Al grito de "Estados Unidos es el Diablo", miles de personas marcharon ayer por las calles de Bagdad al paso del coche fúnebre que trasladó el cuerpo del poderoso general iraní Qasem Soleimani, asesinado en un ataque aéreo estadounidense en Irak.
La muerte del jefe de la fuerza de elite Quds y líder de la estrategia de seguridad regional en un ataque en las inmediaciones del aeropuerto internacional de la capital iraquí disparó las tensiones en la región y Teherán advirtió que habrá represalias severas.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, argumentó que ordenó el asesinato de Soleimani para evitar una guerra.
Washington afirma, sin presentar evidencias, que Soleimani estaba tramando una serie de ataques que ponían en peligro a las tropas y funcionarios estadounidenses.
En plena tensión, la coalición militar liderada por Estados Unidos en Irak aumentó en las últimas horas las "medidas de defensa y seguridad" de sus bases en el país, a la vez que se enviaron otros 3.000 soldados a la vecina Kuwait.
Soleimani fue el arquitecto de la política regional de Irán de movilizar milicias en Irak, Siria y Líbano, así como también de la estrategia contra el grupo radical Estado Islámico.
Con uniforme militar negro
En la procesión, integrada en su mayoría por hombres con uniforme militar negro, sobresalían las banderas de Irak y de las milicias respaldadas por Irán, cuyos combatientes han demostrado una feroz lealtad a Soleimani y al comandante Abu Mahdi al-Muhandis, que también falleció en el ataque de la madrugada de anteayer.
La procesión comenzó en el santuario Imam Kadhim en Bagdad, uno de los sitios más venerados por los musulmanes chiitas y se dirigió a la ciudad santa de Karbala, en el centro del país.
Los seguidores cantaron consignas en contra de Estados Unidos y de su socio Israel: "Muerte a América, muerte a Israel", coreaban entre lágrimas.
Dos helicópteros sobrevolaron la procesión, a la que asistieron también el primer ministro de Irak, Adel Abdul-Mahdi, y líderes de las milicias leales a Irán.
Ataque a la soberanía
Bagdad, aliada de Washington y de Teherán, calificó el asesinato de Soleimani como un ataque a su soberanía nacional y anunció una sesión de emergencia del Parlamento, en la que se podría votar la expulsión de los 5.200 militares estadounidenses que revisten en el país árabe.
Las puertas de la Zona Verde de Bagdad, que alberga oficinas gubernamentales y sedes diplomáticas, se cerraron para evitar disturbios. Allí se desataron, a principios de la semana, unas violentas protestas frente a la sede de la embajada estadounidense, cuyas puertas fueron cerradas ayer tras la disposición de Washington, que también ordenó a todos los ciudadanos abandonar Irak. Francia y el Reino Unido, aliados militares de Estados Unidos, instaron a sus ciudadanos a limitar o directamente evitar los viajes al país.