“Él es Carlitos, un pibe con muchísimas ganas de vivir. Es un guerrero de la vida. Él es el pibe que nunca se dejó vencer. Él es mi primo y no saben cómo se me llena el corazón de orgullo de decirlo”.
Este mensaje escrito por Nicolle Gastaldi Cuniberti en su Facebook descubrió la dura pero a su vez ejemplar lucha de su primo, un pibe de Mattaldi que supo sobreponerse al cáncer, enfermedad que le arrebató una pierna cuando apenas tenía 17 años.
La historia de José Carlos González, tal el nombre de este chico que hoy tiene 21 años, permanecía anónima entre los vecinos de su pueblo. Pero el orgullo de quien lo tiene como ejemplo de vida lo hizo trascender las fronteras del país, mediante la inmediatez de las redes sociales.
Él es bombero. Apoyado sobre sus muletas, se lo suele ver en plena lucha contra el fuego en incendios de pastizales de su pueblo. Es que el servicio a la comunidad es su pasión. Tenía apenas unos 11 años cuando comenzó a integrarse al cuerpo activo de su localidad, primero como aspirante, luego como cadete, hoy bombero y preparándose para acceder a nuevos rangos para los cuales está haciendo cursos de capacitación.
Su dificultad para movilizarse no le impide llevar una vida normal. Hasta dice que de vez en cuando se juega un picadito de fútbol con sus compañeros que no le dan revancha alguna en la cancha.
Tímido y creyendo que su historia no se diferencia de otras tantas, Carlitos o Chaky, como le dicen sus amigos, comienza a hablar con PUNTAL.
Una corta vida de lucha
En plena adolescencia un frío diagnóstico médico dijo que Carlitos tenía un sarcoma en el hueso fémur. Pasado el impacto inicial, fue momento de dar lucha. El apoyo de sus padres, hermanas, familiares y amigos fortaleció su espíritu para así poder afrontar un tratamiento previo de quimioterapia. “Pero no terminó con la enfermedad, sólo impidió que siguiera creciendo el sarcoma. Me dijeron que podían cambiarme el hueso, pero no había seguridad. Así que decidí que me sacaran la pierna entera”, dice sin titubear.
Proveniente de una familia de trabajadores (su padre albañil, su madre atiende un negocio), todos juntos salieron a apoyar a Carlitos.
“Fue un poco fea la noticia, pero bueno decidí que me sacaran todo para más seguridad”, relata. Con inocencia dice que se lo tomó “a chiste, para no bajonearse”, a modo de expresar cómo desdramatizó esta situación.
Fue intervenido en el Hospital de Niños “Santísima Trinidad” de Córdoba, hace ya unos 4 años, donde le amputaron la pierna derecha desde la cadera. Luego de la operación continuó una nueva batería de quimioterapia.
En medio, su vida continuó. “Mientras me hacía el tratamiento seguí yendo al cuartel. Hice mi primer nivel para ascender de cadete a bombero, eso en el transcurso de la quimioterapia”, cuenta.
Tras la operación surgió la posibilidad de usar una prótesis, que llevó por un tiempo. Pero en un verano, por un inconveniente decidió dejarla de lado y usar las muletas. “Ya me acostumbré, las manejo bien”, asegura Carlitos.
Pero siguió con la capacitación dentro de Bomberos y realizó todos los cursos para ir avanzando en los rangos. “Actualmente estoy cursando el segundo nivel que se dicta en Adelia María”, precisa.
“Desde los 11 que estoy en el cuartel. Éramos un grupo de amigos, unos cuatro o cinco chicos que íbamos. Quedamos dos, los otros se fueron a trabajar o a estudiar”, indica.
Carlitos integra el cuerpo activo del cuartel de Mattaldi que cuenta con 13 integrantes. Habla con pasión de esta tarea que desempeña para ayudar a los demás.
“Me encanta ser bombero y participo en todo cuanto puedo. En la mayoría de los casos son incendios forestales, porque por suerte por acá no hay accidentes”, puntualiza. En los actos que se realizan en Mattaldi se lo suele ver entre la formación.
Además de ser bombero, también realizó el curso de electricista matriculado y hoy se desempeña en esa actividad en un taller de bobinados de motores. “Es para tener alguna entrada y ayudar un poco, y también para la joda”, agrega.
En el pueblo, el “Chaky” es un personaje. Se lo suele ver presuroso recorriendo las calles en su triciclo. Consultado por otros hobbies, menciona la cacería y jugar al fútbol con sus amigos.
Sobre la enseñanza que esto dejó en él siendo tan joven dice: “Decidí ponerle el pecho. En el Hospital me hice amigos y vi a muchos pasar cosas difíciles Pero hablábamos. No hay que bajar los brazos, hay que pelearla”, sostiene sin más vueltas. Y recuerda, a modo de ejemplo, un chico que perdió parte de una de sus piernas y hace ciclismo en las Altas Cumbres.
