Opinión
Mujer se nace y se hace
Sandra Ferrero, docente de Apoyo a la Inclusión Sadop Delegación Río Cuarto
“El capital se basa en la reproducción social del trabajo no asalariado, algo que realizan las mujeres: la crianza, la creación de lazos y vínculos sociales y afectivos, los cuidados, la educación de niños y niñas que sustentan la fuerza del trabajo. Así que las relaciones de clase no se forman sólo en la fábrica, se forman en y a través de los espacios de este trabajo reproductivo social. Eso significa que las mujeres son parte integrante de lo que llamamos la clase trabajadora; que no reciban un salario por ello no significa que no estén trabajando” (Nancy Fraser, filósofa).
A lo largo de los años se fue reivindicando y descubriendo a las mujeres en todos sus aspectos, las que habían sido olvidadas a lo largo de la historia, mujeres que hicieron historia, pensadoras, mujeres fuertes, luchadoras, débiles, golpeadas, anuladas, invisibilizadas, con discapacidad, lesbianas, transexuales, bisexuales, mujeres juzgadas, cuestionadas, de otra raza, de otra cultura, por nombrar algunas características, cada una de ellas marcando y generando su propio espacio.
El 8 de marzo de 1908, un hecho doloroso marcó la historia de las mujeres en el ámbito del trabajo y la lucha sindical en el mundo entero: cientos de mujeres murieron en un incendio en la fábrica de Cotton, de Nueva York, en Estados Unidos, quienes tras la declaración de huelga permanecieron en sus lugares de trabajo. Ellas reclamaban, entre sus derechos, la reducción de la jornada de trabajo y un salario igual al que percibían sus compañeros varones, y por supuesto mejorar las condiciones laborales.
Ante este reclamo, el dueño ordenó cerrar las puertas de la fábrica y que abandonaran el lugar; ellas no lo hicieron y como consecuencia, el incendio terminó con la vida de un grupo de mujeres que no dieron marcha atrás, convencidas de que su reclamo serviría a tantas otras mujeres que vivían la misma situación de desigualdad.
Este fue un hecho visible porque se trataba de una destacada fábrica, sin dudas muy reconocida, y de un grupo de valientes que decidieron imponerse, y les costó la vida, pero cuántas otras mujeres no tienen la oportunidad de elegir y decidir, y de la misma manera son anuladas, maltratadas, muertas sin condenar al culpable, encerradas en instituciones por alguna discapacidad o en manicomios. Sin poder decidir, sin poder ser. Hay muchas maneras de matar a una mujer; el maltrato físico deja huellas en el cuerpo, el psicológico en el alma, ambos dejan secuelas irreversibles.
Como sociedad es primordial cuestionarnos cómo educamos para entender que la desigualdad es tema de políticas públicas, un Estado que debe estar presente y atento a las necesidades de un colectivo que aún sigue trabajando día a día para lograr igualdad de oportunidades.
La historia nos muestra que la figura de la mujer se fue transformando y visibilizando, marcando empoderamiento y adquiriendo de esta manera decisión sobre sus propias vidas. No podemos decir lo mismo de las mujeres con discapacidad, que siguen sufriendo doble invisibilización en algunos casos, en todos los espacios, por ser mujer y con discapacidad.
Pero quiero detenerme en las mujeres que aún siguen sin ser escuchadas, valoradas y representadas, sacándolas del silencio que aún las niega. Sin dudas que llegan tiempos de profundas transformaciones con respecto al valor que se le otorga a la mujer en la sociedad. Hoy tenemos la posibilidad de revalorizar a la mujer, no sólo como sostén de hogar y madres sino también en destacados ámbitos como lo son el político, científico, social y económico.
Cada una se fue convirtiendo en lo que pudo ser o en lo que le permitieron ser. Hay aún a quienes no se les permitió elegir; es a ellas a las que quiero dedicar este día, a las mujeres que no pudieron ser, que no son libres, que no pueden gritar y hacer lo que el cuerpo y el derecho les permiten, a las que vivieron situaciones de abuso y discriminación, a las que siguen buscando equiparar derechos civiles y políticos.
