El Mundial, el Papa y un manto de piedad a la grieta argentina
Anestesiados por la Copa del Mundo, durante un mes no se hablará de política en el país. Por otro lado, la posible visita de León XIV en noviembre buscará tender puentes de unión en la fragmentada clase dirigente
Faltan apenas 11 días para que comience el Mundial. Casi nada. En un abrir y cerrar de ojos ya se estará viviendo la ceremonia inaugural en todo su esplendor.
Lionel Scaloni, el técnico del seleccionado nacional en quien nadie confiaba y que terminó ganando la Copa de Qatar, dos Copas América y la Finalissima, confirmó la lista de convocados no sin sorpresas: Marcos “Huevo” Acuña no será de la partida.
El Mundial se hará desde el 11 de junio hasta el 19 de julio. Será un mes de fiebre futbolera que invadirá los hogares argentinos aun aquellos que no viven el fútbol con fanatismo y pasión.
Esta realidad que forma parte del ADN argentino impondrá un manto de piedad a la política, más precisamente a la grieta que sigue profundizando la división entre hermanos de un mismo territorio nacional.
Ya lo advirtió hace una semana el gobernador Martín Llaryora en el discurso que pronunció con motivo del 216 aniversario de la Revolución de Mayo, tras declarar a Las Higueras como nueva ciudad de Córdoba, en el marco de un emotivo acto conmemorativo.
“La pelea constante arruina hasta los domingos en familia e impide sostener políticas y objetivos comunes en el tiempo. En este 25 de Mayo, mi mensaje como gobernador es pedir la unidad de los argentinos”, exhortó.
La acentuación de la grieta no conduce a la construcción de una gran Nación. Pese a sus diferencias, los países desarrollados crecieron sobre la base de consensos democráticos.
Y precisamente ése fue el pensamiento de los próceres de Mayo, más allá de las diferencias entre Cornelio Saavedra y Mariano Moreno, al tomar la decisión de independizarse de España.
Todo Mundial viene como anillo al dedo a los gobernantes de turno para adormecer la mediatización de temas que les son negativos.
Según trascendió, la Copa del Mundo es esperada con ansias por el presidente Javier Milei para aplacar los internismos de su propio gobierno.
Treinta días seguidos teniendo a los argentinos pegados a las pantallas de televisión, en forma ininterrumpida, viendo los partidos mundialistas, es un escenario ideal para desviar la atención de la opinión pública de los asuntos que incomodan a los círculos de poder.
Entre otras cosas, significará un gran alivio para el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, uno de los hombres de estrecha confianza de Milei, acorralado por denuncias de presunto enriquecimiento ilícito.
El otro manto de piedad que se extenderá sobre la grieta política argentina, de concretarse, es la posible visita del Papa León XIV al país, para cumplir, de alguna manera, con el deseo inconcluso de su antecesor, Francisco, de venir a su propia Patria.
Por los años eleccionarios o por otras coyunturas adversas, Jorge Bergoglio dilató su desembarco a la Argentina a tal punto que finalmente esa posibilidad no pudo concretarse.
Francisco murió el 21 de abril del 2025 y Robert Prevost quiere hacerse presente en tierra argentina como una forma de saldar esa materia pendiente.
Todavía no se ha confirmado la fecha oficial de la visita, que abarcará también Uruguay y Perú, el país donde León XIV desarrolló su labor pastoral, pero en el Gobierno están entusiasmados con ella.
“Es altamente probable que el papa León XIV venga a la Argentina en noviembre”, dijo Milei al ser consultado sobre la misma.
En torno a esto, se puede decir que las conversaciones se encuentran “muy avanzadas” diplomáticamente hablando.
Desde el punto de vista institucional, sería un hecho histórico que marcaría una nueva etapa en las relaciones bilaterales entre la Argentina y el Vaticano, teniendo en cuenta que la mayoría del pueblo argentino es católico.
El último pontífice que visitó la argentina fue Juan Pablo II en 1987, oportunidad en la que recorrió 10 provincias, entre ellas Córdoba, y pronunció 26 discursos. Pasaron ya 39 años.
Pero en 1982 Karol Wojtila hizo un viaje relámpago de 30 horas, dos días antes de la rendición de las tropas argentinas en Malvinas, en lo que se interpretó como un abrazo al pueblo argentino ante el inminente desenlace de la guerra en el Atlántico Sur.
Siempre la visita de un papa es bienvenida para el pueblo argentino que, en su mayoría, es católico y gran protagonista de hechos de religiosidad popular, como la peregrinación a la Virgen de Luján o, acá mismo, al Cristo de la Buena Muerte, en Reducción.
Para el Gobierno, es una oportunidad para aprovechar el impacto político de su llegada en medio de las expectativas oficiales de un repunte en la economía argentina y de cara a las elecciones presidenciales del 2027.
Por eso, el gobierno mileísta evitó contestarle al arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, cuando éste habló de que “hacen terrorismo de las redes, descalificando y difamando”.
En la homilía del Tedeum, el prelado también pidió que se de deje de “arengar la polarización” en un llamado al diálogo y a la unidad nacional.
Recientemente, León XIV presentó su primera encíclica Magnifica Humanitas que habla sobre la custodia de la persona en tiempos de Inteligencia Artificial, en el contexto de una actualización de la doctrina social de la Iglesia, basada en la Rerum Novarum de León XIII, escrita en tiempos de la Revolución Industrial.
“En dicha encíclica, el Papa vuelve a poner en el centro a las personas que es lo que nosotros estamos haciendo en el gobierno provincial”, aprovechó Llaryora para diferenciarse de la Nación.
El cordobés también está expectante de una eventual visita papal porque una de las provincias elegidas sería Córdoba.
De confirmarse tal desembarco, se cree que Prevost seguramente vendrá con un mensaje de reconciliación nacional, en línea con el Episcopado Argentino.
¿Lo pondrán en práctica los políticos argentinos con miras al año electoral que se avecina?