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Moriena alcanzó su 18o Iroman en Termas de Río Hondo

El riocuartense se impuso en su categoría y llegó 15o en la clasificación general. Por su parte, Arias fue sexto entre todos los que participaron y 2o en su divisional. Pecorari y Pauletti también alcanzaron la meta
 
El experimentado triatleta riocuartense Éver Moriena alcanzó su decimoctavo Ironman durante la prueba que se desarrolló en Santiago del Estero sobre las distancias 3.800 metros de natación, 180 kilómetros de ciclismo y 42K de pedestrismo.

Moriena fue primero en su categoría y decimoquinto en la general entre 78 participantes que largaron la exhaustiva competencia, la que tuvo muchos abandonos.

También estuvieron presentes otros atletas de nuestra ciudad, como Santiago Arias que llegó sexto entre todo los participantes y segundo en su divisional.

En tanto, Lucas Pecorari y Alejandro Pauletti arribaron en el puesto 45o y 46o de la general. El primero de los dos fue sexto en la categoría y el segundo 46o en su divisional (55 a 59 años).

Una odisea

“Sin dudas este ha sido el más duro de todos los que corrí, incluyendo al mítico Ironman Lanzarote. Los más de 40 grados de calor convirtieron este Ironman en una carrera extrema, en la que la cabeza era sólo una opción. 

Muchos dicen que este tipo de carrera gran parte tiene que ver la mente y es muy cierto. Pero en este caso, la mente aportó sólo un porcentaje. Había que hacer las cosas bien y varios días antes de la carrera. 

La adaptación al calor, para los que veníamos de varios kilómetros al sur de Termas, no fue posible. Pensar que a sólo diez días de la prueba entrenábamos con remera térmica, calzas largas y guantes con apenas 12 grados de temperatura.

El pronóstico decía que iba a ser un día caliente y difícil para correr este tipo de carrera, y más que mente, se necesitaban agua y sal en el cuerpo. Sólo estos te llevarían hasta la meta más que la cabeza. Saber regular el ritmo y una buena hidratación y alimentación sobre la bicicleta eran fundamentales. 

Lo más difícil vendría al bajarse de las dos ruedas para correr los 42K, con el calor agobiante y sin la ventilación que existe sobre la bicicleta.

Sabía que iba a ser todo un desafío dentro el desafío. ¡Y ya que lo fue! Nunca paré tanto a mojarme, beber y cargar hielo. No saltar ni una hidratación fue importante porque no sabías si llegabas a la otra. Con tantas paradas los ritmos  previstos se fueron para arriba, pero ¿quién corre a su ritmo en esas condiciones?

Sólo me sentí algo mareado a dos kilómetros de la llegada y me di cuenta de que sólo estaba tomando agua y mi cerebro estaba desesperado por azúcar, así que tres geles de una fueron la solución, incluso al sprint incluido en la llegada.

Ahora a descansar y retomar pensando en Ironman Mar del Plata en unas semanas”, comentó Éver Moriena.