La historia de Ignacio Nicolás Martín parece una larga cadena de falsedades. El médico que estaba en el COE pero no era médico, que jamás había pisado ni siquiera la facultad, que logró engañar incluso a Diego Almada, el principal especialista que tenía la Provincia para atacar los brotes de coronavirus en su territorio, no sólo pretendía ser contratado por la Municipalidad de Río Cuarto, sino que, además, se había inscripto en la Afip para prestar servicios particulares de medicina.
Además de mentir sobre su profesión y sus estudios, también lo hacía con su edad. No tiene 24 años sino, en realidad, 19. Adulterar su edad fue un mecanismo para darle verosimilitud a su relato de que recientemente se había recibido de médico.
El joven, con residencia en barrio Urca, de Córdoba, también pensaba incursionar en el sector privado de la salud. Según consta en el organismo fiscal, el médico trucho se inscribió en mayo del año pasado en la actividad “Servicio médico integrado de consulta, diagnóstico y tratamiento”. En la categoría figura como monotributista categoría B y tributa Ingresos Brutos a la Provincia y la Contribución Municipal a Córdoba.
En la capital provincial, en los Tribunales, Martín es un viejo conocido a pesar de su corta edad.
Según relataron fuentes de la Justicia cordobesa, el falso médico no sólo tenía denuncias en contra, sino que era un asiduo denunciador: en todos los casos era víctima de robos o de ataques.
Hoy, a la luz de los acontecimientos, una de esas denuncias llama especialmente la atención. En el primer semestre del año pasado, Martín realizó una presentación en la que relató que dos personas en una moto de color bordó habían simulado arreglar el vehículo y que, en un momento, lo habían atacado para robarle el celular.
Cuando le preguntaron la edad y la profesión respondió: 18 años. Médico. Y a nadie le hizo ruido que tuviera ese título a una edad tan precoz.

