Río Cuarto
Motochorros picanean a una abogada para robarle el celular
La mujer, de 34 años, regresaba junto con su madre a su casa en Banda Norte y fue sorprendida por dos extraños
La ola de inseguridad no cede en Río Cuarto. La semana pasada, una abogada que regresaba de su trabajo a su casa fue abordada por dos hombres que esperaban a su víctima en la cuadra de José Verdi al 800, en Banda Norte.
Lo que vivió María Clara Barbero el 21 de septiembre pasado no le será fácil de olvidar debido a la violencia del asalto que sufrió. Indefensa y con su madre de testigo, fue atacada con una picana por un ladrón que forcejeó para sacarle la cartera. Uno de los asaltantes, que según la estimación de la mujer tenía menos de 20 años, le aplicó varias descargas en distintas partes de su cuerpo hasta conseguir lo que quería: un teléfono celular.
A consecuencia del asalto, Barbero tuvo que hacer varios días de reposo y le prescribieron tranquilizantes. Recién ayer pudo volver a la oficina céntrica donde tiene su estudio y contó a Puntal su traumática experiencia, para que otros puedan tomar recaudos y eviten pasar por lo mismo.
“Ese día volvía de mi trabajo con mi mamá. Veníamos caminando hacia mi casa, doblamos la esquina por José Verdi y ahí los vi: eran dos en una de las motos que suelen usar los motochorros. ¿Una 110, será? Tenían gorras, a dos casas de distancia veo que uno se baja y me dije a mí misma: ‘nos tocó’”.
El primer impulso de la abogada, de 34 años y contextura pequeña, fue advertirle a su madre para ponerla a resguardo. “Pensando que ella era más frágil, le digo: te quedás tranquila y te vas para atrás. Entonces, veo que el tipo se viene derecho hacia mí”.
Todo sucedió, calcula ella, en un minuto y medio. La calle ya estaba a oscuras, y sólo estaban a cuatro casas de llegar a su domicilio.
La mujer delgada empezó a forcejear con el joven, que también era menudo. Barbero se negaba a entregarle la cartera y el extraño tironeaba con fuerza para quitársela. “Ahí tenía mi DNI, sellos, documentos de una persona a la que iba a jubilar, cartas documentos del estudio..., pensaba que tenía que proteger la confidencialidad de los datos de mis clientes, y no se la daba”, recordó la abogada.
Entonces, vino la peor parte. El ladrón extrajo una picana y comenzó a aplicarle descargas eléctricas para vencer la resistencia de su víctima. “Fueron tres en la panza, una en la espalda y otra en el pecho a la altura del corazón, lo que marca la perversidad de este muchacho. Como no logró su cometido, y yo no soltaba la cartera, me empujó contra la pared y me tiró al piso, ahí fue cuando pensé ‘se la doy o me va a reventar’”.
La cartera estaba destruida, se le rompió todo el cierre reforzado, la parte del fuelle y ahí saltó el celular.
“El aparato era nuevo, tenía apenas 20 días de uso; cuando el tipo lo vio encontró lo que estaba buscando, lo agarró y se fue”.
Toda la escena fue observada por su madre que, aterrorizada, había quedado paralizada y no atinaba a hacer nada.
“Cuando vio que me tiraban al piso empezó a gritar y aparecieron algunos vecinos”.
María Clara confió que ninguno de ellos atinó a hacer nada.
“Entiendo que a lo mejor tenían miedo, cada uno reacciona como puede. Nadie se acercó, terminó siendo mi mamá la que llamó a la policía”, comentó.
La zona, dijo, es tranquila y no recuerda que hayan sucedido otros episodios violentos allí. “Uno siempre toma recaudos, yo como mujer solía usar anillos y pulseras y, de un tiempo a esta parte, dejé de usarlos porque tenía miedo de que me pasara algo, andaba con cuidado. Pero, bueno, estaba en la cuadra de mi casa, y te relajás”, contó la mujer que aún hoy sigue alterada por lo que le tocó vivir.
Las venden por Mercado Libre
María Clara Barbero confió que por su afición a las series policiales sabía cómo era una picana y no le costó identificarla cuando el ladrón blandió una.
“No es del tipo de las que usa la Policía Federal porque con una descarga de esas te planchan, pero tenía la fuerza suficiente como para provocar estas quemaduras”, comentó la mujer y mostró una marca similar a la quemadura de un cigarrillo, en la muñeca izquierda.
La que tenía el ladrón medía unos 30 centímetros y tenía un gatillo similar al de un magiclick. “No sé si son de venta libre, pero estuve mirando en internet y en Mercado Libre las venden”, confirmó.
