Deportes | mas-deportes

Autitos con masilla

Hoy el Turismo de Carretera tiene un buen recuerdo. El 20 de junio de 1937 se autorizó la realización del primer Gran Premio de manera oficial
 
La radio estaba sobre una mesita, al costado de la gran mesa de piedra. Traíamos esa radio con mucho cuidado, en realidad, mi viejo la llevaba hasta el patio. Prolongador hasta el lavadero, que en el fondo tenía la casa. Prolongador para el enchufe. Encendido, el aparato se calentaba y desde adentro salía una voz que a mí no me era tan familiar como a la tarde de cada domingo, la de Fioravanti y después la de José María Muñoz.

Domingo más o menos a las 11, el Turismo Carretera se escuchaba acompañando la puesta a punto de brasas para el asado familiar y si era invierno, todo era adentro, en la cocina, con la olla para los fideos de la vieja.

Pero según qué radio se agarrara, o mejor con cuál de Buenos Aires conectara la emisora de AM local, seguíamos las carreras.

Tengo metidos en el oído nombres como Andrés Rouco, Isidro González Longhi, Eduardo Emilio D’Agostino, Alberto Hugo Cando, Carlos Legnani y Eduardo González Rouco, entre otros.

Desde los agujeritos de la radio derrapaban los autos y se nos contaba cómo iba una carrera. ¡Llamando el avión! y el seguimiento por ruta de los autos de punta nos parecía fantástico.

Los avisos publicitarios llenos de velocidad y que quedaron para siempre : “A la corta o a la larga lo mejor para su carga…”, ”De la Quiaca a Río Negro Acoplados Montenegro”, “Nafta tanto…sienta la diferencia en el pie derecho”.

Ese top para Mouras…top para Di Palma y los tiempos, que si en la transmisión estaba el maestro riocuartense Mario Palacio, salían ahí nomás sin necesidad de calculadoras.

Hoy el TC tiene un buen recuerdo. El 20 de junio de 1937, se autorizó la realización del primer Gran Premio de manera oficial, ya que se corría desde años atrás, sin demasiadas reglamentaciones. Su participación era restringida solamente a autos de carrocería cerrada, la extensión de la prueba debía superar los 1.000 kilómetros recorriendo diferentes caminos de provincias, a una velocidad máxima de 120 km. Se largó el 5 de agosto y Ángel Lo Valvo, con Ford V8, bajo el seudónimo de Hipómenes, ganó la prueba. En cuanto al campeonato, el piloto Eduardo Pedrazzini fue el primer campeón argentino de velocidad de la historia, al proclamarse campeón a bordo de una coupé Ford V8 y ganar la última competencia desarrollada el 12 de diciembre, la cual recibió el nombre de las 1.000 Millas Argentinas. En la primera carrera se destacaron nombres como Tadeo Taddia, emblema de Chevrolet, Héctor Supicci Sedes, uruguayo él, y los chilenos Daly y Varoli.

Ya en el 38, Ricardo Risatti, el cordobés nacido cerca de Vicuña Mackenna, se consagró campeón argentino de automovilismo único, sin diferencia de categorías.

A partir del 39 el Turismo Carretera tendría sus campeones.

Fue justamente Ángel Lo Valvo, el primero, y los dos años siguientes el nombre de Juan Manuel Fangio le puso lustre al título de campeón.

Nosotros en el barrio teníamos nuestro propio TC en la vereda con el cordón de la misma por camino o bien por circuitos que armábamos en algún baldío, tratando de no molestar a la canchita de fútbol.

Y allí, llenando nuestros autos con masilla, empujábamos los bólidos, con reglamentos que cambiaban según el barrio y con un relato que pretendía parecer a los de los domingos al mediodía en la radio.

Por la vereda corrieron sin saberlo los Gálvez, los Emiliozzi, Rodolfo de Alzaga, Marcos Ciani, Armando J. Ríos, Gastón Perkins, Carlos Loeffel y Félix Peduzzi, entre otros.

Y a veces, de la mano de nuestros mayores, íbamos a ver pasar el Gran Premio a la ruta. Toda una maravilla de imaginación y polvareda.

Lo que ha significado la categoría a lo largo de los años todos lo saben. Recordar que estuvo parada entre el 41 y 47 por la falta de combustible debido a la guerra.

Con el correr de los años, nombres como Gradassi, Copello, Pairetti, Mouras, Traverso, Aventín, Martinez Boero, Bordeu, Di Palma, Castellano y muchos más, nos fueron trayendo a este hoy en el que la lucha de marcas se hace cada vez más enconada y los circuitos ya no son callejeros, cosa que ocurrió a partir de 1998. Y se llenan de fanáticos, los autódromos y las ciudades que los contienen.

En nuestra provincia lo contaban por la radio y ya por la tele Sprinter, José Ayi, Héctor Acosta, Jorge Alejandro Cárdenas y su hermano Mario Palacio, entre otros.

Aquellas ciudades que conocimos por las carreras mismas y la procedencia de los pilotos (Arrecifes, Olavarría, Hughes, etc) mantienen el fuego del TC encendido y lo trasladan a cada lugar del país en donde se corre. Hace 32 años se corrió en rutas de La Pampa el último Gran Premio de la historia del TC. Fue una carrera que marcó el cierre de una era romántica y difícil de competencias en ruta abierta con muy altas velocidades. Fue la única victoria de Pedro Doumic con Dodge y con un promedio de 248 kilómetros por hora y también la consagración de Oscar Angeletti como campeón 1986. Fueron tres etapas con más de 1.500 kilómetros de recorrido bajo un intenso calor.

82 años atrás se autorizó el Gran Premio de Turismo Carretera. Y desde allí no ha parado de dar emociones, alegrías, tristezas e innumerables historias deportivas y de vida.

Salud entonces. Por las rutas, las pistas y nuestros autitos con masilla.



Osvaldo Alfredo Wehbe