Victoria Miranda y el temprano desafío de dejar atrás la zona de confort
La riocuartense se está acomodando a su vida en Buenos Aires, a su nuevo club y al hecho de formar parte del elenco estable de la selección mayor. “Fue todo muy rápido y hay que saber adaptarse”, indicó la jugadora
“El tiempo, maldita daga...” cantaba Fito Páez en su “Polaroid de locura ordinaria”, haciendo referencia a esa irreparable sensación de quemar etapas demasiado rápido. Hace poco menos de un año, la jugadora de hockey sobre césped Victoria Miranda estaba dejando atrás rivales en el polideportivo municipal con la camiseta de Universidad. Hoy ya suma ocho partidos con la selección argentina mayor y estuvo muy cerca de formar parte de una convocatoria a los Juegos Panamericanos.
“La verdad, lo viví como un sueño. Traté de disfrutar intensamente todo lo que implicaba. Me están pasando cosas que no le pasan a la mayoría de las chicas de mi edad. Fue todo muy rápido y hay que saber adaptarse”, remarca la riocuartense, radicada en Buenos Aires desde comienzos de este año. Esa sensación de vértigo aumenta cuando relata que le tocó compartir cancha con jugadoras como Carla Rebecchi y Silvina D’Elía, campeonas del mundo en 2010, cuando sólo tenía 9 años.
“Han sido meses de mucho ir y venir. Las giras, los entrenamientos, dejar mi casa, mi club, vivir a 800 kilómetros de mi familia. Es un paso muy importante e implica dejar mi zona de confort”, describe Miranda. Agrega que dejar atrás su “lugar de comodidad” es una de las cuestiones que más le han costado, pero, a la vez, es lo que más la ha ayudado a crecer.
“Siento que el sacrificio lo vale. No me puedo quejar. Estoy viviendo algo que nunca pensé que se podía dar”, resalta, aunque aclara que hay algunas experiencias que otras chicas de su edad han tenido que ella ya no conocerá. “Hay cosas que no se ven. El entrenamiento invisible, que por ahí no todos conocen. Cuestiones como la buena alimentación, dormir una determinada cantidad de horas, cosas que son detalles que te hacen mejorar o no dentro del deporte de alto rendimiento”, explica la jugadora del Club Ciudad de Buenos Aires.
Su vida en Buenos Aires ha sido bastante ajetreada. Los entrenamientos, giras y demás la obligaron incluso a repensar su carrera profesional. Tuvo que dejar Kinesiología y optar por Relaciones Públicas debido a lo complejo que es organizar la agenda. “El estudio no lo puedo dejar. Cuando el hockey se termine algo tengo que hacer”, afirma.
El trajinar de Miranda comenzó hace bastante tiempo, cuando empezó a formar parte de las concentraciones para los Juegos Olímpicos de la Juventud. De hecho, entre febrero de 2018 y mayo de este año prácticamente no tuvo descanso. Ese esfuerzo dejó huellas y un edema óseo en la zona de la tibia y el peroné la obligó a tener que parar y quedarse afuera de la etapa definitiva de la Pro-League y los Panamericanos de Lima. “No te voy a mentir, una lesión no le gusta a nadie, pero como deportista tenés que aprender a convivir y a reponerte de estas cosas. Exponés tu cuerpo al máximo y eso acarrea lesiones”, subraya la mediocampista y precisa que su problema se produjo por una sobreexigencia, que tuvo más impacto debido a su corta edad. “Uno, como deportista, no quiere parar. Cuando sos chica, menos. Es un aprendizaje para el futuro”, señala Miranda.
La misma juventud que la llevó a no parar es la que la hace tener la voluntad para saber que todavía le queda mucho tiempo para poder vestir la camiseta de la selección. “Sé que tengo la confianza del entrenador (Carlos Retegui) y que cuando me recupere voy a poder pelear por un lugar”, recalca la surgida en Universidad.
Para Miranda, los cambios no sólo se produjeron en lo personal, sino también en lo deportivo. Entre ellos, dejar atrás las divisiones formativas de la selección y sentir el rigor de la mayor. Es decir, dejar de ser “leoncita” para convertirse en “leona”. “El mayor es otra cosa, es otro roce, otra dinámica. Una no boludea tanto, se entrena con otra cabeza que cuando estás en la juvenil”, confiesa Miranda.
Si bien la agenda de la selección y la lesión hicieron que sólo pudiera jugar dos partidos con su nuevo club, la mediocampista manifiesta que la diferencia entre el el certamen cordobés y el Metropolitano se nota. “Estamos hablando de una liga que tiene muchas jugadoras que son y han sido leonas. Además, se juega casi siempre en canchas de agua (las de Córdoba son casi todas de arena) y ya tienen la técnica incorporada”, puntualiza Miranda.
