscal de Cámara, que se tomó el tiempo y el trabajo de entrevistarse con la víctima y explicarle el motivo que lo llevó a hacer este acuerdo. Eso es muy importante para que la víctima llegado el momento del juicio no no se encuentre con una sorpresa”, recalcó el querellante.