Mario Geretto, un nombre y apellido ligado al automovilismo. En el “Te acordás de...” Puntal dialogó con él, quien nos recordó sus comienzos y su trayectoria hasta el 2014, aunque hubo varios años en los que dejó la actividad, pero luego la retomó.
“Vengo de familia fierrera. A mi padre le gustaba mucho, inclusive había corrido en una categoría zonal. En el año 1971 tuve un debut frustrado. Tenía un DKW que me compró mi papá cuando yo tenía 17 años. Fuimos a Coronel Moldes porque había una competencia zonal en la que corría mi padre. Él me había autorizado ante escribano para poder competir porque era menor. Pero pasó que también fue mi madre y, cuando me llaman por los autoparlantes para que me presentara a la pista, ella no me dejó correr. Vaya casualidad que después de dos años, a los 19, sí debuté oficialmente y en el mismo circuito, pero con una cupé Fiat 1500”.
- ¿Ahí comenzó ese amor por esta marca?
- Ese auto era de mi papá. Lo que pasa es que antes no te hacía falta tener el auto de carrera y otro para ir a trabajar. Sí el vehículo tenía una jaula antivuelco y, como las carrera zonales eran muy cortas, ibas con el auto como estaba y competías. Con esa cupé corrí tres carreras y en la tercera logré mi primera victoria.
Después compramos una cupé de carrera, ya hecha. Fue a un muchacho Giuberdia, de Venado Tuerto, y con esa competí en el zonal provincial y luego se dio la etapa del Fiat 125.
- ¿Cuándo comenzó su participación a nivel nacional?
- Fue en el año 1972 con un Fiat 1600. Corrí las 24 horas de Buenos Aires. Recuerdo que cuando llegué allá hacé de cuenta que había llegado a Montercarlo.
Competí junto con Carlos Pascualini y veníamos bien, cuartos. Se me rompió el auto a las cuatro de la mañana. Habíamos largado a las tres de la tarde.
De ahí fue que quedé como piloto semioficial, por contactos como Carlos (Pascualini) y como habían visto que anduvimos bien, me empezó a dar un apoyo oficial Fiat. El auto quedó en Buenos Aires y me lo llevaban a todas las carreras.
Era la época en que se corría una carrera en ruta y una en autódromo. La Vuelta del Noroeste, la de los Valles Calchaquíes, el Gran Premio de la Montaña y en los circuitos de Tucumán, de Salta, entre otros. Los campeonatos antes eran así.
- ¿Hasta cuándo compitió?
- Paré en el 77 y luego de diez años, cuando se crea la categoría Monomarca Sierra, Norberto Moyetta había armado un auto que era de una peña. No lo pudieron hacer funcionar, asi que a fines del 87 se lo alquilé.
El Gringo Bini me hacía los motores y Pianetto, el chasis. El auto se lo llevé a Pergamino a Solmi D’Onofrio. Corrí todo ese año.
Al siguiente compré otro auto, a Ricardo Costanzo, y con ese competí todo el año 88 y mitad del 89 en la Copa Sierra.
Luego lo vendí y ahí tuve otro parate, hasta 1993, que arranqué con un R-18 de Jorge Giorgi. Corrí todo el 93, mitad del 94 y salí subcampeón argentino de la Clase 4. Y en el 95 también lo hice en unas fechas. Luego lo vendí.
- Y ahí, de nuevo a boxes.
- Sí, hasta el 2013 que me incorporé al Turismo Nacional Histórico. Te digo que es la etapa que más disfruté, porque en el momento que dejé de correr mis chicos tenían: el más grande, cuatro años y el más chico, uno.
Vieron a su papá correr con un Fiat, lo disfruté muchísimo y hasta logré el campeonato ese año. Al siguiente corrí con un Peugeot.
Darío Pablo Palacio
- ¿Ahí comenzó ese amor por esta marca?
- Ese auto era de mi papá. Lo que pasa es que antes no te hacía falta tener el auto de carrera y otro para ir a trabajar. Sí el vehículo tenía una jaula antivuelco y, como las carrera zonales eran muy cortas, ibas con el auto como estaba y competías. Con esa cupé corrí tres carreras y en la tercera logré mi primera victoria.
Después compramos una cupé de carrera, ya hecha. Fue a un muchacho Giuberdia, de Venado Tuerto, y con esa competí en el zonal provincial y luego se dio la etapa del Fiat 125.
- ¿Cuándo comenzó su participación a nivel nacional?
- Fue en el año 1972 con un Fiat 1600. Corrí las 24 horas de Buenos Aires. Recuerdo que cuando llegué allá hacé de cuenta que había llegado a Montercarlo.
Competí junto con Carlos Pascualini y veníamos bien, cuartos. Se me rompió el auto a las cuatro de la mañana. Habíamos largado a las tres de la tarde.
De ahí fue que quedé como piloto semioficial, por contactos como Carlos (Pascualini) y como habían visto que anduvimos bien, me empezó a dar un apoyo oficial Fiat. El auto quedó en Buenos Aires y me lo llevaban a todas las carreras.
Era la época en que se corría una carrera en ruta y una en autódromo. La Vuelta del Noroeste, la de los Valles Calchaquíes, el Gran Premio de la Montaña y en los circuitos de Tucumán, de Salta, entre otros. Los campeonatos antes eran así.
- ¿Hasta cuándo compitió?
- Paré en el 77 y luego de diez años, cuando se crea la categoría Monomarca Sierra, Norberto Moyetta había armado un auto que era de una peña. No lo pudieron hacer funcionar, asi que a fines del 87 se lo alquilé.
El Gringo Bini me hacía los motores y Pianetto, el chasis. El auto se lo llevé a Pergamino a Solmi D’Onofrio. Corrí todo ese año.
Al siguiente compré otro auto, a Ricardo Costanzo, y con ese competí todo el año 88 y mitad del 89 en la Copa Sierra.
Luego lo vendí y ahí tuve otro parate, hasta 1993, que arranqué con un R-18 de Jorge Giorgi. Corrí todo el 93, mitad del 94 y salí subcampeón argentino de la Clase 4. Y en el 95 también lo hice en unas fechas. Luego lo vendí.
- Y ahí, de nuevo a boxes.
- Sí, hasta el 2013 que me incorporé al Turismo Nacional Histórico. Te digo que es la etapa que más disfruté, porque en el momento que dejé de correr mis chicos tenían: el más grande, cuatro años y el más chico, uno.
Vieron a su papá correr con un Fiat, lo disfruté muchísimo y hasta logré el campeonato ese año. Al siguiente corrí con un Peugeot.
Darío Pablo Palacio

