La Casa de la Comandancia, clave en la historia de los militares en Río Cuarto
En el marco de los 40 años del Museo Histórico Regional, el coordinador del Archivo Histórico Municipal, Omar Isaguirre, brindará hoy (a las 17 horas) una conferencia bajo el título “La Casa de la Comandancia proyectada en el tiempo”, en alusión al organismo que durante años funcionó en el antiguo edificio de Alvear y Fotheringham.
En diálogo con Puntal, Isaguirre comentó que allí se reunieron, planificaron y vivieron las más importantes presencias militares que hubo en Río Cuarto.
-¿Qué importancia tuvo la Casa de la Comandancia para Río Cuarto?
-Fueron aquellos tiempos, de ominosa soledad y olvido para la Villa de la Concepción de Río Cuarto. El establecimiento de la Frontera Sur de Córdoba y la creación de la Comandancia por parte del gobierno nacional, se diría que reubicaron en el mapa del país a nuestra región. Fue una necesidad de estrategia militar, básicamente. La llegada y radicación del coronel Lucio V. Mansilla, sumadas a la célebre excursión de 1870 y los acuerdos logrados con la Nación Ranquel, pusieron en trance de una nueva era de crecimiento a la población de Río Cuarto y a su entorno, con mucho de sufrimiento, tragedia y constancia.
-¿Qué funcionó concretamente en ese lugar?
-Fue la sede administrativa de aquella Comandancia. No el cuartel militar ni las barracas de las tropas, que estaban en otro lugar, al sur de la Villa. A la vez, fue la residencia habitual del jefe, a partir de que la casa fuera alquilada por el Estado, en 1868, para semejante finalidad. Se trataba de una propiedad construida sobre un gran baldío, cinco años antes. Mucho más modesta que lo que hoy observamos. No obstante, las más importantes presencias militares que hubo en Río Cuarto se reunieron, planificaron o vivieron allí, por casos: Roca, Racedo, Baigorria, entre otros muchos, hasta que pasó a poder los Ordóñez-Fotheringham como casa familiar.
-¿Por qué se la definió como el espacio para acoger al Museo Histórico?
-La idea de un Museo Histórico para Río Cuarto es de vieja data, con suerte adversa. Ya en 1945 hubo un proyecto sobre idea de don Alfredo Vitulo, sin prosperar. Después, el Museo construido en el Colegio Nacional naufragó con ignominia en 1955. Hasta que, en 1963, sobre un sueño de don José Bozzano y su colección arqueológica personal, fue establecido en Trapalanda. La creación de la Junta de Historia, en 1966, trajo consigo gestiones lentas e intensas para conseguir el reconocimiento de la vieja casona militar como el lugar apropiado. Más de una década hasta comenzar los trabajos y una verdadera épica lograrlo.
-¿Es el edificio más antiguo que queda en pie en la ciudad?
-Así está considerado. De sus cimientos de 1866, algunos cuartos permanecen y la gran reforma estética de los Fotheringham de 1911, sobrevivieron a duras penas. Esos muros fueron recuperados y restaurados hasta llegar a la inauguración del Museo en 1981, hace cuarenta años apenas. Empero, es una larga historia propia.
-¿Qué opinión le merece la propuesta del Museo, que está cumpliendo 40 años?
-Estimo que con mucha nobleza ha cumplido y prosigue su cometido de mostrar y enriquecer su valioso patrimonio. La casa del Museo Regional fue y es un referente de nuestro espacio común. Es lo que fue y lo que tenemos, sin desnaturalizarla. La casona ha sobrellevado las contradicciones que se generan con los acontecimientos históricos y las distintas miradas sobre hechos que nadie puede, ni debe, negar u ocultar que sucedieron. Cambiarle el sentido no llevaría a preservar la verdad para los tiempos.