Una muerte violenta que revive viejos y perturbadores fantasmas
Dos mil días se cumplirán el próximo viernes de la trágica muerte del fiscal Alberto Nisman, hallado con un disparo en la cabeza horas antes de explicar ante el Congreso la denuncia que había presentado contra Cristina Kirchner por el presunto encubrimiento del atentado perpetrado en la Amia.
Nisman acusó a la actual vicepresidenta, que en ese entonces se desempeñaba como jefa de Estado, y también a otros funcionarios de aquel Gobierno, y la investigación acerca de los motivos de su deceso no arrojó aún precisiones confiables sobre si se trató de un asesinato o de un suicidio, lo que supone otra mácula para la desprestigiada Justicia argentina.
La muerte del fiscal especial de la causa Amia, el 18 de enero de 2015, acrecentó aún más la "grieta" política en la Argentina y significó un cimbronazo para el gobierno kirchnerista, que perdió las elecciones presidenciales de aquel año frente al ex jefe de Gobierno porteño Mauricio Macri.
Dos mil días después de aquel acontecimiento que conmovió a la sociedad nacional, el devenir encuentra a Cristina Kirchner nuevamente en el Gobierno, como número dos del Poder Ejecutivo Nacional, luego de haber designado a dedo a Alberto Fernández como "su" candidato a presidente el año pasado.
En este contexto, el recuerdo de la muerte de Nisman se ha tornado incluso más intenso en las últimas horas, una vez conocida la noticia de la aparición sin vida de Fabián Gutiérrez, un exsecretario personal de la actual jefa del Senado, en la localidad de El Calafate, terruño que ella ha calificado como su “lugar en el mundo”.
Una teoría relámpago
Rápidamente, el juez a cargo de la investigación, Carlos Narvarte, deslizó como hipótesis que se haya tratado de un crimen "pasional", lo que generó revuelo e indignación en un sector de la oposición nacional, por considerar que de esa manera se está poniendo el foco "en la víctima", en lugar de hacer hincapié "en los victimarios".
El cuerpo del exsecretario de la vicepresidenta fue hallado enterrado en el patio de una casa y, más allá de cualquier especulación del magistrado, no se puede soslayar que Gutiérrez, ahora empresario, había declarado como "testigo arrepentido" en el caso de los cuadernos de las coimas.
Bolsos con dinero
Al comparecer ante la Justicia, Gutiérrez habló sobre "bolsos" que llegaban a El Calafate durante el Gobierno kirchnerista, supuestamente cargados de efectivo, y de "espacios destinados a guardar" esos fondos "que eran inaccesibles para todos" y en donde "sólo ingresaba Néstor Kirchner".
Luego de conocerse la noticia de la mañana de ayer, la oposición también cuestionó al Gobierno por no haber garantizado la seguridad de un "imputado colaborador" en la causa de los cuadernos de las coimas como Gutiérrez, que desde su adolescencia y durante largos años mantuvo una estrecha relación con la familia Kirchner.
Además, referentes del arco opositor sembraron dudas sobre la transparencia de la investigación, al señalar que como fiscal se desempeña Natalia Mercado, hija de la gobernadora de Santa Cruz, Alicia Kirchner, y sobrina de la expresidenta: pidieron que la funcionaria judicial sea apartada del caso.
Claramente la muerte de Gutiérrez supone un nuevo frente de tormenta para el Gobierno, en momentos en los que el presidente Fernández debe demostrar que está a la altura de las exigencias del cargo para el que fue designado en plena pandemia de coronavirus.
Cada escollo significa un examen que el jefe de Estado tiene que rendir y de hecho, después de casi siete meses de haber asumido, enfrenta el desafío más importante de su carrera política, como la persona encargada de decidir los pasos que da el país en la lucha contra la epidemia de Covid-19.
Con Cristina Kirchner enfocada en su propia agenda y acusando alegremente al macrismo -la principal fuerza de oposición en la actualidad- de ser una "asociación ilícita", Fernández asume el costo y el desgaste político que implica luchar contra un enemigo invisible que ha puesto a la Argentina, tal como sucedió con otros países del mundo, en una situación sanitaria y económica sin precedentes.
Derrumbe y hartazgo
Mientras el Gobierno se esfuerza para lograr que la sociedad comprenda la importancia de desarrollar una cuarentena "más estricta" en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), por ejemplo, debido al aumento de casos de Covid-19, la actividad económica en abril pasado registró un desplome histórico del 26,4 por ciento, según datos oficiales.
En la Casa Rosada cruzan los dedos a la espera de que las medidas tomadas recientemente sirvan para frenar el incremento de los contagios, en momentos en los que la sociedad demuestra estar cansada de la cuarentena, aunque acepta cumplirla, a regañadientes, después de más de 100 días de aislamiento.
Una vez que el país logre superar la emergencia sanitaria, el Gobierno sabe que tendrá por delante otro desafío mayúsculo: reactivar la actividad comercial y productiva doméstica, que se ha visto devastada en algunos rubros a causa de la pandemia de coronavirus, en especial en lo que se refiere a locales a la calle y pequeñas y medianas empresas.
En lo inmediato, además de la pandemia de Covid-19, Fernández y compañía deberán lidiar también con los fantasmas que genera la muerte de Gutiérrez en Santa Cruz y el recuerdo del fallecimiento de Nisman, justamente en la semana en la que se cumplen dos mil días del trágico deceso del fiscal de la causa Amia.