Te acordás de... Jorge Saravia. Nació en Villa Mercedes y hace 20 años que está radicado en Río Cuarto. Comenzó a correr de muy chico, hoy lo sigue haciendo y se destaca en cuanta competencia participa.
Tiene una historia muy particular de cómo se inició en el deporte base y así la resume: “Tengo que volver a cuando era niño, a los nueve años. Mi papá trabajaba en la Quinta Brigada Aérea en Villa Mercedes y había un taller aeronáutico en el centro de la ciudad en el que se hacía la rectificación de los motores.
Yo era el que iba a buscar los bizcochitos del taller a la panadería y a las 11 le llevaba la plata a mi mamá para que hiciera la comida. Había aproximadamente unos dos mil metros.
Empecé caminando, recuerdo que lo hacía rezongando. Luego un pedazo lo trotaba y cuando me di cuenta hacía ese tramo corriendo.
Resulta que en ese trayecto pasaba por la plaza y frente a ella había una despensa muy grande del señor Silvestre Milone, quien estaba en la asociación de atletismo en el club Aviador Origone.
Un día me vio pasar y me llamó, pero yo no paraba, hasta que se cruzó y me dijo que quería hablar conmigo porque me veía que corría mucho. Y yo le conté que lo hacía porque era el boyero del taller.
Él me invitó a ir a la pista justo y me dijo que había un torneo, pero a mi papá en esa época decirle que me iba a ir a un torneo de atletismo era como si le contara que me iba de mi casa.
Así que hice todo el arreglo con mi mamá para escaparme. Averigüé bien el horario de la carrera, era a las once, y sobre tres mil metros con gente que estaba entrenada”, recuerdó velozmente.
- ¿Y cómo le fue?
- Muy bien. Resulta que cuando se produce el momento de la largada para mí los otros salieron trotando. Entonces yo salí a correr y le saqué media vuelta al segundo. Por ahí lo que pasó es que yo tenía 10 años y los otros eran más grandes.
Cuando terminé aquel hombre que me había invitado fue a mi casa a pedirles a mis padres que por favor me dejaran correr porque era muy bueno. Eso trajo algunos problemas, pero con el tiempo me dejaron.
Me acuerdo que luego Milone me pasaba a buscar en su Estanciera para ir a entrenar y me daba alimentos para consumir que hoy no se usan, como el maíz para tener fuerza o jaleas para incorporar calorías. Yo me sentía muy apoyado por él y eso me daba más ganas de seguir.
- ¿Y de allí, para siempre ligado con el atletismo?
- Sí, no lo largué más, aunque en alguna época jugué al fútbol también. Lo hice en el club Aviador Origone. Era wing izquierdo. Era veloz e incansable. Tenía de técnico a Carlos Lucero, que luego fue secretario de Deportes y nos ayudó muchísimo en el atletismo.
- ¿Qué etapa disfrutó más, la de jóven o bien esta de la experiencia?
- Son distintas. Yo disfruté siempre. Hasta los 55 años corría en 37 minutos los diez kilómetros. Hice La Pampa Traviesa, de 42K, en 2 horas y 40 minutos, con 57 años. Hice 13 maratones de esa distancia y en las tres últimas de ellas estaba corriendo en 3’40” el kilómetro. Pero siempre con holgura, nada de ir exigido.
-¿Qué carrera le quedó por hacer?
- Me hubiese gustado ir al Mundial Masters de Finlandia, pero era muy lejos y no me animé. Y eso que tenía el apoyo de mi familia y hasta de un sponsor. Había ganado el Sudamericano en Rosario de 21K y eso me permitía ir a esa competencia.
- Se viene la Maratón de los Dos Años y es usted el que más veces ha corrido en los 40 años de vida de esta competencia, ¿qué sensación tiene?
- Es una carrera que espero todos los años. Uno corre cómodo porque te lo hacen sentir los organizadores. He logrado 36 podios entre primero y segundo. Sólo falté a dos. Una por una lesión y otra porque me fui a la San Silvestre en Brasil. Entré 240 entre doce mil participantes. Una carrera durísima de 15 kilómetros, con muchas subidas.
Yo era el que iba a buscar los bizcochitos del taller a la panadería y a las 11 le llevaba la plata a mi mamá para que hiciera la comida. Había aproximadamente unos dos mil metros.
Empecé caminando, recuerdo que lo hacía rezongando. Luego un pedazo lo trotaba y cuando me di cuenta hacía ese tramo corriendo.
Resulta que en ese trayecto pasaba por la plaza y frente a ella había una despensa muy grande del señor Silvestre Milone, quien estaba en la asociación de atletismo en el club Aviador Origone.
Un día me vio pasar y me llamó, pero yo no paraba, hasta que se cruzó y me dijo que quería hablar conmigo porque me veía que corría mucho. Y yo le conté que lo hacía porque era el boyero del taller.
Él me invitó a ir a la pista justo y me dijo que había un torneo, pero a mi papá en esa época decirle que me iba a ir a un torneo de atletismo era como si le contara que me iba de mi casa.
Así que hice todo el arreglo con mi mamá para escaparme. Averigüé bien el horario de la carrera, era a las once, y sobre tres mil metros con gente que estaba entrenada”, recuerdó velozmente.
- ¿Y cómo le fue?
- Muy bien. Resulta que cuando se produce el momento de la largada para mí los otros salieron trotando. Entonces yo salí a correr y le saqué media vuelta al segundo. Por ahí lo que pasó es que yo tenía 10 años y los otros eran más grandes.
Cuando terminé aquel hombre que me había invitado fue a mi casa a pedirles a mis padres que por favor me dejaran correr porque era muy bueno. Eso trajo algunos problemas, pero con el tiempo me dejaron.
Me acuerdo que luego Milone me pasaba a buscar en su Estanciera para ir a entrenar y me daba alimentos para consumir que hoy no se usan, como el maíz para tener fuerza o jaleas para incorporar calorías. Yo me sentía muy apoyado por él y eso me daba más ganas de seguir.
- ¿Y de allí, para siempre ligado con el atletismo?
- Sí, no lo largué más, aunque en alguna época jugué al fútbol también. Lo hice en el club Aviador Origone. Era wing izquierdo. Era veloz e incansable. Tenía de técnico a Carlos Lucero, que luego fue secretario de Deportes y nos ayudó muchísimo en el atletismo.
- ¿Qué etapa disfrutó más, la de jóven o bien esta de la experiencia?
- Son distintas. Yo disfruté siempre. Hasta los 55 años corría en 37 minutos los diez kilómetros. Hice La Pampa Traviesa, de 42K, en 2 horas y 40 minutos, con 57 años. Hice 13 maratones de esa distancia y en las tres últimas de ellas estaba corriendo en 3’40” el kilómetro. Pero siempre con holgura, nada de ir exigido.
-¿Qué carrera le quedó por hacer?
- Me hubiese gustado ir al Mundial Masters de Finlandia, pero era muy lejos y no me animé. Y eso que tenía el apoyo de mi familia y hasta de un sponsor. Había ganado el Sudamericano en Rosario de 21K y eso me permitía ir a esa competencia.
- Se viene la Maratón de los Dos Años y es usted el que más veces ha corrido en los 40 años de vida de esta competencia, ¿qué sensación tiene?
- Es una carrera que espero todos los años. Uno corre cómodo porque te lo hacen sentir los organizadores. He logrado 36 podios entre primero y segundo. Sólo falté a dos. Una por una lesión y otra porque me fui a la San Silvestre en Brasil. Entré 240 entre doce mil participantes. Una carrera durísima de 15 kilómetros, con muchas subidas.

