“La emergencia derivada del COVID-19 está provocando impactos específicos sobre las mujeres y profundizando las desigualdades de género existentes, tanto al interior de los hogares como fuera de ellos”. Con esta frase comienza la reciente publicación de la Comisión Interamericana de Mujeres (de la OEA) titulada ‘Covid-19 en la vida de las Mujeres’. Allí se traen a colación las lecciones que han dejado pandemias recientes (Ébola, Zika, SARS) y cómo la incorporación de las necesidades de las mujeres en el abordaje de la emergencia no es una cuestión menor. “Al contrario, no considerar un enfoque de género profundizará las desigualdades con efectos que se prolongarán en el largo plazo y serán difíciles de revertir. Las medidas de confinamiento buscan proteger la salud pública y evitar el colapso de los servicios de salud; sin embargo, su aplicación no es neutra desde el punto de vista de género. Los hogares se han convertido en el espacio donde todo ocurre: el cuidado, la educación de los niños, niñas y adolescentes, la socialización, y el trabajo productivo; lo que ha exacerbado la crisis de los cuidados. Se ha incrementado la carga de trabajo relacionada con el cuidado y la atención a las personas, cuya respuesta debería ser colectiva”, dice la publicación de esta Comisión que es el principal foro generador de políticas hemisféricas para la promoción de los derechos de las mujeres y la igualdad de género.
Responder equitativamente a un incremento en la carga de trabajo es lo que dice el documento, pero también dice, y lo sabemos, que la realidad muestra una distribución que no es equitativa, sino que recae principalmente en las mujeres, y no está valorada ni social ni económicamente.
Y sigue “globalmente, las mujeres son más pobres que los hombres y ya están sintiendo los efectos en el ámbito económico y en el mercado de trabajo, también segmentado por género. Las mujeres representan una gran proporción de la economía informal en todos los países y los datos indican que los sectores de la economía más perjudicados por las medidas de aislamiento social afectan de modo importante a las mujeres. Con independencia del sector, la efectiva participación de las mujeres en el trabajo remunerado que se recupere post COVID-19 será necesario para su empoderamiento económico y para la reactivación económica de los países”.
Victoria Daona es Dra. en ciencias sociales y miembro del Centro de Investigaciones Sociales de Conicet y en diálogo con Rostros y Rastros dijo que “las mujeres en la historia de la humanidad nos hemos encargado de lo que pasa adentro de la casa, fue un claro mandato el de hacernos cargo del cuidado de los hijos, de criarlos, de darles de comer, pero también en los últimos años queremos dedicarnos a nuestra profesión y trabajar fuera de la casa. Sin embargo ahí tenemos, en algunos casos, el mandato de ser exitosas y poder con todo”.
Contar con la posibilidad de trabajar fuera de casa o haber logrado instancias en las que la mujer busca escalar en sus profesiones tiene siempre un techo, más o menos cerca, es ese techo de cristal que vemos romperse de a poco y en pocos casos.
La realidad muestra un hecho certero, y así lo expone Daona. “Una mujer de 35 años con dos hijos tiene un currículum mucho más escaso que el de un hombre de la misma edad con hijos o son hijos, entonces si bien pareciera que tenemos igualdad de condiciones a la hora de conseguir trabajo o de acceder a los cargos, la realidad es que las mujeres que somos madres no lo podemos hacer por el tiempo que demanda la maternidad”.
¿Cómo analizas el rol de la mujer en esta pandemia?
- Lo que siento que nos ha pasado ahora en la cuarentena es que al principio fue una paralización de todo, y en los primeros meses al encontrarnos todos dentro de casa nos dedicamos 100% a las tareas de cuidado. Cuando tuvimos que volver desde el teletrabajo a nuestros trabajos también tuvimos que buscar el tiempo para hacer la tarea de los chicos desde la virtualidad, y casi todo recayó en las mujeres: atender la tarea, acordarnos de cómo eran los horarios y los trabajos que cada una hacía.
