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El país corría con el Lole

Criticado de manera desmedida por el habitual “panquequismo nacional”, Carlos Reutemann generó que se volviera a hablar de la Fórmula 1 en la Argentina

Esta semana murió Niki Lauda. Cuando la noticia llegó y se desparramó, recordando su carrera, su tremendo accidente en 1976 y aquello de “el hombre que volvió de la muerte”, más la enorme cantidad de triunfos logrados, no pude sino pensar en cómo esa época nos atrapó de la mano de Carlos Reutemann.

Como siempre, los futboleros nos apropiamos de otros deportes para hablar en los bares, las fábricas o los colegios, presumiendo de saberla lunga. Pasó con Vilas y pasa con Del Potro, con Demiddi en remo, con Las Leonas o Los Pumas en hockey y rugby, con Pareto en judo y demás.

Algo de eso ocurrió con la campaña del Lole en la Fórmula 1. La presencia del santafesino fue motivo de culto no sólo para los entendidos y fanáticos “tuerca”, sino también para los ignorantes absolutos del tema.

El seguimiento televisivo en las madrugadas de los domingos en blanco y negro y las transmisiones radiales con los relatores en los circuitos más conocidos del mundo se hicieron costumbre. Y a partir de Reutemann aprendimos los nombres y apellidos de todos los pilotos y marcas de la máxima categoría internacional.

Un 23 de enero de 1972, en el trazado número 9 del autódromo municipal de la ciudad de Buenos Aires, debutó Carlos Alberto Reutemann en la Fórmula 1. Tenía 29 años.

Largó en primera fila junto al escocés Jackie Stewart. El Lole, a bordo de un Brabham, terminó séptimo, con dos vueltas menos que el ganador, justamente Stewart, con Tyrrel.

Había debutado en automovilismo el 30 de mayo de 1965, en una carrera de Turismo Mejorado en la ciudad de La Cumbre, a bordo de un Fiat 1500, en la cual abandonó. Sin embargo, su primer triunfo no tardó en llegar, el 11 de julio de ese mismo año, a bordo del mismo auto en Carlos Paz.

Luego de coronarse campeón de Turismo en las temporadas 1966-67, pasó a competir en Sport Prototipos, Turismo de Carretera (con un Ford Falcon) y Fórmula 1 Mecánica Argentina y participó en la serie internacional reservada para coches de Fórmula 2 desarrollada en noviembre y diciembre de 1968 en la Argentina.

A partir de 1970 viajó a Europa como integrante del equipo del Automóvil Club Argentino, coordinado por Héctor Staffa, para participar en el campeonato Europeo de Fórmula 2 y obtuvo el subcampeonato, detrás de Ronnie Peterson, en el año 1971. Esto le valió una invitación a participar en la carrera de Brands Hatch a fines de ese año, sin puntos para el campeonato, y la contratación para 1972 como segundo piloto de Brabham, junto a Graham Hill.

Entonces, en enero del 72, Reutemann se instalaba en los hogares argentinos en cada carrera de Fórmula 1. Gobernaba Lanusse, San Lorenzo ganaría los dos torneos de AFA y el día del debut del Lole en el autódromo capitalino cumplía 22 años el Flaco Spinetta, que cantaba su “Muchacha Ojos de Papel” a través de los tocadiscos y la radio.

Bien tempranito los domingos, los trasnochados mirábamos la largada y por ahí dormitábamos un rato, hasta que alguno avisaba que entraban en las últimas vueltas.

Esperábamos por el Lole mientras el duelo Fittipaldi-Stewart tenía en vilo al mundo.

Reutemann nació el 12 de abril de 1942 en Santa Fe y fue subcampeón del mundo en 1981, con Williams, apenas un punto detrás de Nelson Piquet, campeonato definido en el Gran Premio de Las Vegas. Con 39 años, Reutemann no pudo lograrlo: al terminar octavo y Piquet, con Brabham, finalizar quinto, el brasileño le arrebató la posibilidad de ser campeón. 50 a 49 fue el puntaje final de la temporada.

Corrió con Brabham (72-76), Ferrari (76-78), Lotus (79) y Williams (80-82). En su paso por la máxima categoría obtuvo 12 victorias por el campeonato, 2 no puntuables, y 6 pole positions en 144 carreras, a pesar de haber sido segundo piloto de equipo varias veces. Todo un éxito si se lo mira con los ojos de hoy. Muchos piensan que de no haberse retirado en el comienzo de la temporada del 82 podría haber logrado el título. Cuando se le preguntó al respecto, su respuesta fue directa: "Cuando pienso en eso recuerdo que, cuando era chico, tenía que ir a la escuela a caballo... y de ahí llegué a ser piloto de Fórmula 1. Ese placer no me lo va a quitar nadie".

El exitismo habitual de los argentinos cayó siempre sobre la carrera de Reutemann. Desde aquella competencia en la cual se quedó sin nafta en Buenos Aires en 1974, ante casi 100 mil personas en el autódromo, hasta el campeonato perdido ante Piquet fueron usufructuados para la burla o la crítica impiadosa. Tengo la sensación de que no lograron, y más con el paso del tiempo, manchar una trayectoria intachable y ganadora.

Carlos Reutemann fue considerado, además, un gran probador, un tester de lujo.

Seguramente merecía la placa de campeón, no porque fuera indispensable para el reconocimiento de la gente, sino por y para él. Una palmada del destino que respaldara definitivamente su gran esfuerzo.

Hombre de pocas palabras, para nada mediático. Su último triunfo fue en Zolder (Bélgica) el 17 de mayo de 1981. Ese día, a su vez, completó 15 competencias consecutivas en posiciones puntuables y estableció un récord, ya que superó a Fangio, que totalizaba 14. Su Williams ganó esa carrera, parada por la lluvia cuando quedaban 15 giros, y el segundo fue Jacques Lafitte.

Carlos Reutemann fue y es hombre de la política argentina. Gobernador de su provincia y senador nacional.

Aquí resaltamos al brillante piloto, que debió soportar a ese tropel de panqueques que interpretamos los argentinos en casi todos los momentos al dar lástima y sentenciar al segundo como el primero de los últimos.

A la par del revés de Vilas o las piñas de Monzón, Carlos Reutemann fue una figura relevante en esos buenos viejos tiempos.

Aplausos y una bandera a cuadros. La que le baja el automovilismo argentino por haber llegado tan alto.



Osvaldo Alfredo Wehbe