Deportes | mas-deportes

Magdalena Dómine y el desafío de crecer desde el green

La jugadora de 13 años del Río Cuarto Golf Club, que participó en la concentración de cara a los YOG 2022, dialogó con Puntal sobre lo que significa una actividad a la que le dedica gran parte de su vida
 
El deporte tiene una fuerza especial que es capaz, entre otras cosas, de generar atmósferas especiales. Es un canal que permite crear ambientes relajados, en los que una niña de 13 se olvide por un momento que está haciendo una entrevista y empiece a hablar con pasión pura y simple de lo que ama. Es lo que genera en Magdalena Dómine conversar sobre el golf. La riocuartense formó parte de la concentración que se realizó la semana pasada en el Cenard, en el marco del proceso de preparación para los Juegos Olímpicos de la Juventud Dakar 2022 (YOG). “Me gustó todo. Lo disfruté mucho y ahora no me arrepiento de haber ido”, comenta con su sonrisa tímida la jugadora del Río Cuarto Golf Club.

Más distendida que al comienzo de la charla, Magdalena recuerda que al momento de enterarse de que había sido seleccionada para integrar la concentración tuvo algunas dudas sobre si ir o no. “Me daba cosa porque no conocía mucho a las demás chicas. Pero al final me re gustó estar allá y menos mal que me di cuenta de que tenía ganas de ir”, admite al recordar ese momento de indecisión. 

La concentración en el Cenard fue un peldaño más en una carrera ascendente, que el año pasado tuvo el subcampeonato en el Torneo Nacional Juniors realizado en el Golf Club Argentino. Pero este presente (o pasado cercano) sólo representa una parte del camino que Dómine viene haciendo durante la mitad de su vida. El inicio fue como el de casi todos, acompañando a algún amigo o pariente. “Cuando tenía siete años acompañé a mi hermano y me dijeron de jugar. Arranqué y me gustó”, relata Magdalena. 

Ese simple “me gustó” se trasluce hoy en horas y horas semanales dentro del green. Al narrar su cotidianeidad, es imposible no nombrar al golf. 

Su vida se reparte entre el colegio y la cancha del Río Cuarto Golf Club. Esto no implica ver a la disciplina como una obligación, sino como un disfrute en el que confluyen sus intereses personales y su vida social. “Tenemos un grupo re lindo en el Golf, disfrutamos mucho de entrenar y de jugar”, señala y explica que su rutina incluye  tres días de entrenamiento (dos horas y media o tres) y la mayoría de los sábados la disputa de torneos. Confiesa que sólo algunos domingos prefiere hacer otra cosa que no sea jugar al golf.

Las horas en la cancha y su dedicación se traducen en una notable soltura para explicarle a un desentendido de lo que se trata este asunto de los palos y la pelotita. Los ojos se le trasforman con ese brillo especial que aparece cuando alguien habla desde su pasión. La sonrisa ya no transmite timidez, sino que inspira la confianza de saberse en su terreno. De esa manera, cuenta cómo es su preparación a la hora de jugar un torneo. Reconocer la cancha, con sus trampas y sus secretos; medir con un láser la distancia al hoyo, cómo analiza la dirección y velocidad del viento y qué palo utilizar en cada situación. También, se sorprende cuando descubre que su interlocutor no sabe la diferencia entre “putter” y un “driver” y se sonríe cuando este cronista se refiere al segundo como el “más cabezón”. 

Esa larga explicación del golf y sus secretos sirve para ahondar en la que fue su respuesta respecto de los motivos por los que jugaba al golf. Aquella en la que contestó: “Me divierto y me concentro”. Esas dos sensaciones se ven reflejadas en la descripción de sus actos cuando está en el green.  

La concentración se intuye en la manera puntillosa en la que detalla cada instancia de su actividad en el certamen. La “parte divertida” tiene que ver con que para Magdalena el golf nunca dejó de ser un juego. Si bien la competitividad está presente, nunca supera la parte lúdica del deporte. Ese “hacer deporte por deporte” que no debe perderse de vista en la formación de los jóvenes atletas.

En ese aspecto lúdico es en el que aparece la idea de compañerismo. Dómine pone el acento en el grupo de compañeros que ha  ido cosechando a lo largo de los años. “Me gusta mucho ir a los torneos porque me pongo en contacto con amigas que no veo muy seguido”, precisa Dómine. “Lo que siento con ellos es que hablamos el mismo idioma. Es lindo compartir  con alguien que siente lo mismo”, puntualiza.

En ese sentido, aclara que, por más que el golf parezca un deporte solitario e individual, es muy importante el grupo de jugadores con el que comparte entrenamientos y torneos. “Es cierto que quizás no somos muchos los que jugamos, pero nos comunicamos mucho entre nosotros y hay muy buena relación”, remarca y agrega que, por ejemplo, en su escuela son dos los estudiantes que lo practican.

A los 13 años, y con la idea de que el golf nunca deje de ser un juego, forzarla a hablar sobre objetivos a largo plazo es una exageración y hasta un despropósito. Por ejemplo, que señale algo sobre la posibilidad de formar parte del equipo olímpico de los YOG 2022. Sí se puede decir que desde la Asociación Argentina de Golf tienen en cuenta a la riocuartense y la vienen siguiendo. La participación en la concentración en el Cenard es una muestra. “Por ahí pienso en eso, pero no tengo definido un sueño”, menciona Magdalena, antes de disponerse a la sesión de fotos, en la previa de lo que será un nuevo viaje para participar del 35to  Campeonto Provincial de Menores y Juveniles y Torneo Internacional en La Cumbre.



Agustín Hurtado

TEMAS:
Comentá esta nota

Noticias Relacionadas

Comentá esta nota