Río Cuarto
“Muchas veces no tenemos para comer, sufrimos la falta de monte”
Nancy Gutiérrez viajó desde Misión Chaqueña, comunidad wichí de Salta, para estudiar en Córdoba. Analiza la dura realidad en la que se encuentra su familia en su localidad.
Nancy Gutiérrez tiene 28 años y hace 7 dejó su hogar en la comunidad wichí de Misión Chaqueña, en Salta, para venir a la región y estudiar en el Profesorado de Artes Visuales en Laborde. En diálogo con Puntal, comentó los sacrificios que tuvo que hacer para cumplir su sueño y el dolor con el que ve la dura realidad por la que están pasando en sus tierras.
“Viajé a partir de una oportunidad que llegó a mi pueblo, para 23 chicos, de venir a estudiar”, dijo y precisó que del total actualmente sólo mantienen sus estudios ella y dos hombres. “Desde que había terminado la secundaria yo quería seguir estudiando, pero nunca tuve la oportunidad, por cuestiones económicas”, aseguró.
Señaló que fue a partir de un proyecto que era coordinado por Emilio Iosa, de Deuda Interna, junto con el instituto de Laborde. “Yo decidí venir sin saber qué me iba a esperar”, resaltó.
- ¿Ya sabía qué carrera estudiaría cuando vino a la región?
- No, no tenía pensado qué estudiar. Yo sólo anhelaba hacer algo, no sabía nada de arte, ni cómo agarrar pinceles. Entendíamos poco sobre cómo sería la actividad, ni que era una institución privada y que algunos recibirían la beca. Cuando llegué me encontré con un mundo nuevo, logré que me ayudara la directora de la carrera y después conseguí una beca de Pueblos Originarios que entrega la Nación cada 6 meses.
Gran esfuerzo
Nancy indicó que además de esta beca tuvo que esforzarse mucho para mantener el estudio. Vivía en un albergue y debió conseguir trabajo para poder mantener su carrera. “Yo sabía que mi familia no podía ayudarme, no tenía quién me pudiera dar una mano”, sostuvo y recalcó: “Era muy difícil estudiar, en especial la parte emocional, porque me sentía sola”.
Explicó que tuvo que aprender a hablar español porque hasta el momento su lengua era el wichí. Destacó que por ser muy sociable pudo empezar a relacionarse con otras personas y de a poco sentirse más cómoda. “Todo lo que me explicaba la profesora lo escribía en castellano y luego lo traducía a mi idioma en el albergue; eran cosas muy nuevas para mí, como los conceptos de pedagogía”, puntualizó.
- ¿Ha vuelto al Chaco salteño a visitar a su familia?
- Sí, siempre junto el dinero para visitar todos los años. Allá no todos saben que estoy estudiando y todo lo que hago, pero me preguntan sobre el lugar y cómo es el estudio.
- Cuando viaja, ¿da clases a los chicos de la comunidad?
- Sí, en el último viaje hice un taller de arte en una escuela dominical. Siento que los chicos quieren hacer algo en Navidad y no tienen ni para un arbolito, así que los ayudé para que prepararan su pesebre, adaptado a la religión en la que estamos. Los chicos se re enganchan, les encanta pintar, son felices con eso.
- En las últimas semanas se difundió una realidad muy dura en las comunidades wichís, ¿qué sensación le genera esta situación?
- Cada vez que viajo vivo lo mismo que ellos. Estuve con mi prima, que es madre soltera, y lo único que puede darles a sus nenas es la leche o comer lentejas. Acá puedo comer porque tengo trabajo, pero sé lo que le pasa a mi pueblo, a mi familia, y lloro mucho porque sé lo que es. Muchas veces no tenemos para comer, los más grandes tomamos mate todo el día y el resto de la comida es para los niños.
- ¿Reciben ayuda del Estado o de organizaciones sociales?
- Llega mucha ayuda, el problema es que está todo muy mal organizado, se lo quedan los referentes que reciben las donaciones. Hay personas que se quedan todo en sus grupos, sus familias; es algo que está muy mal, debería llegar a todos lo que lo necesitan.
Gutiérrez valora mucho el trabajo que hacen las organizaciones que ayudan a su comunidad y remarcó que la hace “muy feliz” este apoyo.
- ¿Qué sucede con los espacios de monte que han perdido las comunidades? ¿Cuánto los afecta?
- Antes se pescaba y el que lo hacía llevaba a la casa comida siempre, pero ahora ocurre que en muchas oportunidades no puede llevar nada. Lo mismo pasa con la fruta, que ya no es tan sabrosa como antes, está dañada. Sobre la caza, en tanto, antes encontrábamos vizcacha por todos lados, pero ahora ni las encontramos.
