Río Cuarto

Milanesas de soja: la idea que causó risas en Elena y una millonaria oferta en China

Detrás de cada producto, hay una historia. Eugenia Martina dejó atrás su rol de contadora en industrias de Río Cuarto para iniciar un camino con el valor agregado como Norte. Junto a su familia hoy encara el desafío de emprender desde el interior del interior
Eugenia Martina dejó atrás su rol de contadora en industrias de Río Cuarto para iniciar un camino con el valor agregado como Norte.  

“Cuando empezamos con esto, todo el mundo se nos reía: nos decían que la milanesa de soja eran una suela y que nunca reemplazaría a la carne. Casi nadie creía en nosotros. Porque el camino del emprendedor es muy solitario y uno debe estar muy seguro de lo que quiere hacer, sabiendo que la seguridad no va a venir de afuera”.

Eugenia Martina es contadora pública nacional y en su afán por emprender tuvo que incursionar en una multiplicidad de ámbitos que van desde el marketing, la nutrición, el diseño gráfico, la ingeniería química y la sustentabilidad ambiental, hasta en cuestiones legales, de registro y patentamiento de ideas.

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Y transitó por ése camino orientada por especialistas en cada materia hasta poder insertar en el mercado un producto que no solo busca dar valor agregado a la producción de soja sino que a la vez tiende a promover una mayor conciencia en los métodos de explotación de los recursos naturales. A 12 años de aquel puntapié inicial, Eugenia es socia mayoritaria de Gliestore S.A. y desde la localidad de Elena produce las milanesas de soja Enkelsoy que cumplen con altos estándares de inocuidad, lo que permite a futuro proyectar la inserción del producto en el mercado europeo.

Eugenia es de Río Tercero y junto a su marido y socio de la empresa, Germán Darico (de Elena), le fueron dando forma al emprendimiento que hoy incluye también al resto de su familia.

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La mujer cuenta que hasta 2010 había trabajado durante varios años en una industria metalmecánica de Río Cuarto dedicada a la fabricación de equipos de riego artificial y que también tuvo un breve paso por otra firma dedicada a la elaboración de productos congelados.

Y el 27 de julio de 2010 fue el día en el que decidió largar todo para crear su propia empresa. Pero nada es fácil, y mucho menos, para emprendedores del interior del interior.

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Los primeros pasos

“Mi marido ya trabajaba en el campo con su familia en una pequeña producción agropecuaria y fue ahí que le propuse agregar valor a lo que él hacía, que era sembrar soja. Empecé a ver alternativas, visité plantas de expeler de soja e indagué un poco sobre el tema, pero al ver que había mucha competencia y que además demandaba de una inversión importante, fue que comencé a buscar otras posibilidades. Hasta que un domingo me levanté y le dije: vamos a hacer milanesas de soja”, recuerda Eugenia.

Y agrega: “Mi marido siempre me apoyó en todo, pese a que yo tengo un montón de ideas re-raras (sonríe). Buscamos un ingeniero químico que trabajó en la fórmula de la milanesa y compramos una hectárea donde estamos ahora con la planta, en Elena, porque era más factible estar ahí que en Río Cuarto”.

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Entre 5 y 6 meses fue el plazo que le llevó al profesional encontrar la combinación justa de componentes para alcanzar el producto que Eugenia quería ofrecer al mercado. “Yo le había pedido que las milanesas tuvieran mucha soja, fueran baratas y que no tuvieran ni conservantes, ni aditivos. Pero una vez que logramos ese producto, el mismo profesional me comentó que existía una cadena de eventos necesarios por cumplir, previo a la venta de las milanesas, que era lo que yo quería hacer lo antes posible”, cuenta.

La primera sugerencia, fue contar con un buen packaging, y para eso me recomendó un profesional del rubro. Hasta allí fue a golpear la puerta y, resuelto el contenedor, restaba definir la gráfica que se plasmaría en los mismos. Desde allí le recomendaron un diseñador gráfico que se entusiasmó con el proyecto pero para poder diseñar un logo debía haber una marca registrada: otra vez a buscar personal idóneo para ello, que también encontró por sugerencia de este último.

“Al momento de decir que quería que mi marca fuera Soja Quick, me preguntó si la tenía patentada y al carecer de ello, me recomendó hablar con profesionales dedicados al registro de marcas y patentes, pero me adelantó que esa idea no era compatible por la similitud con los productos de la multinacional alimenticia Knorr Quick. Así que pasé días buscando una marca que no estuviera inscripta hasta que probando traducciones de ‘soja rápida y liviana’ en Google me gustó su denominación en sueco: Enkelsoy, y de esa manera la registré”.

