Apenas el árbitro francés marcó el final, todas las miradas convergieron sobre Lionel Messi. El capitán, de 39 años, rompió en llanto de manera desconsolada. Sus compañeros no tardaron en rodearlo: Lisandro Martínez, Cuti Romero y Nicolás Otamendi fueron los primeros en acercarse para abrazarlo. Con Lisandro hubo un doble abrazo; en el segundo, el defensor le habló al oído. Titulares y suplentes hicieron fila para acompañarlo en un momento que también arrancó lágrimas en el resto del plantel.
El festejo colectivo tuvo su propio ritual: los jugadores lo alzaron y lo lanzaron al aire, en un homenaje espontáneo al ídolo que empujó a un equipo que parecía vencido.
Un partido que le fue esquivo
El rendimiento de Messi tuvo marcados altibajos a lo largo del encuentro. Arrancó con protagonismo en la distribución del juego, pero a los 20 minutos falló un penal —el segundo que erra en lo que va del torneo— que el arquero egipcio Mostafa Shobeir le atajó. A partir de ahí, con no menos de tres rivales buscando asfixiarlo cada vez que tocaba la pelota, el rosarino se fue desdibujando. Comenzó a recostarse sobre el lado derecho, como en su época en Barcelona, para generar desde allí el desequilibrio.
Y funcionó. Messi fue clave en la remontada: primero asistió a Cuti Romero para el descuento y luego convirtió el gol del empate. El tanto que selló la clasificación llegó de los pies de Enzo Fernández, que puso el 3-2 definitivo cuando el marcador estaba 2-0 en contra hasta el minuto 85.
Las imágenes del llanto del capitán se viralizaron de inmediato en las redes sociales, donde miles de hinchas las interpretaron como el desahogo de quien cargó sobre sus hombros la frustración del penal fallado y el peso de un partido que pudo haber sido el último con la camiseta argentina.
Ahora la Selección deberá esperar al ganador del cruce entre Colombia y Suiza. El próximo partido será el sábado en Kansas, por los cuartos de final del Mundial 2026.