Del mismo modo, Gutiérrez manifestó cómo es el vínculo que las comunidades tienen con la naturaleza: “La respetamos mucho, sacamos sólo lo que necesitamos para consumir, no matamos por placer”.
Luis Schlossberg. Redacción Puntal
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“Viajé a partir de una oportunidad que llegó a mi pueblo, para 23 chicos, de venir a estudiar”, dijo y precisó que del total actualmente sólo mantienen sus estudios ella y dos hombres. “Desde que había terminado la secundaria yo quería seguir estudiando, pero nunca tuve la oportunidad, por cuestiones económicas”, aseguró.
Señaló que fue a partir de un proyecto que era coordinado por Emilio Iosa, de Deuda Interna, junto con el instituto de Laborde. “Yo decidí venir sin saber qué me iba a esperar”, resaltó.
- ¿Ya sabía qué carrera estudiaría cuando vino a la región?
- No, no tenía pensado qué estudiar. Yo sólo anhelaba hacer algo, no sabía nada de arte, ni cómo agarrar pinceles. Entendíamos poco sobre cómo sería la actividad, ni que era una institución privada y que algunos recibirían la beca. Cuando llegué me encontré con un mundo nuevo, logré que me ayudara la directora de la carrera y después conseguí una beca de Pueblos Originarios que entrega la Nación cada 6 meses.
Gran esfuerzo
Nancy indicó que además de esta beca tuvo que esforzarse mucho para mantener el estudio. Vivía en un albergue y debió conseguir trabajo para poder mantener su carrera. “Yo sabía que mi familia no podía ayudarme, no tenía quién me pudiera dar una mano”, sostuvo y recalcó: “Era muy difícil estudiar, en especial la parte emocional, porque me sentía sola”.
Explicó que tuvo que aprender a hablar español porque hasta el momento su lengua era el wichí. Destacó que por ser muy sociable pudo empezar a relacionarse con otras personas y de a poco sentirse más cómoda. “Todo lo que me explicaba la profesora lo escribía en castellano y luego lo traducía a mi idioma en el albergue; eran cosas muy nuevas para mí, como los conceptos de pedagogía”, puntualizó.
- ¿Ha vuelto al Chaco salteño a visitar a su familia?
- Sí, siempre junto el dinero para visitar todos los años. Allá no todos saben que estoy estudiando y todo lo que hago, pero me preguntan sobre el lugar y cómo es el estudio.
- Cuando viaja, ¿da clases a los chicos de la comunidad?
- Sí, en el último viaje hice un taller de arte en una escuela dominical. Siento que los chicos quieren hacer algo en Navidad y no tienen ni para un arbolito, así que los ayudé para que prepararan su pesebre, adaptado a la religión en la que estamos. Los chicos se re enganchan, les encanta pintar, son felices con eso.
- En las últimas semanas se difundió una realidad muy dura en las comunidades wichís, ¿qué sensación le genera esta situación?
- Cada vez que viajo vivo lo mismo que ellos. Estuve con mi prima, que es madre soltera, y lo único que puede darles a sus nenas es la leche o comer lentejas. Acá puedo comer porque tengo trabajo, pero sé lo que le pasa a mi pueblo, a mi familia, y lloro mucho porque sé lo que es. Muchas veces no tenemos para comer, los más grandes tomamos mate todo el día y el resto de la comida es para los niños.
- ¿Reciben ayuda del Estado o de organizaciones sociales?
- Llega mucha ayuda, el problema es que está todo muy mal organizado, se lo quedan los referentes que reciben las donaciones. Hay personas que se quedan todo en sus grupos, sus familias; es algo que está muy mal, debería llegar a todos lo que lo necesitan.
Gutiérrez valora mucho el trabajo que hacen las organizaciones que ayudan a su comunidad y remarcó que la hace “muy feliz” este apoyo.
- ¿Qué sucede con los espacios de monte que han perdido las comunidades? ¿Cuánto los afecta?
- Antes se pescaba y el que lo hacía llevaba a la casa comida siempre, pero ahora ocurre que en muchas oportunidades no puede llevar nada. Lo mismo pasa con la fruta, que ya no es tan sabrosa como antes, está dañada. Sobre la caza, en tanto, antes encontrábamos vizcacha por todos lados, pero ahora ni las encontramos.
Del mismo modo, Gutiérrez manifestó cómo es el vínculo que las comunidades tienen con la naturaleza: “La respetamos mucho, sacamos sólo lo que necesitamos para consumir, no matamos por placer”.
Luis Schlossberg. Redacción Puntal
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