Financiamiento

Definido el producto y definida la marca, salió a buscar apoyo financiero para poder echar a rodar la empresa, pero se topó con otro obstáculo: para ello, la empresa misma también tenía que tener un nombre.

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“En pocos días creé la sociedad anónima Gliestore, que se conforma por las iniciales de los miembros de mi familia: Germán, mi marido, Lautaro e Ignacio, mis hijos, y yo (Eugenia), más la palabra ‘store’ que refiere a la apertura a otros emprendedores que puedan ser parte del proyecto”, explica.

Y añade: “Si bien en ese momento me dieron poco dinero, nos sirvió para empezar la primer ala del galpón de producción”.

Así, con un espacio para elaboración y dos diseños de paquetes diferentes, la familia Darico salió a recorrer las calles de la ciudad de Río Cuarto, para visitar a su paso uno por uno los comercios y despensas que pudieran contar con un freezer para ofrecer alimentos congelados.

Interés creciente

Paralelamente, el producto empezó a mostrarse en ferias regionales y fue ganando aceptación.

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“Luego empezamos a salir a la zona y llegamos a grandes ciudades como Villa María y Córdoba, hasta que hace unos 6 años, el gobierno nacional y el Consejo Federal de Inversiones (CFI) nos invitaron a China, y al año siguiente fuimos a Tailandia con la Agencia ProCórdoba, junto a la Región Centro. Luego estuvimos también en Chile, con ProCórdoba, y asistimos a una Feria Orgánica de Alimentos, en Perú, y viajamos a Barcelona, en misión comercial con el Gobierno de Córdoba. En cada viaje encontramos una gran aceptación, al punto tal que los chinos me quisieron comprar la empresa (recuerda sonriente). Pero yo les expliqué que hice esto para agregar valor y por más que la oferta era buena no hubiésemos podido avanzar en nuestro cometido”, indica Eugenia. Para añadir: “Casi todo lo que ganamos se reinvierte en agregar valor, que a la vez es un inversión social, porque todo esto permite que los profesionales de Elena y región puedan quedarse en sus pueblos y trabajar en lo que realmente se formaron”.

Compromiso ambiental

Otra gran misión que guía los destinos de la firma de Elena está signada por el compromiso con el medio ambiente en todas las acciones empresariales que promueve.

¿Plata? Hay un montón de gente que tiene muchísima plata. Pero ideas, no sobran. Hay que luchar por las ideas, después la plata aparece, como apareció esta sucesión de personas en el medio de mi camino que me fue guiando para superar una y otra instancia. ¿Plata? Hay un montón de gente que tiene muchísima plata. Pero ideas, no sobran. Hay que luchar por las ideas, después la plata aparece, como apareció esta sucesión de personas en el medio de mi camino que me fue guiando para superar una y otra instancia.

Por ejemplo, gran parte de la planta se abastece por energía solar y desde hace algunos años han orientado la producción de materia prima a partir de métodos estrictamente orgánicos. “Hace unos cuantos años le comenté a mi marido sobre mi interés de producir de forma orgánica. Al principio mostró resistencia, pero después le demostré que íbamos a hacer un producto mejor, así que nos metimos en un grupo de productores orgánicos, aprendimos y hoy ya certificamos la producción primaria orgánica”, comenta la emprendedora.

Y agrega: “Lo nuestro es agroecológico y orgánico. Y si nosotros podemos contar y replicar esto para que otros lo hagan, podríamos cambiar el pensamiento y la forma de trabajo de muchos productores”.

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A la vez, Gliestore SA es una firma apta para la producción de productos Kosher, lo que se rige por exigentes normas de la comunidad judía.

A la vez, por estos días se encuentra en el tramo final para alcanzar la certificación ISO 22000, lo que implica cumplir con uno de los estándares de alta calidad e inocuidad alimentaria, al tiempo que lograron elaborar un producto libre de sal agregada y libre de glutomato monosódico, y trabajan para certificarlo como 100 por ciento orgánico.

“La certificación ISO 22000 tiene un proceso de gestión documental que asegura la trazabilidad y la inocuidad de los productos, y a la vez representa una llave para el mercado europeo. También vamos a certificar lo orgánico de nuestros productos y eso implica que tengamos que reformular los contenidos al punto de retirar de nuestra línea determinados productos que no se ajustaban a tales parámetros. Por ejemplo, sacaremos las milanesas de jamón y queso, porque no hay jamón ni quesos orgánicos en el mercado para abastecernos, lo que significa uno de los tantos problemas respecto de la provisión de insumos”, señala sobre el final.