Maravilla Martínez
"Yo no me puedo quedar quieto, los desafíos me hance sentir vivo"
El 15 de septiembre de 2012, Sergio Maravilla Martínez consiguió algo que hacía mucho no pasaba. Miles de familias argentinas se reunieron frente al televisor para ver su triunfo ante Julio César Chávez Junior. Esa pelea significó la vuelta del boxeo a los primeros planos, luego de muchos años de estar detrás del fútbol, el básquet o el automovilismo. Lo mismo ocurrió un tiempo después, cuando el 7 de junio de 2014, el puertorriqueño Miguel Cotto lo derrotó por K.O. en la décima vuelta.
Fueron dos años vertiginosos para un boxeador veterano, que nació en Quilmes, se radicó en España y tuvo que esperar hasta los 37 años para ser valorado en su país. De eso y otras hierbas habló Maravilla en su paso por los estudios de Puntal AM, en una entrevista invitado por el periodista Javier Albarracín, con quien había realizado el día anterior una nota en FM Marado.
Estandapero, actor, boxeador, entrenador motivacional... un poco de todo eso es hoy Maravilla Martínez. Mientras se sube al escenario para realizar su show, planea su regreso al boxeo con sus 44 años y recorre Argentina de un punto al otro. Al igual que cuando boxeaba, no parece haber forma de tenerlo quieto en un lugar, siempre se está moviendo.
-¿Deportivamente que está haciendo?
-Ahora llevo un tiempo sin entrenar. Desde que vine a Argentina, el 15 de noviembre, estoy parado.
-Cuándo usted dice sin entrenar, ¿se refiere a que no estás haciendo nada, ni salir a caminar?
-Nada de nada. Porque estoy viajando mucho por toda la Argentina. Hoy estoy acá y en dos días tengo que estar en Río Gallegos y todo lo hago en coche. Entonces, son muchas horas al volante y eso cansa bastante. Además, en donde parás comés y comés lo que haya. Encima, tengo esta suerte de que en cada sitio a donde voy me hacen un homenaje y esos homenajes son cuatro vaquillonas, tres corderos, un lechón, etc.
-¿Está en los planes volver a hacer algo desde lo deportivo?
-Sí, sí. Está en los planes y bastante avanzado. Este año probablemente puede salir un combate.
-¿Se va a calzar los guantes de nuevo?
-El año pasado estuve ahí de volver y a última hora se cayó. Fue complicada la situación. Con todo lo que costó confeccionar un contrato con Julio César Chávez Junior, porque cuesta horrores ponerse de acuerdo con todo su equipo, el decidió bajarse. Se tardó más de un mes en crear las condiciones para el combate y el día de firmar, yo viajé a Ucrania… párrafo aparte, tuve que viajar, con lo que me gusta estar a mí en España en verano, tuve que ir para allá que está siempre muy frío y yo siempre lo esquivo al invierno… bueno, viajé hasta allá y estuve esperando a Chávez Junior. Pasaron los días, cinco o seis, y él no fue.
-Está viviendo en España hace muchos años, se está formando en el tema de la actuación y demás, ¿cómo es tu contacto con el stand up?
-Trabajo con Chuly Paniagua y Nico Biffi, que son dos grandes comediantes. Tengo la suerte de estar con ellos. Además de ser dos muy buenos amigos, son como dos maestros para mí. Es fantástico poder trabajar con ellos, porque todo el tiempo están haciendo humor y todo el tiempo voy aprendiendo y conociendo cosas nuevas. Ya tenemos un montón de funciones hechas. Para mí es un lujo eso. Es muy importante para mí el ir, cada día, entendiendo más el humor. Me gusta mezclar la poesía con el humor. Antes combinaba más el drama con el humor, ahora le sumo la poesía. Esta genial. Para mí es algo propio, porque todo lo escribo yo.
-¿Cuando dice que mezcla poesía y humor a qué se refiere? ¿Cómo es el espectáculo?
