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César “Gringo” Marchesi, un precursor del motocross

Fue uno de los valientes que corrían con motos de calle preparadas para saltar y doblar en velocidad arando la tierra. Luego, con la llegada de las importadas, continuó compitiendo con los mejores en todo el país
 
Muchos han sido testigos de aquellas jornadas inolvidables del motocross en Río Cuarto. Miles de personas iban a ver a los valientes de las dos ruedas que con motos nacionales saltaban o doblaban en velocidad arando la tierra. Fue en los últimos años de los setenta y los primeros de los ochenta. 

Primero, en circuitos cercanos al río y luego en estadios de fútbol. En ambos escenarios, con un lleno total.

César Marchesi fue uno de esos protagonistas, hasta se consagró campeón provincial en 1976. Puntal, en el espacio “Te acordás de...” dialogó con él y nos recordó algunas de esas vivencias.

“Fueron épocas muy lindas porque recién se empezaba. No se conocía el motocross acá. A la gente le gustaba mucho y recuerdo que iba mucho público a cada circuito. Todo comenzó en el circuito El Paso del Indio, en el barrio Alberdi al fondo, a la orilla del río.

Vino un hombre de Buenos Aires con la idea y Aníbal Tejera fue el que hizo la pista”, así sintetiza el Gringo Marchesi aquellos años de oro de esta especialidad del motociclismo. 

- ¿Qué lo llevó a correr?

- Yo siempre corrí. Antes lo hacía en velocidad. Me invitaron a probar el motocross y me gustó. Yo en esa época estaba trabajando en Pagano, que era una concesionaria de motos. Vino el equipo Gilera y me invitaron.

- Y luego se produjo el boom.

- Claro. Después se hizo otro circuito y comenzaron a haber muchos pilotos, no sólo de acá sino también de otras ciudades.

Después comenzamos a viajar a otros lugares como Río Ceballos, que la llamaban la capital del motocross, a Córdoba, a Mendoza, a La Rioja. Todos los domingos había carreras en todos lados. Y lo lindo es que nos pagaban todo a los pilotos y los mecánicos. Y además había muy buenos premios. No te digo que podíamos vivir de eso, pero corríamos en todos lados.

Después con el Pachi Albornoz y el Flaco Gaggio impulsamos la idea de hacer carreras dentro de una cancha de fútbol. La primera fue en Atenas y fue un éxito total. Eso fue en 1978.

Ellos tenían que arreglar el piso y entonces se la alquilamos. Nos arriesgamos y fue un éxito.

Tan es así que en el último viernes que se corrió vino la policía y cerró la puerta de entrada porque no entraba más nadie. Quedó mucha gente afuera.

- Cuántos recuerdos de aquellas motos.

- Sí. Nosotros corríamos con Gilera o con Zanella hasta que llegaron las importadas. Por entonces venían las Suzuki, Kawasaki, Yamaha y Honda.

En el 79 compré una refrigerada por aire y al año siguiente corrí con una que me dio un equipo de Buenos Aires. Era una de la concesionaria Tamarindo. Hacía como seis meses que no competía y me llamaron para que la usara. 

Dos años más tarde yo compré una denominada aguatera. Con esa corrí unas siete y ocho carreras. Después de ahí se fue el dólar por las nubes y se hizo imposible seguir. Pasó a valer más la moto que mi casa. Así que la vendí. 

Y ahí se terminó el motocross porque no entraron más las motos, se cerró la importación. 

- Una diferencia abismal entre una moto y otra, digo por las nacionales y las importadas.

- Sí, claro, las motos con las que corríamos eran con las que andábamos en la calle puesta a cross. Había que prepararlas. Acá no se conocían la cubiertas con tacos. Comprábamos la Imperial Cor que venía con cuadraditos y con una maquinita le sacábamos cuadradito de por medio. Pero te imaginás el taquito que tenía. Y los porteños venían con gomas especiales. Además de las suspensiones. Estaban más adelantados que nosotros.

Por eso en el 79 se hizo la categoría Internacional, porque entraban baratas las motos y corrías un año o dos sin hacerle nada a la moto. En cambio con las otras había que repararlas a diario.

- ¿Hasta cuándo corrió?

- Hasta el año 81. 

- ¿Después no se vinculó más con las motos?

- No.