Retomo la frase de Nacy Fraser “….. algo que realizan las mujeres: la crianza, la creación de lazos y vínculos sociales y afectivos, los cuidados, la educación de niños y niñas que sustentan la fuerza del trabajo”.
¿Qué pasa con las mujeres con discapacidad que aunque desean poder hacerlo no se les permite?
Mujeres con discapacidad tratadas como angelicales por considerar que la sexualidad sólo está habilitada para cuerpos “deseados”; en esta línea queda al descubierto la idea de la imposibilidad del deseo en las mujeres con discapacidad y en muchas oportunidades esterilizadas sin la posibilidad de elegir o decidir sobre su propio cuerpo.
Siguen teniendo acceso limitado a los servicios de salud, a los espacios laborales, a los espacios políticos y sindicales, y sin dudas con riesgo de sufrir maltrato y violación, vulneradas por sectores que creen tener derechos sobre otros sin tener en cuenta la valoración de los derechos humanos, perjudicando e imposibilitando al otro.
Ningún espacio de asistencia y contención para mujeres con discapacidad, sometida a violencia, está preparado para hacerlo de la manera que algunas lo necesitan, como es en el caso de mujeres sordas, ciegas o con movilidad reducida. Nada está pensado para ellas, ni desde lo arquitectónico ni desde los sistemas de apoyo; aún no son políticas de Estado en todos los ámbitos, como lo son la lengua de señas, el sistema Braille o el sistema de comunicación aumentativo y alternativo.
Tan es así que cuando se realiza la Encuesta Nacional NI UNA MENOS, las mujeres con discapacidad no fueron tomadas en cuenta; niñas, jóvenes y ancianas alojadas en instituciones, privadas de su libertad, en contra de su voluntad, expuestas a diversas formas de violencia. Por eso es que no hay datos estadísticos sobre violencia hacia las mujeres con discapacidad.
Se decide sobre ellas y por ellas.
Hoy, como cada 8 de Marzo, volver a replantearnos como sociedad que la mujer no viene a ocupar el lugar de nadie sino a encontrar y ocupar su lugar, el lugar que como SER humano, quiere SER.
(Datos extraídos del informe elaborado por REDI en agosto de 2016)
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A lo largo de los años se fue reivindicando y descubriendo a las mujeres en todos sus aspectos, las que habían sido olvidadas a lo largo de la historia, mujeres que hicieron historia, pensadoras, mujeres fuertes, luchadoras, débiles, golpeadas, anuladas, invisibilizadas, con discapacidad, lesbianas, transexuales, bisexuales, mujeres juzgadas, cuestionadas, de otra raza, de otra cultura, por nombrar algunas características, cada una de ellas marcando y generando su propio espacio.
El 8 de marzo de 1908, un hecho doloroso marcó la historia de las mujeres en el ámbito del trabajo y la lucha sindical en el mundo entero: cientos de mujeres murieron en un incendio en la fábrica de Cotton, de Nueva York, en Estados Unidos, quienes tras la declaración de huelga permanecieron en sus lugares de trabajo. Ellas reclamaban, entre sus derechos, la reducción de la jornada de trabajo y un salario igual al que percibían sus compañeros varones, y por supuesto mejorar las condiciones laborales.
Ante este reclamo, el dueño ordenó cerrar las puertas de la fábrica y que abandonaran el lugar; ellas no lo hicieron y como consecuencia, el incendio terminó con la vida de un grupo de mujeres que no dieron marcha atrás, convencidas de que su reclamo serviría a tantas otras mujeres que vivían la misma situación de desigualdad.