-Son tres monólogos distintos. En realidad son cuatro, porque yo tengo dos momentos en el escenario. Son casi dos horas de show en los que estamos hablando sin parar. Charlamos de diferentes cosas porque somos tres personas con personalidades distintas. Hemos recorrido caminos muy diferentes los tres. Eso sí, estamos unidos por el cariño que nos tenemos y el humor. Tenemos un humor bastante similar.
-¿Se toca el tema político en el espectáculo?
-No, es muy difícil. La política como la religión son temas complicados. Por ahí tiro algún palo espontáneo e improvisado, pero nada más. Porque te pasa que si decís algo de un partido, la mitad del público te odia y es muy difícil salir de eso. Que se maten los que hablan de política. La política es para los políticos y yo soy deportista y hablo mucho de eso.
-Para hablar un poco de su vida Sergio, usted un poco le ganó a la marginalidad, le ganó a momentos muy difíciles de su infancia, al bullying que le tocó sufrir…
-Yo cuando doy charlas motivacionales habló del bullying, como de otras cosas, yo me adapto. Nosotros creemos que el bullying es negativo al 100% y no lo es, no es tan malo el bullying.
-¿Cómo es eso?
-Si buscaramos por Google a las persona exitosas de hoy, veríamos que muchas de ellas sufrieron bullying. Lo que no te mata te alimenta. El bullying fortalece a las personas. El que lo sufre lucha para cambiar el mundo en el que vive, porque ese mundo es hostil. Por eso, es esa gente la que termina modificando la realidad. Cambiás todo lo que te rodea. En mi caso, cualquiera de mi familia hubiera sido boxeador menos yo. Cuando me veías, era chiquito, flaco…
-¿Por eso sufría bullying?
-Era más blanquito, era estudioso, era monaguillo… yo también hacia mérito. El bullying no es tan malo. ¿Hay que terminar con eso? Sí, pero hay que tener en cuenta que el que lo sufre está más preparado para cambiar el mundo, el que lo produce nunca va a querer cambiar la vida que tiene y ese hombre no progresa. Ese ser humano no trabaja para cambiar la realidad. El mundo en el que vive él tiene el control, en cambio, el otro no tiene nada controlado entonces lucha por cambiarlo y se va abriendo caminos. A mí me pasó eso.
-Pero también está el que por ahí se viene abajo…
-Sí, pero la gran mayoría sale adelante.
-¿Por qué tomó la decisión de dar charlas motivacionales?
-Porque sí, a mí no me cuesta motivarme hoy en día. El nivel de motivación mía siempre es extrema. Para cualquier cosa que vaya a hacer me motivo al extremo y para mí es muy simple conseguirlo. Entonces me dije: “Que bueno que estaría que mucha gente pudiera comprender como funciona eso”. La vida está para comérsela, el mundo está para comérselo. Si intentás, por ahí no se te da, pero por ahí sí. Pero si no probás, no lo vas a saber.
-¿Cómo fue la noche después de la pelea con Cotto?
-No fue muy similar a otras peleas. A veces me preguntaban cómo me recuperaba y yo les contestaba: “De la misma manera”. Lo que te duele es la derrota y yo odio perder.
-Cuándo se baja del ring derrotado, ¿cuál es el protocolo?
-Control antidoping, me llevaron al hospital, porque en el caso de la pelea con Cotto me tenían que hacer unos puntos y de paso me hicieron un escaneo completo para ver cómo estaba en general. Eso pasa en todas las peleas. Los yanquis en eso son muy estrictos. En Nueva York más todavía, son de lo mejor del mundo. Dos o tres horas después, algo que es horroroso, vas al hotel, pedís algo de comer, siempre liviano porque después de recibir golpes no es bueno alimentarse de más.
-¿Y mentalmente qué pasa?
-Es raro, pero me parece que pasa lo mismo que a cualquiera que pierde en cualquier ámbito del deporte. Yo jugaba al ping pong y perdía y me quería matar. Da mucha bronca, nunca impotencia, sí bronca. Impotencia en todo caso tenés durante el combate, porque sentís que no podés.
