Sin embargo, la ausencia de presión en este partido ha sido históricamente aprovechada por los delanteros para engrosar sus cuentas goleadoras y, en ocasiones, alzarse con la Bota de Oro como premio de consolación, como podría suceder con Kylian Mbappé.
Les Bleus eran los máximos candidatos al título, pero se llevaron un golpazo impensado en las semifinales contra España.
El equipo de Luis de la Fuente superó a Francia en todos los sectores de la cancha, lo redujo a su mínima expresión, y con los goles de Mikel Oyarzabal y Pedro Perro dejó a los franceses fuera del Mundial, obligados a disputar el encuentro por el tercer puesto.
Los dirigidos por Didier Deschamps, quien hoy se despedirá de la selección, quieren terminar el torneo con una sonrisa y terminar en el podio por tercera vez consecutiva tras el título en Rusia 2018 y el subcampeonato en Qatar 2022.
Los ingleses también tienen la misma ambición. Un tercer lugar significaría para ellos su mejor resultado en un Mundial en sesenta años y el título ganado en 1966.
Como recuerda la ‘BBC’, las dos finales de consolación anteriores en la Copa del Mundo disputadas por los Tres Leones terminaron en dos derrotas: contra Italia en 1990 y contra Bélgica en 2018.
Este partido de prestigio entre dos naciones, que adoran odiarse mutuamente, es también una última oportunidad para brillar para los suplentes que han tenido poco tiempo de juego durante el torneo.
Tanto Thomas Tuchel como Didier Deschamps podrían sentirse tentados a mantener esta tradición, con el fin de recompensar a unos suplentes ejemplares durante más de un mes y que nunca han dejado entrever sus sentimientos.
A falta de poder presentar un equipo B, los dos seleccionadores podrían simplemente darles una oportunidad a sus suplentes, al tiempo que mantienen un núcleo de jugadores clave para preservar las posibilidades de victoria. Sea o no la final por el tercer lugar, un Francia-Inglaterra hay que ganarlo.
“Hay un partido. Cuando uno lleva esta camiseta, sea cual sea el partido de la selección francesa, nuestro deber a todos es darlo todo el sábado porque es el último de la competencia”, insistió Didier Deschamps en un video publicado el jueves en la cuenta de Instagram de la selección francesa.
Francia formaría hoy con: Mike Maignan; Jules Koundé, Dayot Upamecano, Maxence Lacroix, Lucas Digne; Manu Koné, Adrien Rabiot; Ousmane Dembélé, Michael Olise, Désiré Doué; Kylian Mbappé.
En tanto, Inglaterra alistaría a: Jordan Pickford; Reece James, John Stones, Marc Guéhi, Djed Spence; Declan Rice, Elliott Anderson; Morgan Rogers, Jude Bellingham, Anthony Gordon; Harry Kane.
El árbitro será Jesus Valenzuela (Venezuela).
El encuentro que muchas veces es utilizado para ganar el “Botín de Oro”
En hasta cuatro ocasiones, el partido por el bronce ha definido al máximo goleador de un Mundial. La más reciente fue en 2010, cuando el alemán Thomas Muller marcó un gol en la victoria ante Uruguay (3-2) y se llevó la Bota de Oro por el número de asistencias.
Esta circunstancia también ocurrió en 1938, año en el que el brasileño Leónidas rompió el empate por el premio al máximo goleador con dos tantos en el encuentro por el bronce; en 1990, de la mano del italiano Salvatore Schillaci, y en 1998, gracias al acierto del croata Davor Suker.
Históricamente, el partido por el bronce es un festival de goles.
El récord, difícil de superar, lo dejó Suecia 1958, con un 6-3 entre Francia y Alemania que vio al delantero francés Just Fontaine anotar cuatro goles (de los trece que sumó en ese torneo).
Este encuentro protocolario, que se ha disputado en todas las ediciones del Mundial desde 1934, a excepción de 1950 —una liguilla definió los cuatro primeros puestos—, también dejó el gol más rápido en la historia de los mundiales.
El turco Hakan ükür fue el protagonista al perforar la red de Corea del Sur a los once segundos del inicio del partido, en el Mundial de Corea y Japón 2002.
Más allá de los goles, el encuentro por el bronce suele ser un trámite incómodo para ambos equipos, que ni siquiera han contado con el tiempo necesario para curar las heridas de las semifinales.
"Ninguno de nuestros jugadores, ni los franceses, quiere jugar este partido de consolación", dijo el seleccionador de Inglaterra, Thomas Tuchel, tras caer el miércoles ante Argentina en semifinales.
Esta falta de motivación puede convertirse en un calvario para las selecciones más grandes, que pueden encadenar dos duras derrotas.
El ejemplo más claro es el de Brasil en 2014.
Después de sufrir en casa la mayor derrota de su historia, tras caer por 7-1 ante Alemania, no se rehizo a tiempo y encajó otro contundente 3-0 en el partido por el tercer puesto ante Países Bajos.
Sin embargo, otras selecciones más modestas, como Suecia en 1994 o Croacia en 1998, celebraron la obtención del bronce como un título.
Para tratar de endulzar este partido, la FIFA reparte un premio económico mayor al tercer clasificado, que en 2026 asciende a 30 millones de dólares, solo dos más que los que recibe el cuarto.