Este fue un hecho visible porque se trataba de una destacada fábrica, sin dudas muy reconocida, y de un grupo de valientes que decidieron imponerse, y les costó la vida, pero cuántas otras mujeres no tienen la oportunidad de elegir y decidir, y de la misma manera son anuladas, maltratadas, muertas sin condenar al culpable, encerradas en instituciones por alguna discapacidad o en manicomios. Sin poder decidir, sin poder ser. Hay muchas maneras de matar a una mujer; el maltrato físico deja huellas en el cuerpo, el psicológico en el alma, ambos dejan secuelas irreversibles.
Como sociedad es primordial cuestionarnos cómo educamos para entender que la desigualdad es tema de políticas públicas, un Estado que debe estar presente y atento a las necesidades de un colectivo que aún sigue trabajando día a día para lograr igualdad de oportunidades.
La historia nos muestra que la figura de la mujer se fue transformando y visibilizando, marcando empoderamiento y adquiriendo de esta manera decisión sobre sus propias vidas. No podemos decir lo mismo de las mujeres con discapacidad, que siguen sufriendo doble invisibilización en algunos casos, en todos los espacios, por ser mujer y con discapacidad.
Pero quiero detenerme en las mujeres que aún siguen sin ser escuchadas, valoradas y representadas, sacándolas del silencio que aún las niega. Sin dudas que llegan tiempos de profundas transformaciones con respecto al valor que se le otorga a la mujer en la sociedad. Hoy tenemos la posibilidad de revalorizar a la mujer, no sólo como sostén de hogar y madres sino también en destacados ámbitos como lo son el político, científico, social y económico.
Cada una se fue convirtiendo en lo que pudo ser o en lo que le permitieron ser. Hay aún a quienes no se les permitió elegir; es a ellas a las que quiero dedicar este día, a las mujeres que no pudieron ser, que no son libres, que no pueden gritar y hacer lo que el cuerpo y el derecho les permiten, a las que vivieron situaciones de abuso y discriminación, a las que siguen buscando equiparar derechos civiles y políticos.
Retomo la frase de Nacy Fraser “….. algo que realizan las mujeres: la crianza, la creación de lazos y vínculos sociales y afectivos, los cuidados, la educación de niños y niñas que sustentan la fuerza del trabajo”.
¿Qué pasa con las mujeres con discapacidad que aunque desean poder hacerlo no se les permite?
Mujeres con discapacidad tratadas como angelicales por considerar que la sexualidad sólo está habilitada para cuerpos “deseados”; en esta línea queda al descubierto la idea de la imposibilidad del deseo en las mujeres con discapacidad y en muchas oportunidades esterilizadas sin la posibilidad de elegir o decidir sobre su propio cuerpo.
Siguen teniendo acceso limitado a los servicios de salud, a los espacios laborales, a los espacios políticos y sindicales, y sin dudas con riesgo de sufrir maltrato y violación, vulneradas por sectores que creen tener derechos sobre otros sin tener en cuenta la valoración de los derechos humanos, perjudicando e imposibilitando al otro.
Ningún espacio de asistencia y contención para mujeres con discapacidad, sometida a violencia, está preparado para hacerlo de la manera que algunas lo necesitan, como es en el caso de mujeres sordas, ciegas o con movilidad reducida. Nada está pensado para ellas, ni desde lo arquitectónico ni desde los sistemas de apoyo; aún no son políticas de Estado en todos los ámbitos, como lo son la lengua de señas, el sistema Braille o el sistema de comunicación aumentativo y alternativo.
Tan es así que cuando se realiza la Encuesta Nacional NI UNA MENOS, las mujeres con discapacidad no fueron tomadas en cuenta; niñas, jóvenes y ancianas alojadas en instituciones, privadas de su libertad, en contra de su voluntad, expuestas a diversas formas de violencia. Por eso es que no hay datos estadísticos sobre violencia hacia las mujeres con discapacidad.
Se decide sobre ellas y por ellas.
Hoy, como cada 8 de Marzo, volver a replantearnos como sociedad que la mujer no viene a ocupar el lugar de nadie sino a encontrar y ocupar su lugar, el lugar que como SER humano, quiere SER.
(Datos extraídos del informe elaborado por REDI en agosto de 2016)
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