Con el paso de los días, la sensación de impotencia persiste. “Lo que más me duele es la saña con la que actuaba este chico, se notaba que estaba nervioso, que era inexperto, si hubiera sido más corpulento, no sé que hubiera pasado”.
Lo que vivió María Clara Barbero el 21 de septiembre pasado no le será fácil de olvidar debido a la violencia del asalto que sufrió. Indefensa y con su madre de testigo, fue atacada con una picana por un ladrón que forcejeó para sacarle la cartera. Uno de los asaltantes, que según la estimación de la mujer tenía menos de 20 años, le aplicó varias descargas en distintas partes de su cuerpo hasta conseguir lo que quería: un teléfono celular.
A consecuencia del asalto, Barbero tuvo que hacer varios días de reposo y le prescribieron tranquilizantes. Recién ayer pudo volver a la oficina céntrica donde tiene su estudio y contó a Puntal su traumática experiencia, para que otros puedan tomar recaudos y eviten pasar por lo mismo.
“Ese día volvía de mi trabajo con mi mamá. Veníamos caminando hacia mi casa, doblamos la esquina por José Verdi y ahí los vi: eran dos en una de las motos que suelen usar los motochorros. ¿Una 110, será? Tenían gorras, a dos casas de distancia veo que uno se baja y me dije a mí misma: ‘nos tocó’”.
El primer impulso de la abogada, de 34 años y contextura pequeña, fue advertirle a su madre para ponerla a resguardo. “Pensando que ella era más frágil, le digo: te quedás tranquila y te vas para atrás. Entonces, veo que el tipo se viene derecho hacia mí”.
Todo sucedió, calcula ella, en un minuto y medio. La calle ya estaba a oscuras, y sólo estaban a cuatro casas de llegar a su domicilio.
La mujer delgada empezó a forcejear con el joven, que también era menudo. Barbero se negaba a entregarle la cartera y el extraño tironeaba con fuerza para quitársela. “Ahí tenía mi DNI, sellos, documentos de una persona a la que iba a jubilar, cartas documentos del estudio..., pensaba que tenía que proteger la confidencialidad de los datos de mis clientes, y no se la daba”, recordó la abogada.
Entonces, vino la peor parte. El ladrón extrajo una picana y comenzó a aplicarle descargas eléctricas para vencer la resistencia de su víctima. “Fueron tres en la panza, una en la espalda y otra en el pecho a la altura del corazón, lo que marca la perversidad de este muchacho. Como no logró su cometido, y yo no soltaba la cartera, me empujó contra la pared y me tiró al piso, ahí fue cuando pensé ‘se la doy o me va a reventar’”.
La cartera estaba destruida, se le rompió todo el cierre reforzado, la parte del fuelle y ahí saltó el celular.
“El aparato era nuevo, tenía apenas 20 días de uso; cuando el tipo lo vio encontró lo que estaba buscando, lo agarró y se fue”.
Toda la escena fue observada por su madre que, aterrorizada, había quedado paralizada y no atinaba a hacer nada.
“Cuando vio que me tiraban al piso empezó a gritar y aparecieron algunos vecinos”.
María Clara confió que ninguno de ellos atinó a hacer nada.
“Entiendo que a lo mejor tenían miedo, cada uno reacciona como puede. Nadie se acercó, terminó siendo mi mamá la que llamó a la policía”, comentó.
La zona, dijo, es tranquila y no recuerda que hayan sucedido otros episodios violentos allí. “Uno siempre toma recaudos, yo como mujer solía usar anillos y pulseras y, de un tiempo a esta parte, dejé de usarlos porque tenía miedo de que me pasara algo, andaba con cuidado. Pero, bueno, estaba en la cuadra de mi casa, y te relajás”, contó la mujer que aún hoy sigue alterada por lo que le tocó vivir.
Las venden por Mercado Libre
María Clara Barbero confió que por su afición a las series policiales sabía cómo era una picana y no le costó identificarla cuando el ladrón blandió una.
“No es del tipo de las que usa la Policía Federal porque con una descarga de esas te planchan, pero tenía la fuerza suficiente como para provocar estas quemaduras”, comentó la mujer y mostró una marca similar a la quemadura de un cigarrillo, en la muñeca izquierda.
La que tenía el ladrón medía unos 30 centímetros y tenía un gatillo similar al de un magiclick. “No sé si son de venta libre, pero estuve mirando en internet y en Mercado Libre las venden”, confirmó.
Con el paso de los días, la sensación de impotencia persiste. “Lo que más me duele es la saña con la que actuaba este chico, se notaba que estaba nervioso, que era inexperto, si hubiera sido más corpulento, no sé que hubiera pasado”.