Los tiempos del bolo punch
Ray Sugar Leonard
Hay tipos cargosos en el colegio, en la oficina, en los recuerdos de los tiempos de la colimba, en la familia. Hay uno pesado, buen tipo, pero cargoso.
Cuando íbamos al entrenamiento del club de la Liga, en donde uno se ilusionaba con llegar a ser un crack, (para nada logrado), comenzó a practicar su costumbre el Negro Meléndez, que así le decíamos porque jugaba de dos y en homenaje al peruano de Boca Juniors. De apellido Carloni, el Negro le pegaba de punta y para arriba a la pelota y a los rivales, así que lo de Meléndez, era imaginación pura.
La cuestión es que la costumbre del Negro comenzó cuando por la tele se empezó a ver a Ray Sugar Leonard. Y entonces, desde ese día, nuestro compañero estuvo meses, meta bolo punch, bolo punch y bolo punch. Y te daba en los brazos y hacía sombra y tiraba piñas para un lado y otro. Leonard, el tal Ray Sugar, en lo que terminó siendo en el apodo un enorme homenaje a Robinson, llenaba de boxeo las pantallas, los rings y peleaba como si en fútbol jugara el Brasil del 70.
Ray Charles Leonard nació el 17 de mayo de 1956, en Wilmington, Carolina del Norte, en los Estados Unidos. Anda por los 61 años.
Leonard, quien lleva el nombre de Ray Charles, ya que su madre pretendía fuera músico, realizó 150 peleas como amateur, de las cuales ganó 145 y perdió el resto.
En los rincones boxísticos de los EE.UU., su nombre circulaba permanentemente.
Era Golden Boy, el sucesor de los más grandes, el bailarín, el muchacho del Bolo Punch y un andar sobre los cuadriláteros elegante y efectivo.
En 1975 se consagró campeón Panamericano y un año más tarde su imagen recorrió el mundo, cuando en Montreal ganó la medalla dorada de la categoría wélter juniors al vencer al cubano Andrés Aldama.
El sábado 5 de febrero de 1977, en Baltimore, subió por primera vez, en el campo rentado y derrotó por puntos en seis vueltas a Luis Vega.
Tenía 20 años. Y ganaría sus primeras 23 peleas profesionales, antes de verse cara a cara, con su compatriota Pete Ranzani, por el título norteamericano de los wélteres.
Era el 12 de agosto de 1979 en Las Vegas y su victoria fue categórica.
En ese lugar, en medio del color del dinero y el ruido del centro de los juegos del mundo, allí en Las Vegas, el 30 de noviembre de 1979 le ganó en el decimoquinto round al puertorriqueño Wilfredo Benítez y se consagró, por primera vez, campeón del mundo entre los wélteres. Benítez se había coronado como el más joven campeón del mundo de la historia, cuando en el 76, a los 17 años, le había ganado a Kid Pambelé, en wélter juniors y había obtenido el cetro de la categoría inmediata superior, en enero del 79 ante Carlos Palomino. Ese mismo Benítez protagonizó con Leonard una de las grandes peleas de la historia. Leonard comenzaba un camino de gloria que tendría altibajos, más por cuestiones físicas que técnicas.
En 1980 se topó con Roberto “Mano de Piedra” Durán.
Favorito para todos, Leonard no pudo descifrar a un peleador callejero, como era el panameño, que le ganó en Montreal ante el asombro del mundo; menos del gran Durán, que había logrado llevarlo al terreno que más le gustaba, el de la fricción y el cuerpo a cuerpo.
Se sabe que Leonard se repuso al poco tiempo, en noviembre de ese mismo año en Nueva Orleans, cuando “Mano de Piedra” se enojó de pura impotencia y se bajó en el octavo.
El 25 de junio de 1981 fue la hora del título mediano junior: superó claramente a Ayub Kalule en Houston. En septiembre de ese 81, llenó sus bolsillos en una pelea millonaria ante Tommy Hearns, la Cobra de Detroit, a quien derrotó en la vuelta 14.
Llegaría su primer retiro. En Worcester, después de dos años de inactividad (corría mayo del 84) y por desprendimiento de retina, Leonard anunció que se iba. Tenía 27 años y ese día derrotó por nocaut técnico en el noveno a Kevin Howard y sufrió la primera caída de su carrera.
