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Messi, ese pibe que fue insólitamente acusado de "no sentir" la camiseta argentina

El cariño del público albiceleste le costó muchos años al astro; incluso hasta el día de hoy se escuchan voces críticas (o exigentes) por no volver al país con el plantel. Un repaso para tener memoria y reflexionar sobre cómo tratamos a nuestro ídolo en función de los resultados

 

El 26 de junio de 2016, en el estadio de Nueva Jersey (el mismo de ayer) y tras perder por penales la final de la Copa América con Chile, Lionel Andrés Messi anunciaba que se retiraba de la Selección Argentina con una de las declaraciones más estruendosas en la historia del fútbol reciente: "Ya está, se terminó para mí la Selección. Ya son cuatro finales, no es para mí. Lamentablemente lo busqué, era lo que más deseaba, no se me dio, pero creo que ya está”.

Afortunadamente ese vacío que padecimos los futboleros y, sobre todo, los hinchas de Messi duró sólo dos meses. Claro, fueron dos meses de súplica constante en las calles, en los colegios, en los clubes de barrio. "¡Volvé, Leo!", se repetía como mantra. Y Leo volvió. Jugó las eliminatorias del mundial 2018 y lo siguió intentando.

Sin embargo, ese amor de su pueblo no se sintió desde los comienzos. Todo lo contrario. Superada su primera participación mundialista en Alemania 2006 y ya convertido en uno de los mejores jugadores del mundo, la época previa y post al mundial de Sudáfrica 2010 estuvo marcada por un parecer muy común entre los argentinos. Muchos recordamos a familiares o amigos que expresaban: “En la Selección no juega como en el Barcelona”. Pero la crítica no sólo era por lo futbolístico. Durante años, el 10 debió soportar los cuestionamientos por no cantar el himno nacional. Ya harto, Leo redobló la apuesta y decidió no cantarlo “a propósito”, como declararía en una entrevista en 2015: “Y sí, una vez que empezaron con eso, lo hago a propósito. Si no me cambia nada no cantarlo”.

A tal punto era el fastidio y castigo de los argentinos y de gran parte de la prensa nacional con la Selección de Messi que en la Copa América 2011 desarrollada en nuestro país, el equipo se fue abucheado bajo el hiriente cántico de: “Jugadores, la concha de su madre, a ver si ponen huevo, que no juegan con nadie".

Pasó Maradona, pasó Batista, y llegó Alejandro Sabella, el técnico que volvería a llevar a la Argentina a una final del mundo luego de 24 años. Pero aquella Selección de Mascherano, Agüero, Higuaín y compañía, empezaba a transitar un doloroso camino. Las jugadas desperdiciadas en la final contra Alemania, sumadas a las dos finales perdidas contra Chile en las Copas América 2015 y 2016 ya bajo la dirección técnica de Gerardo Martino sellaron un vínculo casi irreconciliable con el público albiceleste. Y ahí se produjo ese baldazo de agua fría: el ‘hasta acá llegué’ de Messi que hizo pensar hasta sus máximos detractores qué sería de la Selección sin el mejor del mundo.

“¿Cuál es la crítica que más te duele?”, le preguntó Gastón Recondo en aquella recordada entrevista en Barcelona. “Escucho que dicen ‘no sienten la camiseta’ o ‘no ponen huevos’. Pero no es poner huevos nada más. Nosotros somos los primeros que queremos ganar, levantar una copa y festejar. Y en un partido pasan diferentes situaciones. Me da bronca cuando dicen eso o el que habla por hablar y te mata sin pensar en nada”, respondía once años atrás.

Luego fue el turno del olvidable Sampaoli y el mundial de Rusia 2018. Fue el momento en que una generación brillante de jugadores tocó fondo varios se despidieron de la celeste y blanca. ¿Y Messi? ¿Qué va a pasar con Messi? Y Messi fortaleció su legado más importante como deportista: continuó en la Selección y lo siguió intentando. Cuando todo era incertidumbre, un desconocido Scaloni como DT junto a exjugadores históricos como Aimar, Ayala y Samuel llevaron adelante una refundación con futbolistas jóvenes que tuvieron la oportunidad de jugar al lado y para su ídolo.

Con un aire y una energía absolutamente renovada, Argentina fue encontrando un juego que acompañó al 10 en lugar de depender de él. La conquista de la Copa América 2021 derrotando a Brasil en el Maracaná sembraron un espíritu optimista y competitivo de cara al mundial 2022. La historia de Qatar en adelante es más conocida y recordada. Lionel Andrés Messi no sólo se consagró campeón del mundo sino que logró la unanimidad que no había podido tener antes entre su público. El título mundialista no representó solamente “lograr algo con la Selección” como soñó desde pibe sino convertirse de una vez por todas en profeta también y, fundamentalmente, en su tierra.

Tal como se puede apreciar en este brevísimo repaso, la historia de Messi con la Selección Argentina es una montaña rusa de emociones. Lo que queda en evidencia es que el afecto de sus aficionados llegó tarde, casi sobre el final del camino. Quizá porque muchos necesitaban verlo levantar la Copa para rendirse a sus pies en lugar de ser felices disfrutando su fútbol que, lamentablemente, no lo viviremos eternamente.

Lo que sí vivirá de manera eterna es la enseñanza de Lionel Messi como deportista y que, en realidad, puede trascender el plano deportivo: caerse, volverse a levantar, caerse y aunque no te apoyen los que más querés que te tiendan una mano, volverse a levantar, seguir adelante, sin rencor, sin odio, con humildad, perseverancia, ilusión y dignidad. Porque ese legado vale más que cualquier título mundial.

¡Gracias por todo, Leo!