Un conflicto fuera de lugar, salvo para sus promotores
Como se advierte a simple vista, la emergencia sanitaria en la que se encuentra inmerso el país desde hace cuatro meses ha dominado la agenda pública y la nómina de preocupaciones de los ciudadanos corrientes en un grado inédito, con la consiguiente postergación de la mayor parte de los conflictos que, aun cuando se reconozcan como de gran importancia para el conjunto de la sociedad o para sectores de ella, no pueden competir en materia de urgencia con la amenaza que representa el Covid-19. En ese marco, la información sobre el bloqueo de centros de distribución de la empresa Mercado Libre por parte del gremio de los Camioneros, materializada durante varias horas el jueves pasado, aparece como impropia del momento que se transita, aunque no de la impronta de sus responsables directos.
El episodio reproduce otros a los que se asistió reiteradamente en los últimos años, consistentes en el bloqueo por parte del sindicato que controlan Hugo Moyano y su hijo Pablo de supermercados con el propósito de obligarlos a aceptar la afiliación a Camioneros de personal de logística de sus depósitos. En ese momento se planteó que independientemente de la cuestión de fondo -es decir, si ese encuadramiento es o no el que corresponde- debía lamentarse el abuso de una metodología extorsiva para imponer una medida que en todo caso debía ser definida en última instancia por la Justicia.
El conflicto de Moyano con Mercado Libre y su dueño, Marcos Galperin, es de la misma naturaleza y lleva más de un año. En él se mezclan, evidentemente, circunstancias políticas, relacionadas con las diferentes inclinaciones partidarias de las dos partes. Pero en cualquier caso, si la actitud de Moyano de resolver las cosas de esa manera, apuntando no sólo contra la patronal sino contra otro gremio al que le disputa sus afiliados, siempre es un factor de perturbación sujeto a controversia, mucho más cuestionable resulta en un momento en que a todos los argentinos se les pide deponer intereses sectoriales en aras del bien común.
En la conferencia de prensa del viernes, posterior al anuncio sobre las nuevas condiciones bajo las cuales se sostendrán las medidas de aislamiento y distanciamiento, consultado por el problema en los depósitos de Mercado Libre, el presidente Alberto Fernández respondió que no estaba demasiado al tanto del tema, pero advirtió que “no es hora de conflictos, ya tenemos demasiados como para sumar nuevos”. Seguramente será ínfimo el sector de la sociedad capaz de discrepar con esta afirmación, aunque cabría preguntarle a su autor si modificó en algo su opinión sobre Moyano, a quien poco tiempo atrás calificó como “dirigente gremial ejemplar” por cómo “cuida a los suyos”.
Desde luego, “cuidar a los suyos” es la función de los gremios en la sociedad, y la Constitución y las leyes les reconocen el derecho de hacerlo a través de medidas de fuerza cuando la negociación no alcanza. Y tampoco se les puede pedir que resignen esta potestad debido a la emergencia en casos apremiantes, como podría ser el de trabajadores que no cobran su salario o que son despedidos ilegalmente. Pero un conflicto de encuadramiento gremial en el que lo que está en juego es quién cobra algunos cientos o miles de cuotas de afiliación no puede servir de excusa para perturbar la distribución de mercadería en un contexto en que la actividad comercial está severamente restringida, ni mucho menos una paz social comprometida por una crisis que para los Moyano -que no casualmente son notorios empresarios además de gremialistas- constituye también una oportunidad.