Para finalizar, se refiere al posteo que su prima hizo y que viralizó su historia: “No creí que iba a tener tanta repercusión”.
“Él es el bombero que con sus muletas salva vidas”, resume Nicolle en parte del mensaje que sumó miles de saludos y felicitaciones en las redes.
La historia de José Carlos González, tal el nombre de este chico que hoy tiene 21 años, permanecía anónima entre los vecinos de su pueblo. Pero el orgullo de quien lo tiene como ejemplo de vida lo hizo trascender las fronteras del país, mediante la inmediatez de las redes sociales.
Él es bombero. Apoyado sobre sus muletas, se lo suele ver en plena lucha contra el fuego en incendios de pastizales de su pueblo. Es que el servicio a la comunidad es su pasión. Tenía apenas unos 11 años cuando comenzó a integrarse al cuerpo activo de su localidad, primero como aspirante, luego como cadete, hoy bombero y preparándose para acceder a nuevos rangos para los cuales está haciendo cursos de capacitación.
Su dificultad para movilizarse no le impide llevar una vida normal. Hasta dice que de vez en cuando se juega un picadito de fútbol con sus compañeros que no le dan revancha alguna en la cancha.
Tímido y creyendo que su historia no se diferencia de otras tantas, Carlitos o Chaky, como le dicen sus amigos, comienza a hablar con PUNTAL.
Una corta vida de lucha
En plena adolescencia un frío diagnóstico médico dijo que Carlitos tenía un sarcoma en el hueso fémur. Pasado el impacto inicial, fue momento de dar lucha. El apoyo de sus padres, hermanas, familiares y amigos fortaleció su espíritu para así poder afrontar un tratamiento previo de quimioterapia. “Pero no terminó con la enfermedad, sólo impidió que siguiera creciendo el sarcoma. Me dijeron que podían cambiarme el hueso, pero no había seguridad. Así que decidí que me sacaran la pierna entera”, dice sin titubear.
Proveniente de una familia de trabajadores (su padre albañil, su madre atiende un negocio), todos juntos salieron a apoyar a Carlitos.
“Fue un poco fea la noticia, pero bueno decidí que me sacaran todo para más seguridad”, relata. Con inocencia dice que se lo tomó “a chiste, para no bajonearse”, a modo de expresar cómo desdramatizó esta situación.
Fue intervenido en el Hospital de Niños “Santísima Trinidad” de Córdoba, hace ya unos 4 años, donde le amputaron la pierna derecha desde la cadera. Luego de la operación continuó una nueva batería de quimioterapia.
En medio, su vida continuó. “Mientras me hacía el tratamiento seguí yendo al cuartel. Hice mi primer nivel para ascender de cadete a bombero, eso en el transcurso de la quimioterapia”, cuenta.
Tras la operación surgió la posibilidad de usar una prótesis, que llevó por un tiempo. Pero en un verano, por un inconveniente decidió dejarla de lado y usar las muletas. “Ya me acostumbré, las manejo bien”, asegura Carlitos.
Pero siguió con la capacitación dentro de Bomberos y realizó todos los cursos para ir avanzando en los rangos. “Actualmente estoy cursando el segundo nivel que se dicta en Adelia María”, precisa.
“Desde los 11 que estoy en el cuartel. Éramos un grupo de amigos, unos cuatro o cinco chicos que íbamos. Quedamos dos, los otros se fueron a trabajar o a estudiar”, indica.
Carlitos integra el cuerpo activo del cuartel de Mattaldi que cuenta con 13 integrantes. Habla con pasión de esta tarea que desempeña para ayudar a los demás.
“Me encanta ser bombero y participo en todo cuanto puedo. En la mayoría de los casos son incendios forestales, porque por suerte por acá no hay accidentes”, puntualiza. En los actos que se realizan en Mattaldi se lo suele ver entre la formación.
Además de ser bombero, también realizó el curso de electricista matriculado y hoy se desempeña en esa actividad en un taller de bobinados de motores. “Es para tener alguna entrada y ayudar un poco, y también para la joda”, agrega.
En el pueblo, el “Chaky” es un personaje. Se lo suele ver presuroso recorriendo las calles en su triciclo. Consultado por otros hobbies, menciona la cacería y jugar al fútbol con sus amigos.
Sobre la enseñanza que esto dejó en él siendo tan joven dice: “Decidí ponerle el pecho. En el Hospital me hice amigos y vi a muchos pasar cosas difíciles Pero hablábamos. No hay que bajar los brazos, hay que pelearla”, sostiene sin más vueltas. Y recuerda, a modo de ejemplo, un chico que perdió parte de una de sus piernas y hace ciclismo en las Altas Cumbres.
Para finalizar, se refiere al posteo que su prima hizo y que viralizó su historia: “No creí que iba a tener tanta repercusión”.
“Él es el bombero que con sus muletas salva vidas”, resume Nicolle en parte del mensaje que sumó miles de saludos y felicitaciones en las redes.