-¿Es un tipo muy duro Cotto físicamente?
-Fue campeón mundial en cuatro categorías. Debe haber diez boxeadores que hicieron eso en toda la historia y eso habla por sí solo de sus características.
-¿Tiene contacto con sus rivales, más allá de los momentos en los que están las cámaras?
-Sí, siempre hay un respeto. Los dos nos debemos mucho. A todos los rivales que tuve yo les debo mucho, incluso a los que tuve en mi etapa amateur. Yo soy lo que soy en el boxeo por los contrincantes que tuve, si no hubiese tenido rivales, no hubiese sido boxeador.
-¿El nombre del rival de este año ya lo sabe?
-No, todavía no.
-¿Eso lo gestiona su representante?
-Sí, y también lo gestiono yo.
-¿Por qué eligió España para vivir?
-Me fascina España. Ahora estoy en Madrid, pero los primeros ocho años estuve en Guadalajara, que queda muy cerca de Madrid. En realidad, desde hace un tiempo sólo vivo allá en verano. Cuando hace frío me voy. Yo le escapo al frío. Además, es seco y yo que tengo dolores por todos lados prefiero el clima cálido y seco.
-¿Los dolores son consecuencia de su carrera?
-Porque durante mi carrera yo siempre necesité a alguien que me frenara, no que me entrenara. Porque yo si alguien me decía tenés que hacer diez, yo hacía el doble. Por eso hoy estoy con molestias en todo el cuerpo.
-¿A pesar de eso quiere volver al ring?
-Sí. Pero no es que estoy desesperado por volver al ring. Hasta el año pasado yo era rengo totalmente, porque mi rodilla derecha está prácticamente destrozada. Yo tenía muchos dolores. Era horroroso, porque para dormir no había manera. Llegue a tocar fondo, que es tener que pincharme con morfina para poder dormir.
-¿No tiene miedo de volver a pasar por eso?
-No para nada. De hecho ya lo hice el año pasado. Conocí unas aguas termales en Catamarca y fue clave para mí. El año pasado entrené durante siete meses y me puse en peso para competir. Primero, empezó como una broma y de repente ya estaba desafiando a todos. Me puse objetivos a corto plazo y los fui consiguiendo. Me encantan los desafíos, me hacen sentir vivo.
Fueron dos años vertiginosos para un boxeador veterano, que nació en Quilmes, se radicó en España y tuvo que esperar hasta los 37 años para ser valorado en su país. De eso y otras hierbas habló Maravilla en su paso por los estudios de Puntal AM, en una entrevista invitado por el periodista Javier Albarracín, con quien había realizado el día anterior una nota en FM Marado.
Estandapero, actor, boxeador, entrenador motivacional... un poco de todo eso es hoy Maravilla Martínez. Mientras se sube al escenario para realizar su show, planea su regreso al boxeo con sus 44 años y recorre Argentina de un punto al otro. Al igual que cuando boxeaba, no parece haber forma de tenerlo quieto en un lugar, siempre se está moviendo.
-¿Deportivamente que está haciendo?
-Ahora llevo un tiempo sin entrenar. Desde que vine a Argentina, el 15 de noviembre, estoy parado.
-Cuándo usted dice sin entrenar, ¿se refiere a que no estás haciendo nada, ni salir a caminar?
-Nada de nada. Porque estoy viajando mucho por toda la Argentina. Hoy estoy acá y en dos días tengo que estar en Río Gallegos y todo lo hago en coche. Entonces, son muchas horas al volante y eso cansa bastante. Además, en donde parás comés y comés lo que haya. Encima, tengo esta suerte de que en cada sitio a donde voy me hacen un homenaje y esos homenajes son cuatro vaquillonas, tres corderos, un lechón, etc.
-¿Está en los planes volver a hacer algo desde lo deportivo?
-Sí, sí. Está en los planes y bastante avanzado. Este año probablemente puede salir un combate.
-¿Se va a calzar los guantes de nuevo?