Por estos días recordamos el acontecimiento de abril de 1987. El lunes 6, en el Caesar´s Palace de Las Vegas, a los 30 años, Ray Sugar Leonard derrotó por puntos en fallo dividido a su compatriota Marvin Hagler, de 32 años, quien realizaba la decimotercera defensa de su título mediano. Dos jueces lo vieron ganar y el otro, perder. De esa manera, Leonard festejó su cuarta corona.
Como detalle, en el preliminar, Juan Domingo Roldán le ganó por nocaut técnico en el noveno a James Kinchen.
Se volvió a retirar. O amagó a hacerlo. Pero el lunes 7 de noviembre de 1988, con 32 pirulos, también en Las Vegas, obtuvo las coronas mundiales Supermediano de la Federación y Mediopesado del Consejo al derrotar en la vuelta 9 al canadiense Donny Lalonde. Sugar era el primer boxeador en festejar dos coronas en una misma pelea. Inaudito.
Al año siguiente se produce el segundo choque contra Tommy Hearns. Empató en fallo dividido, en una tremenda contienda, que lo tuvo dos veces en la lona. Hubo tiempo para una tercera con Durán, que ganó por puntos en un combate abucheado por el público, en diciembre de ese 89.
Parecía que allí terminaría su historia. Pero prefirió regresar a los rings, y en el 91 en el Madison Square Garden, perdió por puntos, en fallo unánime ante Terry Norris. Era la primera vez que Leonard peleaba en ese mítico lugar.
El 1° de marzo de 1997, con 40 años de edad, tras seis retirado del boxeo, y después de haber entrado en el Salón Internacional de la Fama del Boxeo, perdió en Atlantic City por nocaut técnico en el 5º asalto, en el peso medio, ante el puertorriqueño Héctor Camacho, en un último intento de volver a sentir la gloria en un ring. Llegó a los 40 combates con 36 victorias, tres derrotas y una igualdad.
Y más allá de esos últimos intentos, de cierta imagen desteñida; lo de Leonard fue excelso. De un boxeo casi único. Y como el auténtico Ray Sugar, el Robinson, Leonard ya es leyenda en el boxeo.
Lo saludamos a la distancia, cerca de un nuevo aniversario de su tremenda pelea contra Hagler, en el 87.
Todo, más allá de haber sido musa inspiradora del cargoso del Negro Meléndez, que andaba meta bolo punch, atormentando los brazos ajenos.
Osvaldo Alfredo Wehbe
Cuando íbamos al entrenamiento del club de la Liga, en donde uno se ilusionaba con llegar a ser un crack, (para nada logrado), comenzó a practicar su costumbre el Negro Meléndez, que así le decíamos porque jugaba de dos y en homenaje al peruano de Boca Juniors. De apellido Carloni, el Negro le pegaba de punta y para arriba a la pelota y a los rivales, así que lo de Meléndez, era imaginación pura.
La cuestión es que la costumbre del Negro comenzó cuando por la tele se empezó a ver a Ray Sugar Leonard. Y entonces, desde ese día, nuestro compañero estuvo meses, meta bolo punch, bolo punch y bolo punch. Y te daba en los brazos y hacía sombra y tiraba piñas para un lado y otro. Leonard, el tal Ray Sugar, en lo que terminó siendo en el apodo un enorme homenaje a Robinson, llenaba de boxeo las pantallas, los rings y peleaba como si en fútbol jugara el Brasil del 70.
Ray Charles Leonard nació el 17 de mayo de 1956, en Wilmington, Carolina del Norte, en los Estados Unidos. Anda por los 61 años.
Leonard, quien lleva el nombre de Ray Charles, ya que su madre pretendía fuera músico, realizó 150 peleas como amateur, de las cuales ganó 145 y perdió el resto.
En los rincones boxísticos de los EE.UU., su nombre circulaba permanentemente.
Era Golden Boy, el sucesor de los más grandes, el bailarín, el muchacho del Bolo Punch y un andar sobre los cuadriláteros elegante y efectivo.
En 1975 se consagró campeón Panamericano y un año más tarde su imagen recorrió el mundo, cuando en Montreal ganó la medalla dorada de la categoría wélter juniors al vencer al cubano Andrés Aldama.
El sábado 5 de febrero de 1977, en Baltimore, subió por primera vez, en el campo rentado y derrotó por puntos en seis vueltas a Luis Vega.
Tenía 20 años. Y ganaría sus primeras 23 peleas profesionales, antes de verse cara a cara, con su compatriota Pete Ranzani, por el título norteamericano de los wélteres.
