Lo ocurrido ayer en la cancha de fútbol de Universitario quedará grabado a fuego en la historia del rugby cordobés, ya que no debe haber ningún antecedente de ver a un dirigente ingresando a la cancha para suspender un partido, menos uno tan importante como el que define un lugar en el podio.
“¿Qué le hace una mancha más al tigre?” deberán haber pensado los señores de la casona de la calle Castro Barros en el momento que tomaron la decisión de decirle a 30 jugadores de rugby que no iban a poder definir un ganador después de 90 minutos intensos de juego.
Seguramente estos dirigentes se olvidaron de sus épocas (si las tuvieron) dentro de la cancha y más allá de lo que decidan en la semana, ni Urú Curé ni Jockey de Córdoba quedarán contentos con la situación, ya que sin quererlo y mucho menos aún sin merecerlo, fueron participes de un papelón histórico.
Seguramente estos dirigentes se olvidaron de sus épocas (si las tuvieron) dentro de la cancha y más allá de lo que decidan en la semana, ni Urú Curé ni Jockey de Córdoba quedarán contentos con la situación, ya que sin quererlo y mucho menos aún sin merecerlo, fueron participes de un papelón histórico.

