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"La satisfacción más grande que tuve fue haber estado al lado de Maradona"

Miguel Di Lorenzo, más conocido como Galíndez, dejó detalles y anécdotas increíbles en Puntal AM: de su relación con Diego, quien lo llevó a vivir a Barcelona, de Bilardo y hasta alguna pelea con un famoso arquero.

Cualquier mes de junio es nostalgia mundialística pura, por donde lo miremos vamos a arribar a esa conclusión. Claro está que para los futboleros todo se exacerba aún más. De repente quienes estamos transitando los treinta y algo nos topamos con México 86, con Italia 90, con USA 94 y así hasta el fracaso de Rusia 2018. Los más veteranos recordarán la gesta del 78, la desilusión de España 82, para citar un ejemplo.

Para muchos, la vida es eso que pasa entre mundial y mundial y es ahí cuando la nostalgia comienza a aflorar, cuando la década del ochenta y principios de los noventa el nombre de Carlos Salvador Bilardo pasaba de la hoguera al olimpo, para todos los tiempos. De las críticas acerrimas y exageradas hasta el pedido de perdón de los medios que no habían bancado su estadía. Hasta el gobierno alfonsinista quiso tomar partido por algo que no le correspondía. Tal fue la situación de dramática previa a México 86, que después del partido amistoso en Barranquilla contra el Junior no se disputó el siguiente cotejo para no agravar el delicado panorama.

La historia siguiente es conocida y feliz y para muchos argentinos inolvidable. Por lo que pasó un día como ayer 22 de junio con los goles de Diego a Inglaterra, pasando por el 29 que será el 34° aniversario del título, de aquella épica final contra Alemania Federal dirigida por Franz Beckembauer.

En ese proceso de selección hubo alguien que siempre estuvo, no sólo cumpliendo su rol laboral como masajista y fisioterapeuta, sino también como parte fundamental del espíritu del equipo, de hacer reír, de descomprimir momentos y mucho más. Miguel Di Lorenzo, conocido por todo el mundo del fútbol como Galíndez, es parte de esa rica historia. Alguien de un origen muy humilde, que perdió a su mamá a los tres cuando ella tenía veintisiete y que prácticamente tuvo que criarse solo, porque su padre, un inmigrante italiano, tenía que trabajar para alimentar a su familia. Su primer contacto con el fútbol fue en Boca Juniors en los 70 para luego recibir el llamado del propio Maradona, para que sea su fisioterapeuta personal en Barcelona, junto con el Profe Fernando Signorini. Galíndez, quien habló en Puntal AM, así recuerda su tiempo con Diego: “Yo conviví con Diego, viví en Barcelona, en Nápoles, estudié de fisioterapeuta y esa fue la carrera que hice. Gracias a Dios que pude llegar. Y para estar en la selección argentina, el Doctor Madero me tomó ocho exámenes, no eran fáciles, ahí ya tenés que saber cómo tiene que ser una recuperación y todas esas cosas. La satisfacción más grande que yo tuve fue estar al lado de él y siempre con una sonrisa, en una selección nunca tenés que estar enojado, siempre tenés que estar con la chispa, ‘bien enchispado’, decía Bilardo, si no perdés. Así fue que se dio el campeonato del mundo”.

Estamos a 30 años de Italia 1990, de toda la historia conocida, de un Mundial con jornada doble para Galíndez por atender a muchos lesionados: “Estuvimos todo el Mundial con el tobillo de Diego, fue tal la inflamación y llegó muy justo al partido con Camerún. Recibió ocho infiltraciones en el tobillo, además teníamos ocho jugadores lesionados, te podés imaginar que llegamos con lo justo. Ruggeri con pubalgia y tendinitis, Diego con el tobillo, Caniggia, Giusti, Batista y Olarticoechea suspendidos sin poder jugar la final. Bilardo tuvo que armar un equipo con lo que había, te podés imaginar que fue una cosa terrorífica ese Mundial”.

Antes de la final que dejó las cuatro suspensiones (Giusti, Olarticoechea, Batista y Caniggia) Galíndez tuvo un intercambio de insultos con el mismísimo Walter Zenga en la tanda de penales antes que Diego patee, asi lo recuerda: “Yo me salgo del banco y estaba Walter Zenga (arquero italiano, jugaba en Inter) y lo insulto en italiano (emula Galíndez los insultos que se propinaban con Zenga). Diego pateó el penal, lo hizo y me abrazó a mí y Zenga quedó muy enojado. En ese Mundial todo lo hicimos con sangre, sudor y espíritu para bien de los argentinos, después cuando llegamos al país fue terrorífico, no podíamos llegar a la casa de gobierno”.

Son anécdotas e historias que deja una Copa del Mundo, para el propio Galíndez, lo de Branco no existió (el bindón contaminado que tomó el lateral brasileño proporcionado por el mismísimo masajista) y el gol de Maradona no fue con la mano en México.

Historias de un pesonaje como sólo el fútbol puede dar, en tiempos de cuarentena, Galíndez se siente solo, sin poder salir. En 2003 para una nota que brindó al El Gráfico declaró sentirse un “payaso triste”, al margen de eso, fue una persona de importancia, por su trabajo, por su confianza de parte de los jugadores. Confianza que trascendió la figura de Bilardo, para trabajar también en el ciclo de Alfio Basile rumbo a USA 94.

De hecho, el último título en mayores, la Copa América de Ecuador 1993 fue con el propio Miguel Di Lorenzo como parte de un equipo que ponía proa a Estados Unidos.