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En combi, dos adeliamarienses llegaron a Alaska después de viajar 5 años y recorrer 18 países

Luis Garnero y María Belén Bisotto iniciaron esta aventura con su "Blanquita" en 2017. La pandemia los dejó varados en México. Escribieron el libro "Liberarte", en el que plasman sus experiencias. Este año lograron la meta, pero ya se preparan para seguir rodando

Belén y Lucho, en su “hogar rodante”.

 

Luis “Lucho” Garnero y María Belén “Belu” Bisotto cumplieron su sueño y tras un viaje de 5 años llegaron a Alaska, en su “Blanquita”, la combi que acondicionaron y con la que recorrieron más de 80 mil kilómetros y 18 países.

Los jóvenes, de 33 años y oriundos de Adelia María, iniciaron esta aventura en 2017 y fue en este 2022 que finalmente llegaron a la meta que se habían propuesto. Alaska era el destino, pero una nueva hoja de ruta comienza a movilizarlos.

Sus historias, anécdotas y momentos vividos en estos 5 años son compartidos a través de un blog, “Viajá y reíte”, por Instagram, Facebook, YouTube y hasta en un libro que escribieron para contar sus aventuras al que titularon “Liberarte”.

A la distancia y con horarios disímiles, Belén se hace un tiempo para contar a Puntal sobre esta última etapa del viaje y lo que viene en adelante. Pero, además, repasar cómo se inició esta travesía, en la que sufrieron el robo de pertenencias, quedaron varados por la pandemia y hasta vivieron un terremoto.

“Nosotros somos de un pueblito cerquita de Río Cuarto, de Adelia María. Hicimos toda la escuela juntos. Somos compañeros de toda la vida”, comienza diciendo Belu.

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Tras finalizar sus estudios universitarios -en el caso de ella, de profesora de Educación Física y administradora hotelera y Lucho, Diseño Industrial-, decidieron ir a vivir a San Pablo (Brasil). Fue por el año 2016.

“Vamos a seguir moviéndonos. Hemos aprendido a hacer muchas cosas y no especializarnos en una”. “Vamos a seguir moviéndonos. Hemos aprendido a hacer muchas cosas y no especializarnos en una”.

“Estuvimos ahí trabajando un año de nuestras profesiones, pero un día decidimos comprar una combi y en principio era para viajar solo por Brasil. Estuvimos 9 meses viajando por ahí. Le construimos todo el interior. Luis es diseñador industrial y le gusta justamente todo eso, así que la fue remodelando”.

El viaje luego continuó por Bolivia y de ahí bajaron a Argentina.

Estando en su amada Adelia María, nació la idea de seguir recorriendo el mundo en combi. “Habíamos aprendido muchas cosas en la ruta y nos entusiasmó la idea de seguir recorriendo el mundo”.

La partida desde Adelia María

Así fue que el 3 de abril de 2017 partieron desde la localidad cordobesa con un destino fijado: Alaska. Tras esta meta es que recorrieron casi todos los países de América.

“De Argentina fuimos para Chile, pasamos por Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia. Pusimos la combi en un barco y cruzamos a Panamá porque ahí está el Tapó de Darién, una zona de jugla intransitable. Recorrimos Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, Belice, México y Cuba. Y México otra vez, fuimos para Estados Unidos, Canadá todo por el oeste, Alaska y ahora estamos bajando para el este de Canadá. Nos encontramos en Toronto”, traza mentalmente el mapa Belén.

“Viajá y reíte”

Estiman llevar recorridos unos 80.000 kilómetros. “Es que la combi es viejita y en el tablero no andan ni el velocímetro, ni el cuentakilómetros, ni el medidor de gasolina. Nos guiamos por lo que escribimos en papel”, resalta.

La combi tiene en su ploteo el nombre que eligieron para esta aventura, “Viajá y reíte”, y sobre ello Belén dice: “Para mí la risa, el buen humor, es medicina. La risa libera endorfinas, dopamina, es medicina del alma. Y es el lenguaje universal. Cuando llegás a un lugar y no conocés el idioma, la risa es la primera manera de comunicarse, da apertura. Rompe el hielo”, sintetiza.

“Además Lucho es fanático de La Renga, que tiene una canción que se llama ‘Reíte’ y su letra es hermosa”, agrega Belén.

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Hacer de todo un poco

De esta experiencia Belén destaca que salieron de su “zona de confort” y no solo trabajaron de sus profesiones, sino que incursionaron en diversas tareas. Desde ser jardineros, meseros, lavacopas y en los últimos tiempos “housesitting”, que traducido significa “cuidadores de casa”.

“Es una modalidad que consiste en encargarnos de cuidar casas de familias que se van de vacaciones y dejan sus mascotas y sus pertenencias a nuestro cuidado. Y el beneficio es mutuo”, precisó Belén.

Es que los fríos de Alaska hacen imposible soportarlos sobre la fiel combi, que carece de calefacción. En ese país se registran temperaturas de hasta -15 grados.

También hicieron intercambios en hostel y hoteles o en algunos países los ciudadanos les golpeaban la puerta de la combi y los invitaban a sus hogares.

Por su profesión, Lucho incursionó en el arte haciendo murales, también realiza tatuajes.

“Ahora estamos en Toronto y vamos a seguir por la parte este de Estados Unidos, buscando un lugar más calentito. Tal vez el estado de Florida”, adelanta Belén a Puntal.

Sobre lo ocurrido en la larga pandemia de casi dos años, describen: “Quedamos varados en México. Ahí sacamos nuestro primer libro, que se llama ‘Liberarte, historias de viaje y algo más’. Relata los primeros tres años de la vida en movimiento en cuatro ruedas. Las anécdotas, los pros y contras”.

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“Por ejemplo, en Chile nos robaron todo, pasamos un terremoto, entramos a México con 3 dólares en el bolsillo. Muchas cosas que han pasado pero a la vez todas las peripecias que hay que hacer al enfrentar un viaje en combi. Y ver la generosidad de la gente en el camino”, agrega Belén.

Con respecto al libro, explicó que se imprimió de forma independiente en español e inglés. “Mi mamá es profesora de inglés y nos ayudó en la traducción. Eso, con el objetivo de poder venderlo en Estados Unidos y Canadá y poder continuar solventándonos”.

Aclara la joven adeliamariense que el libro solo es comercializado por ellos y los interesados deben solicitarlo a través del blog o las redes sociales que poseen.

Mientras tanto, siguen rodando. Y volver a la Argentina está entre sus planes. “Ahí están nuestras raíces, nuestras familias, amigos”.

Pero admite que el movimiento es parte de sus vidas. “Vamos a seguir moviéndonos. Hemos aprendido a hacer muchas cosas y no especializarnos solo en una. Creo que esa apertura era lo que buscábamos para nuestra vida. No lo vemos como un límite, sino ir cambiando de color como el camaleón”.