La mira de la riocuartense está puesta en el regreso. “Quiero recuperarme bien para volver a jugar sin dolor”, asegura quien se enfrenta al desafío de construir una nueva zona de confort en un escenario completamente nuevo.
Agustín Hurtado
“La verdad, lo viví como un sueño. Traté de disfrutar intensamente todo lo que implicaba. Me están pasando cosas que no le pasan a la mayoría de las chicas de mi edad. Fue todo muy rápido y hay que saber adaptarse”, remarca la riocuartense, radicada en Buenos Aires desde comienzos de este año. Esa sensación de vértigo aumenta cuando relata que le tocó compartir cancha con jugadoras como Carla Rebecchi y Silvina D’Elía, campeonas del mundo en 2010, cuando sólo tenía 9 años.
“Han sido meses de mucho ir y venir. Las giras, los entrenamientos, dejar mi casa, mi club, vivir a 800 kilómetros de mi familia. Es un paso muy importante e implica dejar mi zona de confort”, describe Miranda. Agrega que dejar atrás su “lugar de comodidad” es una de las cuestiones que más le han costado, pero, a la vez, es lo que más la ha ayudado a crecer.
“Siento que el sacrificio lo vale. No me puedo quejar. Estoy viviendo algo que nunca pensé que se podía dar”, resalta, aunque aclara que hay algunas experiencias que otras chicas de su edad han tenido que ella ya no conocerá. “Hay cosas que no se ven. El entrenamiento invisible, que por ahí no todos conocen. Cuestiones como la buena alimentación, dormir una determinada cantidad de horas, cosas que son detalles que te hacen mejorar o no dentro del deporte de alto rendimiento”, explica la jugadora del Club Ciudad de Buenos Aires.
Su vida en Buenos Aires ha sido bastante ajetreada. Los entrenamientos, giras y demás la obligaron incluso a repensar su carrera profesional. Tuvo que dejar Kinesiología y optar por Relaciones Públicas debido a lo complejo que es organizar la agenda. “El estudio no lo puedo dejar. Cuando el hockey se termine algo tengo que hacer”, afirma.
El trajinar de Miranda comenzó hace bastante tiempo, cuando empezó a formar parte de las concentraciones para los Juegos Olímpicos de la Juventud. De hecho, entre febrero de 2018 y mayo de este año prácticamente no tuvo descanso. Ese esfuerzo dejó huellas y un edema óseo en la zona de la tibia y el peroné la obligó a tener que parar y quedarse afuera de la etapa definitiva de la Pro-League y los Panamericanos de Lima. “No te voy a mentir, una lesión no le gusta a nadie, pero como deportista tenés que aprender a convivir y a reponerte de estas cosas. Exponés tu cuerpo al máximo y eso acarrea lesiones”, subraya la mediocampista y precisa que su problema se produjo por una sobreexigencia, que tuvo más impacto debido a su corta edad. “Uno, como deportista, no quiere parar. Cuando sos chica, menos. Es un aprendizaje para el futuro”, señala Miranda.
La misma juventud que la llevó a no parar es la que la hace tener la voluntad para saber que todavía le queda mucho tiempo para poder vestir la camiseta de la selección. “Sé que tengo la confianza del entrenador (Carlos Retegui) y que cuando me recupere voy a poder pelear por un lugar”, recalca la surgida en Universidad.
Para Miranda, los cambios no sólo se produjeron en lo personal, sino también en lo deportivo. Entre ellos, dejar atrás las divisiones formativas de la selección y sentir el rigor de la mayor. Es decir, dejar de ser “leoncita” para convertirse en “leona”. “El mayor es otra cosa, es otro roce, otra dinámica. Una no boludea tanto, se entrena con otra cabeza que cuando estás en la juvenil”, confiesa Miranda.
Si bien la agenda de la selección y la lesión hicieron que sólo pudiera jugar dos partidos con su nuevo club, la mediocampista manifiesta que la diferencia entre el el certamen cordobés y el Metropolitano se nota. “Estamos hablando de una liga que tiene muchas jugadoras que son y han sido leonas. Además, se juega casi siempre en canchas de agua (las de Córdoba son casi todas de arena) y ya tienen la técnica incorporada”, puntualiza Miranda.
La mira de la riocuartense está puesta en el regreso. “Quiero recuperarme bien para volver a jugar sin dolor”, asegura quien se enfrenta al desafío de construir una nueva zona de confort en un escenario completamente nuevo.
Agustín Hurtado