-El año pasado estuve ahí de volver y a última hora se cayó. Fue complicada la situación. Con todo lo que costó confeccionar un contrato con Julio César Chávez Junior, porque cuesta horrores ponerse de acuerdo con todo su equipo, el decidió bajarse. Se tardó más de un mes en crear las condiciones para el combate y el día de firmar, yo viajé a Ucrania… párrafo aparte, tuve que viajar, con lo que me gusta estar a mí en España en verano, tuve que ir para allá que está siempre muy frío y yo siempre lo esquivo al invierno… bueno, viajé hasta allá y estuve esperando a Chávez Junior. Pasaron los días, cinco o seis, y él no fue.
-Está viviendo en España hace muchos años, se está formando en el tema de la actuación y demás, ¿cómo es tu contacto con el stand up?
-Trabajo con Chuly Paniagua y Nico Biffi, que son dos grandes comediantes. Tengo la suerte de estar con ellos. Además de ser dos muy buenos amigos, son como dos maestros para mí. Es fantástico poder trabajar con ellos, porque todo el tiempo están haciendo humor y todo el tiempo voy aprendiendo y conociendo cosas nuevas. Ya tenemos un montón de funciones hechas. Para mí es un lujo eso. Es muy importante para mí el ir, cada día, entendiendo más el humor. Me gusta mezclar la poesía con el humor. Antes combinaba más el drama con el humor, ahora le sumo la poesía. Esta genial. Para mí es algo propio, porque todo lo escribo yo.
-¿Cuando dice que mezcla poesía y humor a qué se refiere? ¿Cómo es el espectáculo?
-Son tres monólogos distintos. En realidad son cuatro, porque yo tengo dos momentos en el escenario. Son casi dos horas de show en los que estamos hablando sin parar. Charlamos de diferentes cosas porque somos tres personas con personalidades distintas. Hemos recorrido caminos muy diferentes los tres. Eso sí, estamos unidos por el cariño que nos tenemos y el humor. Tenemos un humor bastante similar.
-¿Se toca el tema político en el espectáculo?
-No, es muy difícil. La política como la religión son temas complicados. Por ahí tiro algún palo espontáneo e improvisado, pero nada más. Porque te pasa que si decís algo de un partido, la mitad del público te odia y es muy difícil salir de eso. Que se maten los que hablan de política. La política es para los políticos y yo soy deportista y hablo mucho de eso.
-Para hablar un poco de su vida Sergio, usted un poco le ganó a la marginalidad, le ganó a momentos muy difíciles de su infancia, al bullying que le tocó sufrir…
-Yo cuando doy charlas motivacionales habló del bullying, como de otras cosas, yo me adapto. Nosotros creemos que el bullying es negativo al 100% y no lo es, no es tan malo el bullying.
-¿Cómo es eso?
-Si buscaramos por Google a las persona exitosas de hoy, veríamos que muchas de ellas sufrieron bullying. Lo que no te mata te alimenta. El bullying fortalece a las personas. El que lo sufre lucha para cambiar el mundo en el que vive, porque ese mundo es hostil. Por eso, es esa gente la que termina modificando la realidad. Cambiás todo lo que te rodea. En mi caso, cualquiera de mi familia hubiera sido boxeador menos yo. Cuando me veías, era chiquito, flaco…
-¿Por eso sufría bullying?
-Era más blanquito, era estudioso, era monaguillo… yo también hacia mérito. El bullying no es tan malo. ¿Hay que terminar con eso? Sí, pero hay que tener en cuenta que el que lo sufre está más preparado para cambiar el mundo, el que lo produce nunca va a querer cambiar la vida que tiene y ese hombre no progresa. Ese ser humano no trabaja para cambiar la realidad. El mundo en el que vive él tiene el control, en cambio, el otro no tiene nada controlado entonces lucha por cambiarlo y se va abriendo caminos. A mí me pasó eso.
-Pero también está el que por ahí se viene abajo…
-Sí, pero la gran mayoría sale adelante.
