La doble trampa de Milei
“¿Y ahora?”. Esa es la pregunta, simple, directa, pero a la vez abierta en mil direcciones, que atraviesa a la política nacional desde que Luis “Toto”Caputo, ministro de Economía, dio una conferencia de prensa para anunciar que el gobierno nacional retiraba de la polémica ley ómnibus el aún más polémico capítulo fiscal, que incluía el aumento de las retenciones, el blanqueo, la moratoria, Bienes Personales y el cambio de la fórmula jubilatoria.
Era el corazón de la ley de “Bases”. Sin el corazón, ¿qué queda? Y además, ¿cómo se sigue?
Ayer fue un día frenético de reuniones, sobre todo en la oposición. A la mañana, un grupo de gobernadores, entre los que estuvo Martín Llaryora, analizaron por Zoom la movida del Gobierno y cuál es la mejor manera de posicionarse. Horas después, el mandatario cordobés generó sorpresa porque declaró que debe iniciarse una etapa de diálogo y que la ley debe salir.
¿Por qué cambió Llaryora? ¿El mismo gobernador que se resistió públicamente durante toda la semana a la ley ómnibus y que dijo que no iba a permitir la destrucción del tejido productivo ahora pide por la ley? No sólo el gobernador se había expresado: el diputado Carlos Gutiérrez causó ruido en la semana cuando denunció que el oficialismo había alterado el dictamen que se había acordado en el Congreso. En realidad, lo que persiguen ahora Llaryora y el peronismo cordobés es escapar de lo que creen es una doble trampa: legislativa y política.
En el oficialismo provincial nadie festejó la marcha atrás del gobierno de Milei. En los hechos, es una derrota política para el Ejecutivo nacional, una muestra de su improvisación operativa, pero el llaryorismo y el schiarettismo ahora sospechan que, en realidad, lo que busca el Gobierno es acorrararlos. Y están definiendo cómo salir del encierro.
Desde que Caputo habló, el Ejecutivo argumentó que ya no hay razones para objetar lo que sobrevive de la ley; es decir, y lo planteó GuillermoFrancos abiertamente, debe ser aprobada sin demoras. Si ya no quedan los artículos objetados, ¿entonces cuál sería el problema?, razona el oficialismo. Pero los gobiernos provinciales, y sobre todo el de Llaryora, sí olfatean un problema. Uno mayúsculo.
En los últimos días, con idas y vueltas, a los tumbos, se había avanzado en acuerdos que implicaban que el gobierno nacional cedía en parte y las provincias también. Pero los gobernadores algo se llevaban:podían obtener la vuelta de Ganancias (que está por fuera de la ley ómnibus pero que entró en la negociación), el pago de la deuda por los sistemas jubilatorios provinciales (Córdoba reclama 232 mil millones de pesos), entre otros aspectos centrales para el estado financiero de las administraciones provinciales.
Al retirar el capítulo fiscal, todos esos acuerdos quedaron en la nada. Y ahí empiezan a operar las trampas que alertan al peronismo cordobés. Sin el capítulo fiscal, al gobierno de Milei le interesa ahora fundamentalmente un artículo de la ley: el que le concede al Presidente facultades extraordinarias y amplísimas durante un año, con posibilidad de extenderlas por 12 meses más. Si en sólo 40 días el libertario fue capaz de emitir un DNU y enviar un proyecto con mil artículos que derogan leyes, desregulan la economía y avanzan sobre casi todos los aspectos de la vida argentina, ¿cuánto más podría hacer en 365?
El llaryorismo especula con que Milei impondría por decreto, avalado por las facultades delegadas, todo el capítulo fiscal que Caputo retiró el viernes por la noche. Pero sin ninguna contraparte, sin ningún compromiso en favor de los gobernadores. “Lo que quieren hacer es tener los superpoderes, sacar por esa vía todo lo que estaba en la ley ómnibus pero, a la vez, asfixiar a las provincias. Todo lo que iba a conceder, como por ejemplo cubrir el rojo de la Caja de Jubilaciones, no lo va a hacer. Y eso para Córdoba es un aspecto central”, indicaron en el PJ cordobés.
Esa es la trampa para el caso de que la ley se apruebe. Pero hay otra, para el caso de que no se apruebe. Sería política porque habilitaría al gobierno nacional a acusar a toda la oposición y a los gobernadores en su conjunto de defender privilegios y no permitir el cambio que el 55% de la población votó en el balotaje.