Era el 12 de agosto de 1979 en Las Vegas y su victoria fue categórica.
En ese lugar, en medio del color del dinero y el ruido del centro de los juegos del mundo, allí en Las Vegas, el 30 de noviembre de 1979 le ganó en el decimoquinto round al puertorriqueño Wilfredo Benítez y se consagró, por primera vez, campeón del mundo entre los wélteres. Benítez se había coronado como el más joven campeón del mundo de la historia, cuando en el 76, a los 17 años, le había ganado a Kid Pambelé, en wélter juniors y había obtenido el cetro de la categoría inmediata superior, en enero del 79 ante Carlos Palomino. Ese mismo Benítez protagonizó con Leonard una de las grandes peleas de la historia. Leonard comenzaba un camino de gloria que tendría altibajos, más por cuestiones físicas que técnicas.
En 1980 se topó con Roberto “Mano de Piedra” Durán.
Favorito para todos, Leonard no pudo descifrar a un peleador callejero, como era el panameño, que le ganó en Montreal ante el asombro del mundo; menos del gran Durán, que había logrado llevarlo al terreno que más le gustaba, el de la fricción y el cuerpo a cuerpo.
Se sabe que Leonard se repuso al poco tiempo, en noviembre de ese mismo año en Nueva Orleans, cuando “Mano de Piedra” se enojó de pura impotencia y se bajó en el octavo.
El 25 de junio de 1981 fue la hora del título mediano junior: superó claramente a Ayub Kalule en Houston. En septiembre de ese 81, llenó sus bolsillos en una pelea millonaria ante Tommy Hearns, la Cobra de Detroit, a quien derrotó en la vuelta 14.
Llegaría su primer retiro. En Worcester, después de dos años de inactividad (corría mayo del 84) y por desprendimiento de retina, Leonard anunció que se iba. Tenía 27 años y ese día derrotó por nocaut técnico en el noveno a Kevin Howard y sufrió la primera caída de su carrera.
Por estos días recordamos el acontecimiento de abril de 1987. El lunes 6, en el Caesar´s Palace de Las Vegas, a los 30 años, Ray Sugar Leonard derrotó por puntos en fallo dividido a su compatriota Marvin Hagler, de 32 años, quien realizaba la decimotercera defensa de su título mediano. Dos jueces lo vieron ganar y el otro, perder. De esa manera, Leonard festejó su cuarta corona.
Como detalle, en el preliminar, Juan Domingo Roldán le ganó por nocaut técnico en el noveno a James Kinchen.
Se volvió a retirar. O amagó a hacerlo. Pero el lunes 7 de noviembre de 1988, con 32 pirulos, también en Las Vegas, obtuvo las coronas mundiales Supermediano de la Federación y Mediopesado del Consejo al derrotar en la vuelta 9 al canadiense Donny Lalonde. Sugar era el primer boxeador en festejar dos coronas en una misma pelea. Inaudito.
Al año siguiente se produce el segundo choque contra Tommy Hearns. Empató en fallo dividido, en una tremenda contienda, que lo tuvo dos veces en la lona. Hubo tiempo para una tercera con Durán, que ganó por puntos en un combate abucheado por el público, en diciembre de ese 89.
Parecía que allí terminaría su historia. Pero prefirió regresar a los rings, y en el 91 en el Madison Square Garden, perdió por puntos, en fallo unánime ante Terry Norris. Era la primera vez que Leonard peleaba en ese mítico lugar.
El 1° de marzo de 1997, con 40 años de edad, tras seis retirado del boxeo, y después de haber entrado en el Salón Internacional de la Fama del Boxeo, perdió en Atlantic City por nocaut técnico en el 5º asalto, en el peso medio, ante el puertorriqueño Héctor Camacho, en un último intento de volver a sentir la gloria en un ring. Llegó a los 40 combates con 36 victorias, tres derrotas y una igualdad.
Y más allá de esos últimos intentos, de cierta imagen desteñida; lo de Leonard fue excelso. De un boxeo casi único. Y como el auténtico Ray Sugar, el Robinson, Leonard ya es leyenda en el boxeo.
Lo saludamos a la distancia, cerca de un nuevo aniversario de su tremenda pelea contra Hagler, en el 87.
Todo, más allá de haber sido musa inspiradora del cargoso del Negro Meléndez, que andaba meta bolo punch, atormentando los brazos ajenos.
Osvaldo Alfredo Wehbe