Opinión | Mundial

La alegría del Mundial que no da la política

¿Por qué la Copa del Mundo actúa como una válvula de escape a los problemas cotidianos? Cada triunfo de la Selección llena de felicidad a la gente pese a que la economía sigue en crisis. El deseo argentino de festejar que encuentra su respuesta en el fútbol

La felicidad de Messi, que contagió al periodista de la foto y a los argentinos.

 

¿Por qué el Mundial actúa como una válvula de escape de los argentinos frente a los graves problemas políticos y económicos que tiene la Argentina?

La pregunta que sobrevuela cada vez que se vive una Copa del Mundo requiere de respuestas sociológicas que nos ayuden a entender el fenómeno mundialista que se da cada cuatro años.

Fiel a su historia, el país cae cíclicamente en sucesivas crisis no sólo políticas sino también económicas. Y, en la actualidad, estos problemas subsisten por la falta de consensos y políticas de Estado.

Sin embargo, se observa que la fiebre mundialista posee ciertos poderes anestésicos sobre la población que vive con fuerte pasión las instancias competitivas del deporte más popular del mundo.

Hinchas invadiendo las calles de cada una de las ciudades del país cada vez que la Selección gana un partido es común en un país futbolero como la Argentina.

Los extranjeros no entienden mucho este fenómeno deportivo que se traspola hacia otras partes del planeta cuando éstas se convierten en sedes mundialistas.

No obstante, se ha percibido en este Mundial, organizado por México, Canadá y Estados Unidos, que el estilo del hincha argentino de alentar al Seleccionado, con pegadizas canciones de cancha, bombos y sobre todo mucha pasión futbolera, ha sido copiado por aficionados de otros países.

Por ejemplo, hemos sido testigos de cómo los japoneses han replicado en esta Copa del Mundo los cánticos argentinos en los estadios mundialistas.

Nada ha cambiado: ni la política se reconcilió con los ciudadanos, ni se solucionaron los problemas económicos de los argentinos.

Pero la alegría es inmensa cada vez que el seleccionado nacional gana un partido y avanza triunfal en el fixture mundialista sorteando fases futbolísticas con el único objetivo de alcanzar la meta final:alzar la Copa Fifa.

Según una encuesta de Giacobbe Consultores, el 46,9% de los consultados asegura que el Mundial lo distrae de sus problemas y el 14,5%, que los hace olvidar de ellos. En cambio, el 37,9% sostiene que el Mundial no consigue hacerlos olvidar sus problemas.

El relevamiento realizado también arroja conclusiones en cuanto al género. Entre los varones, el porcentaje de los que se olvidan de sus penurias llega al 18,7%, casi el doble que entre las mujeres, que es del 10,6%.

Y, en la medición por franja etaria, son los más jóvenes de entre 16 y 30 años los que más lo sienten: el 20,6% afirma olvidar todo, frente al 7,6% de los mayores de 51 años de edad.

En tanto, en relación con la performance de la Selección, el sondeo indica que el 71,5% considera que el equipo de Lionel Messi va a volver a salir campeón.

Sin embargo, ante la pregunta de qué preferirían para los próximos cuatro años, el 48,8% eligió que Argentina mejore económicamente aunque le vaya mal en el Mundial 2026, frente al 44,2% que escogió ser campeón aunque la economía no mejore.

El referente de la sociología del deporte, Pablo Alabarces, quien lleva más de 30 años estudiando fútbol, política y cultura, manifestó: “El Mundial no nos vuelve ni mejores ni peores. Produce una suspensión del tiempo pero no una cancelación”.

Y añadió: “Siguen habiendo problemas sociales. Lo que ocurre es que nuestra atención se concentra en otra cosa”.

“Los políticos creen que durante el Mundial pueden hacer cualquier cosa porque nadie presta atención. Es falso. Está probado sociológicamente que los mundiales no cambian la vida de las comunidades”, sentenció.

“Las marcas que hacen publicidades dicen que somos 47 millones de locos que sólo pensamos en una cosa. Esto es falso porque por un lado hay un porcentaje de la población a la cual el fútbol no le va ni le viene”, opinó el experto.

Aunque aclaró: “Es un porcentaje cada vez menor. Porque el fútbol ha crecido en su capacidad de captar públicos. La mayoría se va sumando de a poco”.

Y acotó: “No es lo mismo el primer partido que los cuartos de final. La intensidad emocional va creciendo a medida que crecen las posibilidades de éxito”.

“Ser campeón del mundo te hace feliz y eso no es poco”, señaló.

En ese sentido, recordó la tercera estrella lograda por la selección nacional: “Fue una felicidad colectiva fantástica. No hay antecedentes de cinco millones de personas reunidas para festejar”.

Para el doctor en Ciencia Política Santiago Polop, “la explicación de este fenómeno tiene que ver con la característica propia del ser humano, que es un ser de pasiones tristes y de pasiones alegres, según decía Baruch Spinoza”.

“Al respecto, como parte de una experiencia del mundo, esas pasiones están todo el tiempo en tensión, no somos ni unas ni las otras. Tenemos etapas o momentos o situaciones o contextos vitales en donde esas pasiones se aceleran, se tramitan o incluso se incitan”, manifestó a Puntal.

“Por ejemplo, podríamos decir que los discursos fascistas aceleran las pasiones de odio. Pero el asunto es que el hombre no puede vivir todo el tiempo bajo esas pasiones, porque negaría su otra dimensión. Por algún lado encuentra la pasión alegre”, indicó.

“Pero la explicación de la alegría en el deporte es parte de abrazar algún festejo en un marco de tiempo que no abona ninguna otra celebración en contextos de la gran mayoría de la población precarizada, agotada, menospreciada y violentada. Un estandarte que, por lo menos, permite darle salida a esas pasiones tan humanas como son la necesidad de la alegría”, explicó el profesional.

Y agregó: “Además, el show que se monta desde los mundiales sirve para tapar escenarios de sufrimiento y de crueldad”.

En conclusión, podemos decir que el ser humano vive en permanente tensión por los problemas de la vida cotidiana y por eso busca momentos de alegría, como el festejo deportivo, que le permite canalizar colectivamente la necesidad de celebración, especialmente en coyunturas de crisis.

Y precisamente el Mundial es la salida perfecta para descomprimir las presiones que se viven a diario, como por ejemplo cuando no se llega a fin de mes.

O también para desviar la atención sobre hechos de corrupción o coyunturas económicas que se complican, para el caso de los gobernantes, aunque dicha fórmula no siempre suele funcionar.