-¿Por qué tomó la decisión de dar charlas motivacionales?
-Porque sí, a mí no me cuesta motivarme hoy en día. El nivel de motivación mía siempre es extrema. Para cualquier cosa que vaya a hacer me motivo al extremo y para mí es muy simple conseguirlo. Entonces me dije: “Que bueno que estaría que mucha gente pudiera comprender como funciona eso”. La vida está para comérsela, el mundo está para comérselo. Si intentás, por ahí no se te da, pero por ahí sí. Pero si no probás, no lo vas a saber.
-¿Cómo fue la noche después de la pelea con Cotto?
-No fue muy similar a otras peleas. A veces me preguntaban cómo me recuperaba y yo les contestaba: “De la misma manera”. Lo que te duele es la derrota y yo odio perder.
-Cuándo se baja del ring derrotado, ¿cuál es el protocolo?
-Control antidoping, me llevaron al hospital, porque en el caso de la pelea con Cotto me tenían que hacer unos puntos y de paso me hicieron un escaneo completo para ver cómo estaba en general. Eso pasa en todas las peleas. Los yanquis en eso son muy estrictos. En Nueva York más todavía, son de lo mejor del mundo. Dos o tres horas después, algo que es horroroso, vas al hotel, pedís algo de comer, siempre liviano porque después de recibir golpes no es bueno alimentarse de más.
-¿Y mentalmente qué pasa?
-Es raro, pero me parece que pasa lo mismo que a cualquiera que pierde en cualquier ámbito del deporte. Yo jugaba al ping pong y perdía y me quería matar. Da mucha bronca, nunca impotencia, sí bronca. Impotencia en todo caso tenés durante el combate, porque sentís que no podés.
-¿Es un tipo muy duro Cotto físicamente?
-Fue campeón mundial en cuatro categorías. Debe haber diez boxeadores que hicieron eso en toda la historia y eso habla por sí solo de sus características.
-¿Tiene contacto con sus rivales, más allá de los momentos en los que están las cámaras?
-Sí, siempre hay un respeto. Los dos nos debemos mucho. A todos los rivales que tuve yo les debo mucho, incluso a los que tuve en mi etapa amateur. Yo soy lo que soy en el boxeo por los contrincantes que tuve, si no hubiese tenido rivales, no hubiese sido boxeador.
-¿El nombre del rival de este año ya lo sabe?
-No, todavía no.
-¿Eso lo gestiona su representante?
-Sí, y también lo gestiono yo.
-¿Por qué eligió España para vivir?
-Me fascina España. Ahora estoy en Madrid, pero los primeros ocho años estuve en Guadalajara, que queda muy cerca de Madrid. En realidad, desde hace un tiempo sólo vivo allá en verano. Cuando hace frío me voy. Yo le escapo al frío. Además, es seco y yo que tengo dolores por todos lados prefiero el clima cálido y seco.
-¿Los dolores son consecuencia de su carrera?
-Porque durante mi carrera yo siempre necesité a alguien que me frenara, no que me entrenara. Porque yo si alguien me decía tenés que hacer diez, yo hacía el doble. Por eso hoy estoy con molestias en todo el cuerpo.
-¿A pesar de eso quiere volver al ring?
-Sí. Pero no es que estoy desesperado por volver al ring. Hasta el año pasado yo era rengo totalmente, porque mi rodilla derecha está prácticamente destrozada. Yo tenía muchos dolores. Era horroroso, porque para dormir no había manera. Llegue a tocar fondo, que es tener que pincharme con morfina para poder dormir.
-¿No tiene miedo de volver a pasar por eso?
-No para nada. De hecho ya lo hice el año pasado. Conocí unas aguas termales en Catamarca y fue clave para mí. El año pasado entrené durante siete meses y me puse en peso para competir. Primero, empezó como una broma y de repente ya estaba desafiando a todos. Me puse objetivos a corto plazo y los fui consiguiendo. Me encantan los desafíos, me hacen sentir vivo.