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Roberto Eduardo Quinteros, toda una vida ligada a los caballos

Comenzó a montar de chico junto con sus hermanos de la mano de su padre. Probó con la doma, pero encontró su pasión como jockey. Fue uno de los mejores en Buenos Aires hasta que sufrió un accidente. Hoy sigue unido a la actividad como entrenador

Quinteros. Un apellido ligado con el turf del sur cordobés. Roberto Eduardo es hoy el protagonista del “Te acordás de...”.

Lole, así lo apodó su padre, ha sido uno de los más destacados jockeys. Oriundo de Jovita vino a Río Cuarto de adolescente por trabajo. De acá se fue a Laboulaye, luego a Necochea. Llegó a competir en los hipódromos más importantes de Buenos Aires, siendo gran protagonista de triunfos en carreras de relevancia.

Un accidente lo marcó para siempre. Estuvo internado en dos clínicas de alta complejidad en Buenos Aires y durante un año se manejó en silla de ruedas, pero supo recuperarse y hoy sigue ligado a los caballos, ya que es profesor de la escuela de jockeys del hípico de nuestra ciudad.

“Yo me crié en el campo con mi viejo. Él amansaba caballos y así fue que empecé. Primero con los petisos y luego en la jineteada. Subí un par de veces en la doma, pero mi pasión siempre fueron las carreras.

Yo siempre digo que los juguetes míos fueron los caballos. Nosotros éramos muchos hermanos en el campo. Ahí no había bicicletas, ni triciclos ni coches. Había que subir a caballo o a los terneros. Íbamos al colegio a caballo. Hacía los mandados a caballo”, cuenta Roberto de cómo fueron sus primeras montas.

“Un día vengo a pasear con un amigo de mi viejo a Río Cuarto y había un stud en la calle Maipú, que era de Don Domingo Frattari. Le pedí trabajo y me vine a vivir sólo con 15 años.

Corrí unas carreras cuadreras y después me fui a Laboulaye y estuve dos años allí y volví a Río Cuarto con 19 años.

Luego salió un trabajo para ir a Necochea, por intermedio de Alberto Lovai, que me conectó para quedarme unos quince días y resulta que después estuve quince años allá donde gané muchas cuadreras.

Luego, medio de grande, me fui a Buenos Aires para hacer el último tiro y salió todo bien hasta que tuve el accidente, justo en mi mejor momento”, recuerda sintéticamente cómo fue su carrera deportiva.

- ¿Qué significó correr allá?

- Yo siempre digo que es jugar en la selección. Es lo máximo del jockey. Gracias a Dios tuve la suerte de correr muchas carreras, de ganar muchas.

- A pesar del accidente sigue ligado con el turf

- Sí, estoy a cargo de la escuela de jockeys en Río Cuarto. Tengo unos diez alumnos. Adelantados son tres los chicos.

- ¿Le gusta esta nueva etapa?

- Sí, pero más me gustaría correr. Estoy bien, pero en el fondo se siente como algo que me falta.

Yo entiendo que es ésta otra etapa y estoy muy agradecido por poder seguir viviendo. Yo cada vez que me levanto doy gracias a Dios por estar vivo y poder caminar.

Hoy me sacan el caballo y es como si me sacaran todo. Y me subo a uno de ellos y es como si anduviera en una Ferrari.

- ¿En qué hace hincapié al enseñarles a sus alumnos?

- Yo les digo que todo con entusiasmo se llega, pero esto no es sólo ser bueno, porque tenés que reunir un montón de condiciones. Son varias materias las que tenés que aprobar. Tenés que saber manejar la gente y tragarte un montón de cosas. 

Yo a los chicos les digo que me hubiese gustado tener un tipo que me enseñara las cosas como son. Lo que más te golpea es la vida. Lo que más fuerte pega es la vida. Los cachetazos que te da.  

Y eso lo aprendí porque yo anduve de un lugar a otro y gracias a Dios donde he estado he dejado muy buenas amistades. Suele ser difícil en este ámbito porque siempre hay alguno que patea al revés de uno.

Trato de enseñarles con toda humildad, pero yo les soy muy sinceros. Esto es como los potrillos. Si sirven, sirven. Y si no, no hay que insistir porque por más que uno lo varee, lo entrene, si no van, no van.

Roberto Eduardo Quinteros hoy continuá con su pasión, la de los caballos, más a la par que arriba de ellos, pero agradecido de la revancha que le dio la vida como de sus  hijos y nietos que están en su Jovita natal.