La mayoría de las mujeres no queremos dejar de hacer cosas por atender a los chicos y en eso nos sobre exigimos muchísimo para estar al día en todo, quitamos horas de sueño, horas de cuidado a nuestro cuerpo, a nuestro bienestar. La pandemia nos dio la posibilidad de quedarnos en casa para estar con nuestros hijos y nuestras familias pero esa posibilidad implicaba hacernos cargo de millones de tareas que al salir de casa a trabajar las delegábamos en otra persona o en otra institución. Además en esta pandemia tuvimos el cuidado especial de los adultos mayores, no solo en cuanto a salud física sino también emocional.
¿Crees que por quedarnos en casa, la mujer perdió espacios que había ganado?
- La mujer pierde espacios siempre, con pandemia o sin pandemia, porque si se enferma un hijo, quién falta al trabajo, generalmente la mamá, cuando hay paro en la escuela la que se queda con los chicos es la mamá, hay una idea de que los trabajo y los horarios o cargas laborales de los hombres son más importantes. Lamentablemente siempre perdemos espacios en esa competitividad con los hombres, la mujer aprovecha beneficios del Estado por ejemplo ahora con el DNU vigente para poder faltar al trabajo pero lo hace en detrimento de sus propias relaciones laborales. El hombre está más disponible en el trabajo que la mujer que tiene hijos.
Desde la sociología, ¿qué impacto tuvo la pandemia en los vínculos y en las instituciones?
- Si bien ahora ya podemos analizar algunos criterios yo creo que eso lo vamos a ver más adelante. Todo lo que vino para quedarse se va arraigar en un futuro. Lo primero que veo es que esta pandemia vino sin aviso, fue algo que no esperábamos y en lo primero que impactó fue en la institución familiar, y ahí somos las mujeres las que salimos a hacernos cargo de esos cambios y esas modificaciones sin darnos cuenta.
Estar en casa nos permitió alimentar vínculos, y lograr otro contacto con los hijos, sin embargo ahora los chicos se acostumbraron a estar ahí, salir de casa les puede costar mucho a los más chicos. También este impacto de la pandemia en los niños lo vamos a ver más adelante, no solo por crecer con temor a una enfermedad sino además porque se relacionaron con una pantalla y ese fue el único espacio de sociabilidad que tuvieron el año pasado. Son cosas que las estamos empezando a dimensionar.
Más allá de esta situación, la mujer tiene una fortaleza que no cesa
- Para nada, las mujeres nunca nos quedamos, no queremos relegar más lugares, trabajamos cuando se duermen los chicos, dormimos menos, no nos tomamos momentos de recreación, las mujeres nos hacemos cargo de muchos ámbitos. Todas las luchas llevadas adelante por mujeres fueron y son impactantes aun en pandemia, porque tenemos muchos derechos que necesitamos conseguir y siempre son temas que tiene que ver con la familia, con el cuidado, con la igualdad de género y oportunidades en los trabajos. Luchas para que se nos reconozcan igualdades, pero también para que se reconozca esa desigualdad que hay en ‘maternar’ y trabajar y llevar los chicos al médico y lograr acceder a un trabajo en igualdad de condiciones con un hombre.
El trabajo de la Comisión Interamericana de Mujeres es bien interesante y por eso me pareció propicio traer un breve fragmento del apartado ‘La salud de las mujeres’.
“Las políticas deben valorar la sobrecarga de responsabilidades de trabajo productivo y reproductivo y su impacto en la salud física y mental de las mujeres. La carga adicional de trabajo reproductivo que significa balancear el cuidado de niñas/os y otras personas dependientes, la enseñanza, las rutinas de higiene más demandantes, con la atención del trabajo remunerado, pueden provocar y exacerbar problemas de salud física y mental en las mujeres, en un contexto de poco acceso a recursos financieros y de salud para mitigarlos. Los gobiernos deben considerar esta mayor carga de trabajo en los hogares que asumen las mujeres en el diseño de las medidas ante la emergencia”.
Hoy es un nuevo día internacional de la mujer y quisimos desde aquí visibilizar cuán diferentes pueden ser las realidades para cada género. La de la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres ante un mismo puesto para el que ambos están igualmente capacitados, es una de tantas luchas. Hay muchas más. Velar por eso fuera de casa, es tan válido como hacer hacia adentro de cada seno familiar.
Por Fernanda Bireni