Las encuestas han ido marcando un descenso en el apoyo popular a Milei;sin embargo, todavía continúa en niveles altos y, del otro lado, lo que existe es una oposición desmembrada, sin conducción, sin discurso o, en el mejor de los casos, con un discurso que parece avejentado, sintonizado para el pasado pero no para el presente ni para el futuro.
El kirchnerismo, por ejemplo, opera casi por memoria histórica:sabe a qué oponerse pero por reflejo. Actualmente no hay una figura que aglutine a ese espacio político (Cristina Fernández parece haber iniciado una especie de autoexilio interno) ni que haya podido construir aún una mirada innovadora, de expectativa.
Si Milei se desploma, no hay nadie en ese espacio que pueda capitalizarlo. De hecho, las caras visibles de la última semana han sido Pablo Moyano y Héctor Daer.
Quienes al menos se han posicionado públicamente con una mirada más racional y sosegada, tratando de surfear en la vorágine de enfrentamiento constante en la que ha entrado Milei, han sido algunos gobernadores. Uno es el radical Maximiliano Pullaro, de Santa Fe. Otro, Llaryora. Sin embargo, sus discursos y sus concepciones, si bien abarcan el escenario nacional, tienen todavía un anclaje fuertemente territorial:el santafesino defiende a Santa Fe, el cordobés defiende a Córdoba.
El riesgo que les impone la jugada del Gobierno es dejarlos a todos en el mismo lodo:como representantes de la casta que defiende sus privilegios y se niega a cambiar. Los libertarios podrían encontrar en “los políticos” la razón argumental de sus fracasos de gestión, por ejemplo.
Milei no tiene peso legislativo, ni partido, ni sostén que vaya más allá de la relación que él ha construido con su electorado. Esa relación se construyó después de arrebatarle al peronismo un sentimiento de enorme potencialidad política:el resentimiento.
Históricamente, el peronismo se alimentó del resentimiento como un hecho político que se digiría desde abajo hacia arriba: el pobre, el obrero, apuntaba su enojo y sus frustraciones hacia las clases acomodadas. Ahora, el resentimiento que abona Milei es diferente: es multidireccional; cada uno, cualquiera sea su ubicación en la pirámide social, encuentra hacia dónde dirigir su negatividad. Prevalecen dentro de ese universo dos características: el que está resentido pero no aspira tanto a que su vida mejore sino a que empeore la de quienes considera privilegiados;la segunda característica es que cualquier elemento relacionado con el Estado o la política es inmediatamente identificado con esos privilegios repudiados.
En el PJ cordobés creen que Milei todavía puede canalizar el enojo contra “la clase política”.
Llaryora quiere eludir ese escenario y recuperar en una nueva negociación algunos de los acuerdos que se habían obtenido en los últimos días. Por eso anunció que viajará a Buenos Aires y que intentará darle vida a un proceso que hace agua por los cuatro costados. La prenda de negociación serán ahora los superpoderes: cuánto le darán a Milei y cuánto le retacearán dependerá de la marcha de las conversaciones.
La voluntad del gobernador se topa con un impedimento: en el oficialismo casi no hay interlocutores. Cada acuerdo que se cerró en el Congreso volvía de la Casa Rosada con un no. Ahora reclaman que una figura de poder encabece las conversaciones.
Llaryora, mientras tanto, no puede desatender la política interna. Está cerrando acuerdos salariales con los gremios estatales pero los docentes amenazan con convertirse en un conflicto:no descartan un paro en el inicio de las clases.
Un plano central de su plan de gobierno lo ocupa la seguridad: en las próximas semanas, se reforzará la vinculación de los equipos de Seguridad de la Provincia con los municipios. Y ahí Río Cuarto tendrá un rol relevante. La prevención pasará a ocupar buena parte del discurso y la acción del gobierno de Juan Manuel Llamosas.
No es casual. Primero porque la seguridad está al tope de las preocupaciones de los cordobeses y los riocuartenses y, segundo, porque el intendente acaba de comenzar la campaña para la elección de este año en la que se votará a su sucesor. Llamosas pretende arrebatarle a la oposición, principalmente a Gonzalo Parodi, un eje discursivo y político que puede gravitar en la discusión electoral.
El intendente apostará al plan de prevención que anunciará en la apertura de sesiones del 1° de febrero y, a la par, buscará alimentar la figura de Guillermo De Rivas para convertirlo en el candidato del peronismo. Ya consiguió el apoyo de Llaryora, que se sostendrá por al menos 45 días. Ese es el plazo que tiene el secretario de Gobierno para instalarse y demostrar que puede ganar la elección. Si no lo consigue, el oficialismo deberá barajar y dar de nuevo.